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La caza furtiva podría condenar al elusivo pangolín

Estas escamosas criaturas, codiciadas por su uso en la medicina tradicional china, están entre los mamíferos que más se trafican en el mundo.

Por Rachael Bale. Fotografías de Brent Stirton

Un pangolín de Temmick, llamado Tamuda, busca hormigas y termitas para comer en un centro de rehabilitación de Zimbabue. Fue rescatado de traficantes ilegales de vida silvestre que probablemente habrían contrabandeado sus escamas a Asia para usarlas en remedios tradicionales.

Los pangolines se trafican por sus escamas y por su carne, que algunos consideran una exquisitez. En abril de 2015, más de 4 000 cadáveres congelados de pangolines, junto con escamas y cerca de un centenar de animales vivos, fueron descubiertos en Indonesia, en un contenedor de carga que supuesta mente llevaba pescado congelado. PAUL HILTON

Enmascarados para proteger su identidad, oficiales de policía de la unidad contra el crimen organizado de Costa de Marfil se sientan sobre 3 600 kilogramos de escamas de pangolín decomisadas en 2017 y 2018, que probablemente iban hacia China o Vietnam. Ya que las cuatro especies de pangolines asiáticos están en peligro de extinción, los traficantes buscan las especies africanas.

En el centro de rescate de la Fundación Tikki Hywood, en Zimbabue, a cada pangolín –así como a Tamuda (aquí)– se le asigna un cuidador. Los pangolines forman lazos estrechos con los humanos, que los ayudan a aprender cómo alimentarse de hormigas y termitas. Rescatado cuando era bebé, Tamuda era obstinado y travieso, según su cuidador.

Tiene el tamaño de un cachorro de cobrador dorado pero cubierto de escamas.

Con la cola estirada, paralela al suelo para equilibrarse, Tamuda extiende sus pequeños brazos hacia el frente como si fuera un tiranosaurio.

El cuidador guía con delicadeza al joven pangolín hacia un montículo de tierra que empieza a desmoronar con su zapapico. “Mira –le dice a Tamuda–, hormigas”. Tamuda capta el mensaje y empieza a comer; su lengua, que es casi del tamaño de su cuerpo, busca entre los recovecos mientras que con las garras imita un zapapico.

Después de comer durante unos minutos, es hora de seguir. Tamuda se aleja un poco, lentamente. Se deja caer de costado, como un niño a punto de hacer berrinche. Enrolla el cuerpo alrededor de la bota de su cuidador, quien con delicadeza se agacha y trata de separarlo, pero Tamuda quiere atención.

Mira hacia arriba, a la cara de su humano, y se estira rogando para que lo carguen. El cuidador trata de ser estricto –se supone que le enseña a valerse por sí mismo–, pero la súplica resulta demasiado como para resistirse. Como cualquier madre pangolín lo habría hecho, el cuidador lo levanta y lo acurruca contra su pecho.

La lección de Tamuda se llevaba a cabo en la Fundación Tikki Hywood, un centro de rescate cerca de Harare, Zimbabue, donde se recuperan los pangolines liberados del comercio ilegal gracias a Lisa Hywood y su equipo.

Hywood –mujer compacta e intensa, con propensión a alternar tiernas canciones de cuna destinadas a sus animales rescatados con vociferantes condenas contra la crueldad del hombre– ha rescatado más de 180 pangolines desde 2012. Tikki Hywood también es hogar de otros animales rescatados como antílopes sable, vacas, una cabra pendenciera y un par de burros de nombre Jesús y María (José ya no se encuentra entre nosotros).

A los pangolines jóvenes les gusta que los carguen. Hasta que tienen varios meses de edad, sus madres los llevan en el dorso para que los bebés puedan observar cómo comportarse. Probablemente así era como Tamuda pasaba la mayor parte de su tiempo justo antes de que los cazadores furtivos se lo llevaran a él y a su madre de su hábitat. Cuando una madre pangolín está asustada, se enrolla y forma una pelota para proteger su vientre, suave y velludo, y a su cría con su armadura de escamas. Es una buena defensa contra un león, pero es la peor cuando el depredador es un ser humano que puede levantar el pangolín con las manos.

En Camerún, una joven que tiene un puesto de comida se prepara para matar un pangolín de vientre blanco en el callejón detrás de su casa. Los cameruneses los han comido desde hace mucho, aunque el comercio de pangolines se prohibió hace poco. Las escamas de pangolín, que en otro tiempo se desechaban, hoy se venden a los traficantes de vida silvestre en las ciudades.

Tamuda y su madre llegaron al centro de rescate a principios de 2017. Un oficial de la patrulla fronteriza de Zimbabue capturó a un hombre de Mozambique que trataba de cruzar con ellos en un saco. Según Traffic, organización de monitoreo del comercio de la vida silvestre, se calcula que un millón de pangolines fueron cazados furtivamente entre 2000 y 2013, sobre todo por sus escamas, utilizadas en la medicina tradicional china. Se cree que los pangolines son los mamíferos no humanos más sujetos a tráfico en el mundo.

Las autoridades policiales de Zimbabue saben que cuando confiscan un pangolín deben llevarlo con Hywood. Ella es una de las pocas personas que pueden mantener pangolines vivos en cautiverio. Son criaturas sensibles, quisquillosas con su comida, ya que consumen solo cierto tipo de hormigas y de termitas, una dieta muy difícil de replicar en cautiverio.

Sin embargo, al dejarlos vagar durante horas con madres sustitutas que los protegen, TikkiHywood ha ayudado a muchos pangolines, entre ellos Tamuda y su madre, a recuperarse lo suficientemente bien como para devolverlos al estado silvestre.

“Cada vez que alguien nos trae un pangolín, me pregunto si es el último que quedaba en Zimbabue”, dice Hywood, quien fundó el centro de rescate en 1994.

Las ocho especies de pangolines, cuatro en África y cuatro en Asia, están en peligro de extinción a causa del comercio ilegal. Esa es la razón de que no proporcionemos el nombre del cuidador de Tamuda. A él y a Hywood les preocupa que, si los traficantes conocen la identidad de los cuidadores, podrían convertirlos en el blanco de criminales que buscan acceso a los animales rescatados.

EN CHINA, MÁS DE 200 COMPAÑÍAS FARMACÉUTICAS PRODUCEN CERCA DE 60 TIPOS DE MEDICAMENTOS TRADICIONALES QUE CONTIENEN ESCAMAS DE PANGOLÍN.

Los pangolines parecen armadillos escamosos, pero tienen un parentesco más cercano con los osos y los perros, constituyen su propio orden taxonómico y, si desaparecen, no quedará nada parecido sobre la Tierra.

El comercio internacional de las cuatro especies de pangolines asiáticos ha estado prohibido desde 2000. En 2017, entró en vigor una prohibición sobre el comercio internacional de las ocho especies, votada por los 183 gobiernos que forman parte de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), el tratado que regula el comercio transfronterizo de animales silvestres o sus partes.

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Junio 2019

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