La intolerancia se instalo en Lesbos

Revista Proceso|March 08, 2020

La intolerancia se instalo en Lesbos
Unos 20 mil inmigrantes se hacinan en las costas de la isla de Lesbos, en Grecia. En su mayoría son oriundos de Afganistán y Siria, huyen de la guerra y la miseria y tienen sus esperanzas puestas en Europa, continente que había designado como primer filtro antimigrante a Turquía. Pero Ankara juega su propio juego y usa a los aspirantes a refugiados para presionar a la UE y obtener ganancias geopolíticas... mientras que en la isla griega la población se ha tornado cada vez más intolerante y ha comenzado a agredir a refugiados, periodistas y personal de las ONG.
IRENE SAVIO

MITILENE, GRECIA.- En el norte de la isla de Lesbos, Khirrallah, una afgana de 65 años, bajita y con ropas rasgadas, disimula el cansancio con una sonrisa. Está exhausta por haber cruzado, en un precario bote de goma, las aguas del Egeo que separan Turquía, donde vivió durante meses, de Grecia. La anciana explica que ha dormido al raso, primero en la playa a la que llegó y luego en un descampado, custodiada por policías griegos.

La acompañan sus cuatro nietas, su hija y el marido de ella, así como otro centenar de familias, niños y jóvenes, en su mayoría afganos. Son los recién llegados a las islas del Egeo. Dicen que partieron después de enterarse por la televisión que se podía cruzar a Europa, luego de que Turquía amenazara con mantener la frontera abierta hasta que la Unión Europea (UE) la apoye en sus aventuras bélicas en Siria.

En estos días la frontera oriental de Europa es una olla de presión donde se alimentan varias crisis. La primera es la geopolítica, por el enfrentamiento de Atenas con la Turquía del presidente Recep Tayyip Erdogan, quien, consciente del endurecimiento de la política migratoria de Europa, decidió trasladar su presión a la frontera griega, usando a los migrantes para su fin. La segunda crisis es la humanitaria, por ser Grecia un cruce que los traficantes nunca han dejado de usar para introducir a miles de personas a suelo europeo.

Los números evidencian esta realidad. De acuerdo con la UE y la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), sólo el año pasado las vallas y alambradas levantadas por las autoridades europeas no impidieron que unas 70 mil personas –que huían de guerras y hambrunas– cruzaran ilegalmente las fronteras turcogriegas. De ellas, unas 59 mil lo hicieron por el Egeo desde las costas turcas, cifra muy por encima del número de migrantes que en los últimos años intentaron llegar a Europa por Italia o España.

Migrantes asiáticos. Dura travesía

Todo ello en un contexto en el que Grecia aún padece las consecuencias de más de una década de crisis económica, algo que en el verano pasado contribuyó al nombramiento del conservador Kyriakos Mitsotakis como primer ministro.

Las islas del Egeo han sufrido la presión más fuerte. En Lesbos, donde en mil 600 kilómetros cuadrados hay unos 80 mil residentes, aproximadamente 20 mil migrantes y solicitantes de asilo viven en hacinados campos de acogida, con pésimas condiciones de higiene, pese a que la ONU le haya recomendado a Atenas trasladarlos al continente y que en los últimos meses la situación haya empezado a crear tensiones con grupos de radicales locales, que han atacado a periodistas y a las ONG que ayudan a los migrantes.

La chispa que encendió la rabia ciudadana se do en febrero, cuando el gobierno griego anunció la creación de nuevos campos de detención en Lesbos. Se multiplicaron las protestas. La amenaza de Erdogan de enviar a más migrantes hizo el resto. Grupos de vigilantes civiles, vestidos de negro y algunos a bordo de motos, han empezado a patrullar las calles ante la pasividad de la policía.

Voluntarios en la mira

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