St. Vincent – Un acto mágico de desdoblamiento
Revista MARVIN|Noviembre - Diciembre 2021
“¡Sí!”. Annie Clark contesta entusiasta, recalcando cada letra. Y dice: ¡sí! De hecho, es posible escuchar cómo traza signos de admiración cuando se le pregunta, ¿eres tú, Annie? Al otro lado del cable telefónico, en efecto, la de Daddy's home se esfuerza por evadir la interferencia mientras habla de su más reciente acto artístico; ¿una película, un falso documental, un oblicuo diario de carretera, una pesadilla risueña? Como sea, que su artífice acepte ser Annie Clark, con tal firmeza, “¡sí!”, es un alivio. Porque tras ver The nowhere inn uno se queda pensando dónde acaba la artista y comienza el ser humano; a qué realidad obedece la primera y cuáles artificios obnubilan al segundo.
Por Alejandro González Castillo

Bajo la dirección de Bill Benz, con una historia fi rmada Carrie Brownstein y la propia Annie Clark, el argumento de The nowhere inn se asoma a la luz como un injerto extravagante. Pareciera ser una versión torcida de la Rolling Thunder Revue armada por Martin Scorsese, como si ésta fuera un paso más allá y abrazase, sin temor a perderse en el vacío, la oscuridad metafísica de David Lynch y su Mulholland Drive. Realidades fracturadas, sarcasmo por doquier, crudas dudas existenciales y, claro, St. Vicent en escena (y tras ella), derrochando watts, llevando a cabo un performance donde, conforme el monólogo interno va perdiendo foco, el delirio y la certeza consiguen refl ejarse mutuamente.

El comienzo de The nowhere inn es determinante para procurar comprender la obra en su totalidad. Una limusina rebana el desierto. La carretera limpia, sus costados plagados de tierra y zacate. Dentro del auto, con gafas rosadas, la de “Fear the future” viaja plácidamente hasta que el chofer la mira por el espejo retrovisor para preguntarle quién es; “perdone, ¿usted canta?”. Ella intenta disculpar la ignorancia del conductor diciéndole que su música no es para todos, sin embargo el del volante insiste al explicarle que ha conducido para mucha gente famosa y no tiene idea de quién ocupa los asientos del auto en ese momento. El hombre termina llamándole a su hijo, y la de los lentes cantándole a éste “New York” con tal de ser reconocida. “My name is Annie, but I perform as St. Vincent”, argumenta ella, considerando que quizá allí radique la confusión.

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