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Un elixir ancestral
Selecciones Reader´s Digest
|Marzo 2022
Solo dos monjes conocen la receta completa del Chartreuse, una tradición que se mantiene inalterable con el paso del tiempo
Monjes, alrededor de 1953, recolectando hierbas para la preparación del Chartreuse.
CUANDO EL MUNDO se vio forzado al encierro por la pandemia, para los monjes de Chartreuse se trató solo de otra marca en su récord de 938 años de aislamiento autoimpuesto.

Los hermanos Chartreux, una congregación cristiana conocida también como Orden de los Cartujos, llevan una forma de vida profundamente austera cerca de Grenoble, en los Alpes franceses occidentales, y mantienen costumbres que apenas han cambiado desde la fundación de la orden. Los monjes pasan el día en soledad, rezan por la humanidad y escuchan a Dios en el silencio que los rodea. Su alimentación consiste en comidas frugales, como pan, queso, huevos, frutas, verduras, frutos secos y pescado, que llegan hasta sus recintos individuales a través de un cubículo. Salvo muy pocas excepciones, los monjes no acceden a los recintos de otros monjes y muy rara vez interactúan entre ellos, excepto durante los servicios religiosos que se realizan durante el día y a medianoche y donde no se permiten instrumentos musicales. Una vez a la semana, dan un paseo por parejas a través de los bosques que rodean el monasterio.
Este estilo de vida ha sobrevivido a siglos de disturbios, avalanchas, derrumbes, incendios, guerras religiosas, saqueos, desalojos y exilio, ocupación militar o la mismísima Revolución Francesa y sí, también plagas. Durante estos períodos, los cartujos se mantuvieron aferrados a su lema medieval:
Denne historien er fra Marzo 2022-utgaven av Selecciones Reader´s Digest.
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