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El perfume que Michelle Pfeiffer tardó 20 años en crear
Quería que la industria de las fragancias fuera más transparente, y se topó con una negativa. Así que la actriz tomó las riendas del asunto, lidió con el rechazo y creó Henry Rose.
Por Jason Feifer

Cuando Michelle Pfeiffer llama a alguien, generalmente le responden. Es el beneficio de ser una celebridad. Y así lo hizo por muchos años: cuando quería resolver un problema, asumía que la solución sería así de simple. “Hice lo que tradicionalmente hacen muchas celebridades, porque eso era realmente lo único que sabía”, cuenta.

Quería que una compañía de fragancias finas creara un producto “transparente”, es decir, un perfume o colonia que enumera todos los ingredientes, tal como lo encontrarías al costado de tu caja de cereal. No existía algo igual, así que pensó que tal vez era porque nadie —como ella— lo había solicitado. Comenzó a buscar a las principales marcas de cosméticos (las que encontrarías en Macy’s) y les ofreció sus servicios: si hicieran una fragancia transparente, ella le pondría su nombre.

Todos dijeron que no. “No estaban dispuestos a ser 100% transparentes”, recuerda Michelle. El imparable poder de una estrella de cine se había encontrado con el objeto inamovible: el mayor secreto de la industria de las fragancias.

Pfeiffer nunca quiso realmente comenzar un negocio. Había logrado mucho como actriz y una nueva carrera no estaba en su lista de deseos, pero ahora se enfrentaba al tipo de encrucijada que crea empresarios: si algo no existe en el mundo, hay un problema a resolver. Y solo hay una forma de resolverlo. “Tendré que hacerlo yo misma y construir una empresa”, pensó.

“Espero que te des cuenta en lo que te estás metiendo”, recuerda que una amiga le dijo. “¿Realmente lo quieres hacer?”, le preguntó. Pero en 2011, Pfeiffer estaba llena de optimismo y no se dio cuenta en lo que se estaba metiendo: años de rechazo, sociedades fallidas y más reuniones de las que puede contar dentro de una industria que no tenía interés en el cambio. “Si hubiera sabido lo difícil que era, no estoy segura de que lo habría hecho”, admite.

Sin embargo, lo hizo. Creó la marca de fragancias finas neutrales al género llamada Henry Rose, que en abril lanzó sus primeros productos y marcó algunas novedades históricas para la industria.

Pfeiffer, con su socia y CEO, Melina Polly.

Henry Rose es la primera compañía de fragancias finas en revelar todos sus ingredientes y la primera en obtener las certificaciones ambientales y de seguridad de dos organizaciones líderes. Y aunque Pfeiffer ha llegado a la culminación de un proceso que se prolongó durante 20 años, sabe que no es el momento de mostrarse engreída. “El lanzamiento, en realidad, no es el final. Es sólo el principio”, admite.

EN EL AGUJERO DEL CONEJO

“Comencé a prestar más atención a los productos a los que me estaba exponiéndo y a los que exponía a mis hijos”, dice. Lo que comieron, el shampoo que usaron, los perfumes que rocieron en sus cuerpos. Casi al mismo tiempo, tanto su padre como su mejor amiga fueron diagnosticados con cáncer, lo que incrementó su preocupación. “Comencé a buscar productos que fueran más saludables”, cuenta.

Esto ocurrió a finales de la década de 1990, y no fue fácil. Los consumidores no hablaban mucho de seguridad, y tampoco las empresas. Michelle descubrió una organización de defensa llamada Environmental Working Group (EWG), que tenía un sitio web, Skin Deep, que clasifica los productos cosméticos según la seguridad de sus ingredientes. “Y me metí al agujero del conejo”, recuerda.

La actriz se horrorizó al descubrir que las fragancias finas tenían una baja calificación, no necesariamente porque eran peligrosas, sino porque sus creadores no revelarían lo que contenían. Ante la falta de información, dejó de usar perfume.

Pasaron los años. Michelle siguió investigando y pensando, y alrededor del año 2009 comenzó a ver un cambio cultural. Más gente hablaba de la seguridad de los productos. Así que hizo esas primeras llamadas a las marcas de fragancias, ofreciendo respaldar un producto transparente. Cuando todos dijeron no, se acercó a un grupo ambiental, pensando que desarrollaría con ella al menos una línea. Pero EWG se centró en cambiar la política gubernamental. No funcionaba con las empresas. Y una vez más vino el rechazo.

Michelle se desanimó, pero no perdió su voluntad. Si hay algo que Hollywood enseña, incluso a las leyendas, es cómo lidiar con el rechazo. “Nunca puedes ponerte demasiado cómoda”, reconoce. “No importa lo famoso o exitoso que seas. Lo que crees que puede ser tu último trabajo realmente puede serlo. Entonces aprendes a vivir con esa incertidumbre.” He desarrollado una estrategia para lidiar con esto: “Mantenerme ocupada”, dice.

Fue justo lo que hizo. Se reunió con cualquier persona que tuviera conocimiento sobre la industria, y cada uno de esos encuentros dio lugar a una nueva presentación. “Esto se prolongó durante años”, dice.

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Septiembre 2019