Keanu WTF
Esquire Latinoamérica|Diciembre 2021 - Enero 2022
Siempre está trabajando (68 películas en 35 años), interpretando a máquinas asesinas, a adolescentes absurdos, a románticos, a mesías y a demonios, pero siempre siendo Keanu, o sea, siempre dando algo extra.
Por Ryan D’Agostino. Fotos por Nathaniel Goldberg

PARÍS, EL DÍA ANTES DE HALLOWEEN

Keanu se acomoda en el asiento de cuero negro de una brasería de París, una taza de porcelana medio llena de capuccino se encuentra al costado de su codo y usa los dedos de su mano para ver la pantalla de su celular que está cubierta de manchas de sangre seca.

“Veamos dónde está”, dice mientras sigue buscando. Trata de encontrar un mensaje de texto que envió a Carrie-Anne Moss, su coprotagonista en la franquicia Matrix, hace casi dos años.

Keanu Reeves llegó a las puertas del restaurante exactamente a tiempo, con aproximadamente cinco horas de sueño y recién levantado. El lugar se llama Le Grand Colbert y la última vez que estuvo aquí fue en una larguísima noche que pasó con Jack Nicholson y Diane Keaton, filmando el final de la película del 2003, Something’s Gotta Give. No había puesto un pie aquí desde entonces.

Llegó con su cobrebocas, un gorro tejido negro encima de su pelo negro y lacio, una chamarra negra de motociclista y jeans. Mostró su certificado de vacunación al maître d’, y caminó hacia el salón iluminado del restaurante con techos altísimos, con las barillas de las brasas, el sonido de las copas al son del brindis y todo un staffusando camisas blancas y delantales negros.

Mientras, se quitó su cubrebocas y caminó al centro del restaurante, los comensales (un buen porcentaje eran turistas y estaban ahí por la película), meseros y bartenders lo observaron, un momento cautivador y surreal. Era como si Meg Ryan llegara a Katz’s Deli por un sándwich de pastrami.

¿Y sí es? ¿En serio está aquí...?

Se detuvo a platicar en una mesa donde alguien curio samente había trabajado con su novia, la artista Alexandra Grant. Pasó al costado del asiento donde grabó la famosa escena de la película. La gente siempre pide esos lugares, así que como de costumbre, estaban ocupados. Hoy, la mujer sentada donde Keanu Reeves alguna vez se sentó a grabar, miró hacia arriba y vio a Keanu Reeves pasar, y por poco se ahoga con su escargot.

Sigue en su celular, tratando de encontrar ese mensaje. “Seguro te dolió”, le digo después de un minuto. “Tu mano”, le aclaro.

La gira para mirarla, mostrando una cuchillada que va desde su meñique pasando por la parte baja de su palma, y llegando al hueso de la muñeca. “Ah, sí”, dice, después gira un poco su cabeza y sonríe. “¡Tonterías de películas!”.

Keanu está aquí conmigo para promover The Matrix Resurrections, la cuarta entrega de una de sus franquicias multimillonarias. Pero en realidad está en París para filmar John Wick: Chapter 4, la cuarta entrega de otra de sus franquicias multimillonarias.

“Ahorita estamos grabando por las noches y terminé a las siete de la mañana”, cuenta mientras acomoda su cabello que sigue húmedo por la ducha que tomó. “Me acabo de levantar”. Es la 1:15. Tose un poco.

Sigo mirando a su mano. “¿Te duele?”. Me mira, momentáneamente confundido, después se da cuenta que el confundido soy yo. “Ay, no, todo esto es sangre de la película”, dice riéndose. “Jamás se quita con una lavada”.

Vuelve a su celular, muy enfocado. Al pasar docenas de mensajes de burbujas grises y azules, las grises –que envía la otra persona- resaltan porque son emojis y corazones.

“Perdón por tardarme tanto”, dice Keanu. Una disculpa que es sorprendente porque me está haciendo un favor, buscando un mensaje que le pedí buscar, un mensaje que contiene evidencia de un favor que le hizo por alguien más, en este caso, a Moss. (La de los emojis y corazones).

“Es raro tener que pasar por esto”, dice perdido entre los mensajes de texto como si regresara en el tiempo.

“Esto está muy relacionado con Resurrections”. Ahora busca en silencio. Dándose cuenta que habrá un gran espacio vacío en mi grabación, se inclina y dice en voz alta: “Sigo buscando la lista”.

En las últimas grabaciones de Resurrections, Moss le había pedido que le recomendara unas cuantas buenas películas para ver con sus hijos adolescentes. “En las películas de The Matrix, siempre me sentí como su pareja, y él siempre fue la mía, respecto a la ejecución de estos personajes”, me dijo Moss. “Jamás tuve la sensación de ‘Ah, es una estrella de Hollywood’. Su ética laboral es muy diferente a todos los que he conocido, y lo he visto de cerca: entrena mucho, trabaja mucho, se involucra mucho, siempre pide más y hace más preguntas para entender la profundidad de lo que estamos haciendo. Y aunque hacía todo eso por sí mismo, siempre me procuraba. Como cuando le pregunté por esas películas, parece algo pequeño pero está muy ocupado, algo exhausto, y se tomó el tiempo de escribir dicha lista bastante considerada”, acota.

