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La vida secreta de una musulmana "desobediente"
Alcohol, drogas, sexo casual… ¿Qué ocurre cuando naces en un núcleo familiar musulmán, pero eliges tener un estilo de vida occidental? Laila Baqri* explora el dolor y los problemas de llevar la religión a su manera.
Fotografías Sarah Brown

Acabo de llegar. El reloj de la estufa parpadea mostrando la hora, 1:03 am; lleno un vaso de agua mientras al mismo tiempo me quito los tacones que uso desde ayer a las 7:30 am. Mi boca tiene impregnado el olor de varios shots de tequila y media cajetilla de cigarros light. Bebo el agua, estoy muy sedienta. Antes de que comience a amanecer veo cómo mi celular se enciende con un texto de alguien que no recuerdo muy bien haber conocido la noche anterior. Mis ojos se sorprenden al leer su mensaje, el cual dice: “Ven, no tardes”. Me quedo analizándolo y considero escaparme, cuando de repente solo recuerdo que... hoy apenas es miércoles.

A muchas chicas, esto puede sonar como una noche típica de martes para una mujer promedio de 26 años, en especial si vives en una gran ciudad, como yo. Sin embargo, para mí, cada fumada de cigarrillo, trago de alcohol, línea de cocaína que he experimentado en los baños, ligeramente alumbrados y chico rebelde con quien me he besado al final de la noche, tiene consecuencias muy graves debido a que mi familia es musulmana, y eso significa que desaprobaría firmemente el 99% de mi conducta de esta jornada. Tan firmes que, de hecho, si la descubrieran, para ellos sería mejor que estuviera muerta. En definitiva, cortarían cualquier contacto conmigo.

Soy mi propio tipo de musulmana. Esto quiere decir que vivo, en gran parte, bajo los estándares occidentales. Y eso es un problema para todos, desde los hombres con quienes salgo, mis amistades cercanas, y, sobre todo, para mi familia, que amo más que nada en este mundo.

También implica que llevo mi vida en un estado perpetuo de fractura, atrapada entre dos expectativas culturales, y las consecuencias psicológicas que pueden ser abrumadoras para miles de hombres y mujeres musulmanes como yo.

Ser diferente

Nací en una ciudad de Inglaterra a principios de los 90. Aunque, por fortuna, era una urbe altamente multicultural, incluso en ese entonces donde crecí, curiosamente era una de las tres personas musulmanas en la escuela (otra de ellas era mi hermano). Aun así, jamás me sentí diferente de los demás niños, hasta que un día uno de ellos se negó a sentarse a mi lado en el salón de clases. Dijo que yo era “paquistaní”, como si eso lo explicara todo. Con seis años de edad, no entendí por completo sus palabras, solo que implicaba lo distinta que yo era. Después de eso, mis diferencias comenzaron a aparecer por todos lados. Desde las gruesas trenzas que mis padres me forzaban a usar para ir al colegio hasta las manchas de curry en mis dedos, mismas que constantemente trataba de ocultar. Como la mayoría de los niños, solo quería ser “normal”. Hubiera dado cualquier cosa para encajar con los demás, sin problemas.

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Octubre 19 - 2019