El primer par de tenis que realmente amé
Runner's World México|Febrero 2019
El primer par de tenis que realmente amé

Me dieron récords personales, podios, trabajo y realmente me ayudaron a sanar de mi más grande pérdida.

Por Amanda Furrer. Fotografías de Cole Wilson

ENCONTRAR EL PAR DE TENIS PERFECTO PARA CORRER ES LO MÁS CERCANO QUE TENDREMOS EN LA VIDA REAL DE LA MAGIA. LOS ESTABLECIMENTOS DE tenis son para nosotros la tienda de varitas mágicas de Ollivanders de nuestras vidas mundanas como muggles. Después de todo, este calzado se convierte en una extensión de nuestros cuerpos.

¿Cómo podría explicarles esa sensación que tenemos cuando unos tenis para correr nos encantan? Soy editora de pruebas en Runner's World, mi trabajo consiste en revisar y explicar las cualidades de los mismos. Pero esa magia en particular desafía cualquier explicación. Podría ser el ajuste o la sensación, o tal vez la superstición, pero a veces simplemente sabes que te acompañarán a través de cualquier kilometraje que tengas por delante. Los primeros de los que realmente me enamoré fueron los Brooks PureFlow, ligeros y elegantes, son el tipo de tenis que hace que la gente te felicite cuando abordas la Línea Verde después del Maratón de Boston, a pesar de que el resto de ti se ve en un estado lamentable. Con los PureFlow sentí que podía volar. Los tenis incluso me ayudaron a conseguir el empleo de mis sueños. En mi aplicación para Runner´s World, necesitaba revisar las características de un par de ellos y no tenía ni la menor duda de cuáles utilizaría.

Mi devoción comenzó a principios de 2017, cuando los PureFlow 4 me ayudaron a obtener el segundo lugar en el Maratón de Ocala en Florida. Ese podio fue el primero de una serie de cambios sorprendentes en mi vida. Trabajar en Runner´s World, parecía un sueño imposible en aquel entonces, habían aceptado mis propuestas de freelance. Me faltaba un semestre para terminar mi maestría en Periodismo en la Universidad de Nueva York y estaba programada para realizar una pasantía en Salud de la Mujer. Mientras tanto, estaba entrenando para mi quinto maratón de Boston consecutivo, saliendo con amigos y comiendo más guacamole y margaritas de los que cualquier ser humano merece.

Sonará a una locura, pero por un momento sentí una molesta sensación de que las cosas iban demasiado bien. Aunque no podía quitar este sentimiento inexplicable de miedo.

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Febrero 2019