“Por aquí está”, dice Keanu en el restaurante. ¿Algo más de lo que te gustaría hablar mientras lo encuentro?

UN MES ANTES

¿Ya estamos en octubre?

Le toma un segundo incorporarse. No por la pandemia, donde el paso del tiempo se encimó tanto que la vida diaria a veces parecía tan distorsionada que llegaba al punto de ser irreconocible. No, le toma un segundo a Keanu porque ha estado en París por dos días –no, espera… sí, este es el tercer día– y antes pasó seis meses en Berlín, grabando por las noches y durmiendo por los días (él lo llama “horario de vampiro”), y acaba de empacar y desempacar sin ir a casa, y bueno, pues a veces pierdes el rastro.

Pero sí, es el 2 de octubre. O el 3. Algo así. Sábado. Son las tres de la tarde, y se acaba de despertar. Comió un pan tostado con una crujiente crema de cacahuate y miel, y toma café de una taza de cristal. Tiene la barba de John Wick que periódicamente corta con tijeras para que siempre tenga la misma apariencia durante los largos meses de grabación, dándole consistencia.

Después de su café, espera. Mira a su celular en la mesa y sonríe. Perdón. No son las 3 de la tarde, son las 4.

Estamos en Zoom. Él desde París pero sentado frente a una pared blanca. Podría estar en cualquier lugar del mundo. El calendario de grabaciones está por volverse más riguroso. Los rodajes nocturnos durarán hasta que salga el sol. Un llamado a las 7.00 pm podría terminar a las 2:00 pm. Está entrenando físicamente, ejecutando escenas de peleas, corriendo y saltando.

¿Así que tus noches están por volverse más complicadas? “¿Complicadas? Pues sí, ¡estamos haciendo una película!”.

Hace un gesto y se ríe.

“¿Complicadas?”

Página anterior izquierda: abrigo, Alaïa; reloj, Patek Philippe

Página anterior derecha: suéter, Dries Van Noten

Página opuesta: abrigo, camisa y pantalones, Saint Laurent by Anthony Vaccarello; botas, Alden; reloj, Patek Philippe

Hoy, París está nublado, está debajo de los 15º, y tiene puesta una gorra y una chamarra negra de lana. Siempre empaca de más para estas largas expediciones, mucha ropa y un montón de libros que no tendrá tiempo para leer pero que le gusta tener con él, aunque recientemente leyó Trouble Boys, una biografía de Replacements que un amigo le dio en su cumpleaños.

Es un día más en un lugar donde no vive, trabajando y durmiendo, y cuando no trabaja “está enfocándose en su trabajo”, es decir, el tiempo que invierte en sus entrenamientos, o en las escenas corriendo, o desarrollando su siguiente proyecto, o en distintas reuniones para ver qué se concreta.

¿Y si, a mitad del viaje y todas las noches de grabaciones, se despierta sintiéndose mal, con dolores musculares o la garganta inflamada?

Hace un gesto otra vez con una sonrisa de desaprobación. “¿Qué tiene? Me bebo un té caliente con limón y miel. No sé. Me doy una cachetada”. Se da una cachetada. “Me estiro y me concentro. Todo se trata de eso, la concentración”.

Tiene 57 años. Han sido dos décadas desde que salió la primera película de Matrix. Y 27 desde Speed. 32 (¡sí, 32!) desde que le dió al mundo a Ted “Theodore” Logan en la película Bill & Ted’s Excellent Adventure. Y aquí sigue: grabando la nueva entrega de John Wick, promocionando la nueva Matrix. “Solo trato de tener una carrera profesional”, dice.

Algunos de sus personajes a lo largo del tiempo pueden parecer, superficialmente, como los más bobos –obvio, Ted es un ejemplo de ello–, pero también hay que ver su hermosa interpretación en la película The Prince of Pennsylvania.

Algunos parecen no tener emociones y ser muy serios hasta el punto de parecer implacables, por ejemplo, Thomas Anderson en The Matrix, Wick, o Johnny Utah de Point Break. Pero siempre sabes que hay algo más detrás, algún tipo de conocimiento que nadie más posee.

En definitiva, sabe algo, y nos deleitamos con sus personajes por más bizarros que parezcan porque no tienen miedo, y queremos averiguar lo que ellos saben.

Dice que esto proviene de un buen guion y de los directores. “Solo soy una pintura más”, dice. Y uno piensa, “Sí... pero no”.

Hay algo que no está revelando.

¿Keanu sabe algo que nosotros no?

Keanu disfrutando del presente No.1

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