Sofía Reina contra viento y marea
Vanidades México|Octubre 20 - 2020
Sofía Reina contra viento y marea
Ha tolerado los escándalos de su esposo, el desprestigio de la corona de España y las polémicas de sus hijos. Pero permanece digna y serena aun cuando fue revelada su posible participación en un “golpe interno” que pudo acelerar la abdicación de Juan Carlos I. ¿Será su venganza?
SANDRA MENESES

Educada para ser inquebrantable, fue el des-tino que la polémica Federica de Grecia eligió para su hija mayor Sofía, a quien le aconsejó regresar con su esposo Juan Carlos y reinar, a menos que quisiera vivir en el exilio y divorciada, como le sucedió a ella. Esto ocurrió en 1976, cuando Sofía sorprendió al rey con otra mujer durante una cacería en Toledo, comprobando su infidelidad por vez primera.

La anécdota, recogida en La soledad de la reina (Pilar Eyre, 2012) podría revelar rasgos de la figura digna y firme que representa la reina emérita de España, carácter que le ha valido el afecto y respeto de mucha gente.

¿Cómo entender a esta mujer que ha tolerado por décadas el desapego de su esposo? ¿Cómo lo ha encauzado al grado de convertirse en la figura más popular de la familia real española, situada en el cuarto lugar entre las mujeres más admiradas de su país según YouGov? Una de las respuestas podría estar en plena formación.

Siempre en segundo lugar

Sofía no sólo es parte de una generación de mujeres y royals educadas para ‘aguantar’ y mantenerse en su lugar ante la adversidad y el escándalo, incluso a costa de su felicidad; como integrante de una familia real (aunque pobre en su momento y actualmente sin trono), el sentido del deber le fue inculcado en su infancia por su madre, la estricta Federica de Hannover, nieta del último káiser de Alemania y bisnieta del rey Christian IX de Dinamarca, quien dio a luz a la princesa real el 2 de noviembre de 1938 en Atenas.

El rey de Grecia era su tío Jorge, pero al no tener hijos, su hermano Pablo, padre de Sofía, heredó el trono. No obstante, los vaivenes, las alianzas y simpatías políticas de la Segunda Guerra Mundial orillaron a la familia a huir de Grecia de manera repentina para vivir en el exilio en Creta, Egipto y Sudáfrica, con los consiguientes apuros económicos, claro.

“Lo más desagradable es cuando el que critica tiene mala baba (intención) y se le notan las ganas de hacer daño”.

En efecto, la vida de Sofía no fue fácil desde el inicio, pero en 1946 la monarquía volvió a instaurarse, así que ella y su familia regresaron a Grecia. Al fallecer su tío Jorge, Pablo ascendió al trono. Pero la princesa no estaba llamada a ser la próxima reina, sino su hermano Constantino, como suele suceder, así que aunque ella era la primogénita aprendió a estar en segundo plano. Y es que la reina Federica las preparó así, tanto a ella como a su pequeña hermana Irene, y la historia se repitió años más tarde al momento de que la propia Sofía educó a sus hijas Elena y Cristina.

Fuerte y dominante, Federica no solamente intervino en la política, sino que comenzó a buscarle marido a su hija desde muy joven. Hoy día, medio mundo sabe que Sofía se encontraba enamorada del príncipe heredero Harald de Noruega y que él no le correspondió. Pues bien, Federica trató de acercarlos y puede ser que algo más que el desinterés de Harald impidiera el noviazgo: la suma para la dote que la reina de Grecia había solicitado al gobierno le fue negada.

Si bien Pilar Eyre afirma que a Federica no le gustaba Juan Carlos para su hija, terminó aceptándolo. Un matrimonio aprobado, y esto es muy importante decirlo, por el dictador Francisco Franco. En esa ocasión, la soberana de Grecia sí logró que el gobierno diera el dinero para la dote, un hecho que a la larga causó el enojo del pueblo griego y que terminó con la expulsión, una vez más, de la monarquía; entre otros motivos. En 1962 Sofía y Juan Carlos se casaban, y para felicidad de la princesa se enamoró de él, pero no imaginaba que ese amor la llevaría a padecer múltiples infidelidades y que marcaría el curso de su vida para siempre.

El más grande apoyo del rey

En el libro La soledad de la reina, el inglés Jocelin Winthrop Young, profesor de Sofía durante su infancia, menciona que su cualidad más evidente es “su enorme capacidad de adaptación”. El maestro tal vez se refería a la niñez ajetreada de su alumna y sus hermanos, pues vivieron en distintos países; sin embargo, también explicaría el espíritu estoico de la reina emérita ante los escándalos de su familia. Pero esa formación estricta que un día recibió de su madre, la aplicó con sus hijos, aunque con más condescendencia, tal vez por pertenecer a otra generación, o debido a sus estudios de puericultura.

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Octubre 20 - 2020