Una línea en las montañas
National Geographic en Español|Marzo 2021
Un pequeño cambio en una mapa hecho por una agencia gubernamental de Estados Unidos llevó a India y Pakistán a una guerra en el campo de batalla más alto del mundo. Quién hizo este cambio y por qué ha sido un misterio… hasta ahora
Por Freddie Wilkinson. Fotografía de Cory Richards

[FOTO ANTERIOR] Soldados asignados a la Brigada 62 del Ejército de Pakistán hacen una pausa bajo las torres Trango, al final del glaciar Baltoro. “Es un terreno difícil –acepta uno–, pero debemos defender cada pulgada de nuestra madre patria”.

Soldados pakistanís descargan un helicóptero Mi-17 en un puesto administrativo de Paiju. Suministros vitales van desde barriles de combustible para avión y varillas hasta huevos. Para las tropas desplegadas en ambos lados de las montañas Saltoro, los helicópteros son líneas de vida: “Ángeles del cielo”, según un oficial.

En el campo de tiro de Sarfaranga, a las afueras de Skardu, soldados pakistanís limpian sus fusiles y comen plátanos durante una sesión de entrenamiento.

El mayor Abdul Bilal, del Grupo Especial de Servicios de Pakistán, se apiñó con su equipo bajo una saliente de roca, muy adentro de la cordillera del Karakórum. Era 30 abril de 1989 y una tormenta de nieve al final de la tarde cayó sobre los 11 hombres que respiraban con dificultad el aire enrarecido a más de 6 500 metros sobre el nivel del mar. A primera vista podían parecer montañistas, excepto por las chamarras blancas de camuflaje que vestían y las armas automáticas colgadas al hombro.

De hecho, los montañistas hubieran estado celosos de este mirador que ofrecía un panorama de algunas de las montañas más colosales del orbe. La silueta del K2, el segundo punto más alto del planeta, se erigía sobre el horizonte, 80 kilómetros al noroeste. Pero la mayoría de los picos gélidos permanecía sin escalarse ni nombrarse, identificada en los mapas solo por el número que corresponde a sus altitudes.

Escalar hasta su posición en este pico, marcado como 22 158, habría requerido ascender por una pared de hielo y roca repleta de avalanchas. Cuatro hombres murieron intentándolo. En vez de eso, el equipo de Bilal fue llevado en helicóptero. Uno a uno los hombres tiraron cuerdas mientras las aeronaves luchaban por mantenerse en un aire ralo con temperaturas bajocero. Dejados a 450 metros de la cima, el equipo pasó una semana anclando cuerdas y explorando el terreno sobre ellos en preparación para este momento decisivo.

Algunos hombres sugirieron encordarse por seguridad. “Si te encuerdas y alguno de nosotros es herido, todos caeremos –les explicó Bilal–. Utilicen crampones pero no cuerdas”. Hicieron una revisión final para asegurarse de que las partes móviles de sus armas no se habían congelado. Entonces, justo antes del atardecer, con un viento que aullaba a sus espaldas, Bilal dirigió al equipo formado en fila mientras escalaban por una cornisa hacia la cima.

De pronto, las pieles oscuras y quemadas de dos guardias indios miraron hacia abajo desde una npared de nieve construida como parte de un puesto de observación improvisado. Bilal les gritó en urdu: “Están rodeados por soldados de la Armada de Pakistán, arrojen sus armas”.

Los indios se escondieron tras la pared de nieve. Bilal continuó: “El Ejército de India va a hacer que los maten al enviarlos aquí”. Entonces escucharon el sonido distintivo de doble clic del corte de cartucho de un AK-47.

Las cuerdas mantienen los equipos seguros al cruzar ciertos tipos de terreno. Soldados de la Brigada 323 pakistaní se han encordado para disminuir la posibilidad de perderse en abismos mientras cruzan el glaciar Gyong, a 5 300 metros. Muchas grietas llevan los nombres de los soldados que han muerto en sus profundidades.

Nota del editor: National Geographic pidió permiso al ejército indio para que nuestro escritor y fotógrafo visitaran la parte del glaciar Siachen que controla India. La petición fue declinada.

“No éramos asesinos despiadados –cuenta Bilal tres décadas después, al recordar la historia en su hogar de Rawalpindi–. Solo queríamos conservar nuestro territorio. Lo defenderíamos a cualquier costo... era nuestro deber patriótico”. Él está seguro de que los indios dispararon primero. Bilal y sus hombres repelieron el fuego. La nieve y el aire enrarecido atenuaron el ruido de los disparos y uno de los indios cayó.

Los pakistanís cesaron fuego y Bilal le grito al otro indio: “Abandona este lugar... No vamos a tomarte prisionero y no te dispararemos por la espalda”. El soldado indio se puso de pie y Bilal lo vio alejarse con dificultad, jadeando hasta que desapareció en la niebla.

Pocos fuera de Pakistán o India se enteraron. Aun así, la Batalla del pico 22 158 ostenta un honor macabro: es el campo de batalla letal a mayor altitud jamás registrado.

Una mañana prístina, 28 años después, el fotógrafo Cory Richards y yo arrastrábamos los pies en la nieve pisoteada de un helipuerto, a unos siete kilómetros del sitio donde ocurrió el combate. Como montañistas profesionales, ambos habíamos escalado picos en Karakórum y entendíamos el esfuerzo y habilidades requeridas tan solo para sobrevivir aquí.

