LA SOCIEDAD ANDALUSÍ
Muy Historia|Issue 143
Fue bien distinta de la que habitó en el Viejo Continente, pero se han vertido demasiadas ensoñaciones sobre la comunidad que vivió en al-Ándalus y la mayor parte de ellas tienen poco que ver con la realidad. Más allá del caduco cliché de un mundo ubicado en la ciudad, sumamente refinado, culto y festivo frente a los toscos campesinos cristianos del norte peninsular, han de considerarse ciertos rasgos distintivos completamente veraces.
GLORIA LORA SERRANO

Fue más bien una sociedad internacional, pues dos naciones intervinieron en su formación, el reino visigodo de Toledo y el califato omeya de Damasco. Cabe definirla también de multiconfesional, porque los andalusíes profesaron variasfes: cristiana, judía e islámica. Y, sobre todo, fue multiétnica, ya que en su composición, junto a los visigodos, se incluyeron árabes, bereberes y africanos negros, sin olvidar a los grupos euroasiáticos que tiempo después de la conquista fueron integrándose en su seno.

Bajo esta perspectiva, fiel a la ley islámica que no legaliza ninguna distinción social ni étnica, sino solo la confesional, la forma correcta de presentar a esta sociedad sería dividiéndola en dos grupos: creyentes e infieles, es decir, musulmanes y dimmíes, término genérico con el que se conocía a partir de 711 a los cristianos y judíos visigodos que aceptaron la dimma o protección prevista por la normativa musulmana para la “gente del Libro”, la Biblia; esto es, para los judíos y cristianos. Sin embargo, este modelo teórico de organización social no se correspondió con la realidad, pues desde su formación existieron en el seno de la comunidad islámica grandes diferencias: los árabes detentaron el poder en todas sus facetas y, consecuentemente, disfrutaron de la riqueza, relegando a sus hermanos de fe, los bereberes norteafricanos y los visigodos que decidieron convertirse al islam, los llamados muladíes, a un segundo lugar. Tal situación, que también se había padecido en otros lugares del inmenso Imperio de Damasco, dio origen a numerosas revueltas que ensangrentaron, primero, la época de los valíes de al-Ándalus y, desde el año 756, el mundo de los omeyas hasta la segunda mitad del siglo X. En definitiva, cabe destacar una constante en la historia social de al-Ándalus: en el fondo, las diferencias étnicas fueron las que determinaron su articulación, un hecho principal del que ya fueron conscientes los escritores de aquellos lejanos siglos.

Ahora bien, la conquista de la España visigoda no significó la inmediata desaparición de la sociedad preexistente, ya que en un momento inicial coexistieron dos modelos bien diferenciados, uno de carácter occidental que fue desapareciendo de forma paulatina a medida que se consolidaba el propio que portaban los invasores, es decir, una sociedad oriental, tribal y clánica. Y a pesar de que a comienzos del siglo VIII las ancestrales estructuras tribales entre aquellos se estaban disolviendo, como consecuencia del proceso religioso y del que acompañó su vertiginosa expansión por el mundo conocido, sí sobrevivieron algunos de los rasgos distintivos de su sociedad, como fueron el desarrollo de vínculos de clientela o de dependencia y la concepción patrilineal de la transmisión del linaje. Ambos tuvieron una gran trascendencia en la orientalización de la sociedad de al-Ándalus, pues al unirse los conquistadores con las mujeres visigodas, en principio con las de sus grupos dirigentes, su descendencia fue considerada en función de la etnia del padre, puesto que los hijos quedaban vinculados al linaje paterno y, además de ser obligatoriamente instruidos en la fe islámica, aunque su madre conservara su credo, fueron considerados árabes, por encima de cualquier consideración biológica.

UNA MINORÍA ÁRABE

Desde el punto de vista numérico los árabes (alàrab) fueron una minoría en el conjunto de la sociedad. Es difícil calcular las cifras exactas de los que llegaron; el profesor Valencia Rodríguez calcula que no fueron más de 70.000 individuos, que a lo largo del siglo VIII se instalaron en diversos lugares de la Península, aunque queda claro que lo hicieron en dos etapas. La primera acaeció en junio de 712 con los ejércitos de Musa, el gobernador de Ifriquiyya. Años más tarde, a este grupo inicial se le fueron uniendo los sirios que llegaron con Baly en 742. La segunda etapa se produjo a partir del año 756, tras la instalación en al-Ándalus de Abd al-Rahmán I (756-788) cuando los familiares y clientes de los omeyas dispersos por el Imperio, como consecuencia de la revolución abbasí, respondieron a la invitación del primer emir independiente. En esta segunda fase la llegada de árabes no se produjo, salvo excepciones, en grupo, sino de forma individualizada.

No fueron una comunidad homogénea, sino que los árabes pertenecían a diversos clanes y tribus. Los dos grupos tribales más notables fueron los qaisíes, procedentes del norte de Arabia, que eran nómadas, pastores y comerciantes, y los yemeníes, las gentes del sur, sedentarios y agricultores. Todos se homogeneizaron tras la predicación de Mahoma, pero en el fondo mantuvieron sus tensiones ancestrales, que trasladaron a al-Ándalus. Las fuentes literarias les llaman genéricamente baladíes. A partir del año 740, los sirios, es decir, los árabes asentados en aquella provincia del Imperio bizantino desde época muy antigua, se unieron a ellos, pero complicaron aún más el panorama político de al-Ándalus por las constantes luchas intestinas por la procura del poder y la riqueza.

Como se ha dicho, los árabes fueron una minoría en el conjunto de la población, pero también los más preeminentes, quienes monopolizaron el poder y la riqueza y trajeron la lengua y la cultura de la nueva civilización, la islámica. Su lugar habitual de habitación fue la ciudad: preferiblemente se instalaron en las de la antigua Tarraco nense y Bética, los territorios más urbanizados, más ricos y también de mejor clima.

Los bereberes (al-barbar), procedentes del norte de África, fueron el contingente más numeroso de los musulmanes que llegaron a la Península. También lo hicieron en dos etapas. La inicial sucedió del siglo VIII hasta mediado el X. La llegada de los ejércitos con Tariq al frente en 711 fue el momento clave de la historia de alÁndalus, pero hay autores que lo consideran también de la historia de España. En los años siguientes, pequeños grupos de africanos, familiares en su mayor parte de los primeros invasores, siguieron entrando en al-Ándalus en busca de una nueva y más fácil vida. Pronto se dieron cuenta de su error, pues el relegamiento al que los árabes los sometieron, negándoles el acceso a cualquier lugar de relevancia en el ejército y en la administración de la provincia, la poca calidad a efectos agrícolas de las tierras que, en su mayor parte, les concedieron, la hambruna que padecieron por un período de malas cosechas y los enfrentamientos con los sirios hicieron a algunos tomar el camino de regreso. Un segundo momento de arribo de bereberes se produce en etapa califal, cuando vinieron a integrarse en los ejércitos y la guardia personal de los omeyas y de Almanzor. Si bien algunos grupos de bereberes una vez finalizadas las campañas volvieron a su lugar de origen, otros se establecieron de forma definitiva, siendo la zona levantina un lugar de asentamiento bereber preferente.

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