Por qué nos aterramos

National Geographic en Español|Mayo 2020

Por qué nos aterramos
DESDE TIEMPOS PREHISTÓRICOS, NUESTROS CEREBROS ANSIOSOS PUEDEN HACER CORTOCIRCUITO FRENTE ALMIED O ALO DESCONOCIDO.
AMY MCKEEVER

DESDE QUELA COVID-19 empezó a dispersarse por el mundo hemos aprendido mucho acerca de hasta dónde está dispuesta a llegar la gente por un rollo de papel de baño, un bote de gel desinfectante o una mascarilla. A medida que se incrementa el número de casos confirmados de COVID-19, mientras Estados y países suspenden reuniones de muchas personas o cierran tiendas para alentar el distanciamiento social, esta incertidumbre nos conduce a las llamadas “compras de pánico”, que vacían los estantes más rápido de lo que se pueden resurtir.

La compra de pánico de suministros es una manera en que los humanos hemos lidiado con la incertidumbre durante las epidemias desde por lo menos 1918, con la epidemia de gripe de 1918–1919, hasta el brote de SARS de 2003.

“Cuando ves respuestas extremas, se debe a que la gente cree que su supervivencia está amenazada y necesita hacer algo para sentir que tiene el control”, explica Karestan Koenen, profesora de epidemiología psiquiátrica en la Escuela T. H. Chan de Salud Pública de Harvard.

LOS HUMANOS SON MALOS A LA HORA DE EVALUAR RIESGOS ​FRENTE A LA INCERTIDUMBRE, Y DE MANERAS DIFERENTES, LO QUE HACE QUE SOBREESTIME- MOS O SUBESTIMEMOS NUESTRO RIESGO PERSONAL.

Pero, ¿qué es exactamente lo que nos hace entrar en pánico y cómo podemos mantener la cordura en tiempos de mucho estrés, como en una pandemia? Depende de qué manera las diferentes regiones del cerebro trabajen en conjunto.

La supervivencia humana ha dependido tanto del miedo como de la ansiedad para que reaccionemos de manera inmediata cuando encontramos una amenaza (piensa: el león a la vuelta de la esquina), así como para que podamos reflexionar sobre amenazas percibidas (¿dónde están los leones hoy?).

El pánico empieza cuando una suerte de negociación en el cerebro sale mal. Koenen explica que la amígdala, el centro emocional del cerebro, quiere que nos alejemos del peligro de inmediato, y no le importa cómo evitemos al león.

Pero la corteza prefrontal, que se encarga de tus respuestas conductuales, insiste en que primero analicemos la situación del león. ¿Cuándo nos podríamos encontrar con uno y qué hacer al respecto? A veces la ansiedad se entromete. En vez de hablar directamente con las partes del cerebro que son buenas para planear y tomar decisiones, la corteza prefrontal se aturde por toda la comunicación cruzada entre otras partes del cerebro determinadas en proyectar todos los escenarios posibles en los que nos podríamos volver la cena del león.

El pánico ocurre cuando todo hace cortocircuito. Mientras que nuestra corteza prefrontal quiere pensar dónde estarán mañana los leones, nuestra amígdala está a marchas forzadas.

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