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MI PRIMER PERRO

Selecciones Reader´s Digest Spain

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Abril 2023

Adoptar un perro a los 60 años nunca entró en mis planes. Pero lo cambió todo

- Rona Maynard

MI PRIMER PERRO

Hace unos años, mi marido me convenció de rescatar a un perro. Yo pensé en los inconvenientes: pelos por todos lados, peleas por sacarlo a pasear. El momento para un perro había sido cuando había un hijo en casa para jugar con él. A los 65 años tendríamos que estar planeando un viaje al extranjero, pero Paul siempre quiso un perro. Por amor a él, acepté. No me creía capaz de querer a un perro, y menos al único apto para un piso que había, un chucho de orejas caídas.

Eso sí, tenía una gran historia. Había sido abandonado al nacer, le enseñaron a sentarse y a estar quieto en una cárcel donde los presos adiestran cachorros para su adopción y luego acabó en un refugio, donde esperó un hogar hasta que una banda de voluntarios que salva perros de la muerte lo llevó a Toronto.

Lo llamamos Casey. Lo primero que hizo tras entrar galopando en casa fue orinar en una silla. Olisqueó hasta el último rincón y al final apoyó su hocico cálido en mi muslo. Después de todo, quizá podría quererlo.

LA PRIMERA MAÑANA CON CASEY olvidé por un momento que teníamos perro. Salí de la cama aturdida por el sueño y me topé con otro ser en el sofá de la televisión. Ya había pasado muchas veces, pero antes ese ser era mi marido, que dormía en el mismo lugar donde yo esperaba tomarme mi segunda taza de café y leer las esquelas del New York Times. Paul duerme en cualquier sitio menos en la cama, y la televisión hace que se duerma de madrugada. La presencia de un perro (nuestro perro) fue una maravilla. Ah, eres tú.

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