Durante más de tres décadas, India y Pakistán han enviado soldados jóvenes a este ambiente duro, donde permanecen por meses vigilando una naturaleza inhabitada y remota. Los observadores comenzaron a referirse a la confrontación como el conflicto del glaciar Siachen, por la monumental capa de hielo que domina el paisaje donde confluyen las fronteras en disputa de Pakistán, India y China.

Desde 1984, ambos bandos han sufrido miles de bajas. En 2003 se acordó un cese al fuego, pero cada año docenas de soldados todavía mueren aquí por deslaves, avalanchas, choque de helicópteros, mal de montaña, embolias y otras causas. Sin embargo, cada año soldados pakistanís e indios se ofrecen como voluntarios entusiastas para servir aquí. “Se ve como la mayor insignia de honor”, me dijo un funcionario paquistaní.

Se han escrito repisas enteras de libros, artículos e investigaciones académicas del conflicto, con autores que hacen hincapié sobre el absurdo de dos ejércitos que se enfrentan por un territorio inservible. La afirmación general es que son dos enemigos tercos y cegados por el odio que llegarán a cualquier extremo para enfrentarse, una idea concretada por Stephen P. Cohen, un analista en la Institución Brookings que resumió el conflicto de manera estupenda como “la lucha de dos calvos por un peine”.

Pero las circunstancias que llevaron a dos calvos a empezar la pelea nunca se han explicado en su totalidad. He pasado años tras la huella de documentos que hace poco fueron desclasificados y he entrevistado funcionarios, académicos y personal militar en India, Pakistán y Estados Unidos para tratar de desenredar un oscuro pero importante misterio en la saga de Siachen. Y ahora, Cory y yo hemos venido a Pakistán para ver de primera mano las consecuencias de lo que puede ocurrir por el aparentemente simple acto de trazar una línea en un mapa.

DURANTE TRES DÉCADAS, INDIA Y PAKISTÁN HAN ENVIADO SOLDADOS JÓVENES A ESTE AMBIENTE DURO, DONDE PERMANECEN POR MESES VIGILANDO UNA NATURALEZA INHABITADA.

EL GEÓGRAFO

El 27 de junio de 1968, 21 años antes de que Bilal guiara a su equipo al pico 22 158, el aerograma A-1245 fue enviado a la Oficina del Geógrafo, una unidad poco conocida y enterrada en la laberíntica Oficina Central del Departamento de Estado de Estados Unidos, en la C Street de Washington D. C. Con el tiempo aterrizó en el escritorio de geógrafo asistente Robert D. Hodgson, de 45 años.

Firmada por William Weathersby, encargado de negocios en la embajada de Estados Unidos en Nueva Delhi, la carta comenzaba: “En varias ocasiones... el Gobierno de India ha protestado de manera formal ante la embajada por los mapas del gobierno de Estados Unidos que fueron distribuidos en India y muestran el estatus de Cachemira como ‘en disputa’ o de alguna manera separada de India”. Cerraba con una petición de orientación sobre cómo representar las fronteras indias en los mapas estadounidenses.

Para India y Pakistán, naciones nacidas del derramamiento de sangre que acompañó a la partición de India –nombre oficial para la disolución y subdivisión del Raj británico– los mapas eran una cuestión de identidad nacional, pero para Hodgson y el personal era un asunto profesional.

Un partido de cricket brinda una dosis de ligereza y ejercicio a los hombres del Regimiento de Punjab, del ejército pakistaní, en Gora I, un puesto administrativo a casi 4 200 metros junto al glaciar Baltoro. Masherbrum, un pico de 7 821 metros y parte de la cordillera del Karakórum, brilla a la distancia bajo un manto de nieve y hielo.

Cada año, el gobierno estadounidense publicaba miles de mapas (muchos estiman que era el mayor editor de mapas en el globo). La responsabilidad de representar las fronteras políticas internacionales cayó en la Oficina del Geógrafo.

Esta misión dio a la oficina una influencia considerable sobre secciones de peso del gobierno estadounidense, que incluían al Departamento de Defensa y la CIA. La oficina era la última autoridad para representar el posicionamiento de las fronteras políticas mundiales en cuanto a las políticas oficiales de Estados Unidos, lo que ayudó a formar la manera en que otras naciones las veían. También significó que, entre las 325 fronteras terrestres de países que Estados Unidos reconocía, la controversia cartográfica más espinosa cayó sobre Hodgson y sus colegas cartógrafos. Resolver estos problemas requería un sentido de precisión topográfico y una aproximación académica para la investigación.

El término es “recuperar fronteras”, explica Dave Linthicum, un hombre vivaz y barbado que se acaba de retirar luego de 30 años como cartógrafo de la CIA y la Oficina del Cartógrafo. “No nos inventamos las líneas, recuperamos las fronteras de donde fueron establecidas en 1870, 1910 o cuando sea con estos mapas y tratados antiguos”.

Hoy día, Linthicum y sus contemporáneos pasan gran parte del trabajo analizando imágenes satelitales de alta definición. En comparación, Hodgson, exmarine herido al combatir en Okinawa, comenzó su carrera “persiguiendo mapas” para el Departamento de Estado mientras estaba en Alemania, de 1951 a 1957. Perseguir mapas consistía en conducir a los magistrados locales, manosear archivos y mapas de papel mohosos, y verificar de manera física la ubicación de pueblos y referencias geográficas en campo. En los primeros días de la Guerra Fría, un error cartográfico podría haber tenido consecuencias cataclísmicas. Ante un posible conflicto, los aviones estadounidenses podrían ser enviados a bombardear el pueblo o quizá el país equivocado si el mapa estaba desviado unos kilómetros o una ligera variante de un nombre se había utilizado.

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