La escandalosa reina Ana
La escandalosa reina Ana
Fue uno de los personajes polémicos del siglo XVIII. Tuvo affaires lésbicos y su paso por el trono estuvo marcado por el chantaje.
MARI RODRÍGUEZ ICHASO

La última soberana de la Casa de Estuardo vivió una historia de amor teñida de drama y oscuridad.

En un viaje a Londres llevé a mi hija a co-nocer el Palacio de Kensington (uno de mis favoritos) cuando en medio de uno de sus grandes salones nos llamó la atención ver una serie de maniquíes con impresionantes diseños y accesorios de la película The Favourite, donde Olivia Colman dio vida a la reina Ana de Gran Bretaña. ¿Por qué estaban allí? Pronto nos dimos cuenta que solo algunos de aquellos divinos trajes bordados con enormes crinolinas habían sido confeccionados para el filme, mientras que otros lucían como salidos de la máquina del tiempo; y es que, en efecto, pertenecieron a la muy infeliz y controversial soberana que protagonizó un reinado plagado de escándalos. Entonces comprendí que en ese famoso recinto, donde un día también vivieron la reina Victoria y la princesa Diana, y en el que hoy residen los duques de Cambridge, Kate y William, hace más de 300 años tuvo lugar un truculento relato de celos.

Pasión y rivalidad

El violento triángulo amoroso de Ana Estuardo, quien era lesbiana (aunque la corte jamás admitió su preferencia sexual) y lo que ocurrió al enamorarse de dos mujeres al mismo tiempo, es épico.

Una de sus amantes fue la muy bella aristócrata e influyente Sarah Jennings Churchill, duquesa de Marlborough. Esposa del político John Churchill, I duque de Marlborough (antepasado de sir Winston Churchill) y confidente de la monarca desde la infancia, estaba en la crème del poder. ¿Quién era la otra chica en cuestión? Abigail Masham, la prima pobre de Sarah, quien entró a trabajar al palacio como dama de honor.

Alocada y extravagante, aquella corte era dominada y organizada a su antojo por Sarah, a cargo de las finanzas de la reina y envalentonada porque años atrás la había escogido como su “favorita”, pero su ambición era desmedida (incluso actuaba como si fuera la propia royal) y la llegada de la bonita y dulce Abigail, que ayudaba a vestir y desvestir a su affaire real, fue lo peor que pudo suceder.

La duquesa de Marlborough no imaginó que la modosa dama de honor se convertiría en su mayor rival en la lucha por obtener el amor y atención de la monarca, ni que sus celos se desatarían con tal ferocidad.

Por desgracia, el triángulo amoroso impidió que las ideas políticas de Ana Estuardo ganaran relevancia sin importar su visión: fue una de las más modernas y sagaces líderes en la historia de Gran Bretaña, aunque también es cierto que podía ser haragana y quedarse a comer bombones... ¡en la cama!

articleRead

You can read upto 3 premium stories before you subscribe to Magzter GOLD

Log-in, if you are already a subscriber

GoldLogo

Get unlimited access to thousands of curated premium stories and 5,000+ magazines

READ THE ENTIRE ISSUE

Nociembre 24 - 2019