Henri Matisse
Vanidades México|Octubre 20 - 2020
Henri Matisse
Mientras estudiaba derecho descubrió su vocación. Y tuvo que vencer la oposición de sus padres y abandonar su carrera para dedicarse al arte y revolucionar el uso del color.
EUNICE CASTRO

Orchillés Emile Hippolyte Henri Ma-tisse, vendedor en una elegante tienda de ropa en París, fue el padre de quien un día sería conocido mundialmente como “el maestro del color”. Se casó con Anna Gerard en enero de 1869, entonces tenía 28 años de edad y ella, 24. Anna trabajaba en una tienda de sombreros y ambos provenían de ciudades rurales.

Tres meses más tarde, ella supo que se encontraba embarazada. Para la Navidad la pareja pasó las fiestas en la ciudad textil de Le Cateau-Cambrésis, en la casa de los padres de él. El 31 de diciembre de 1869, a las ocho de la noche, Anna daba a luz a su primer hijo, Henri Emile Benoît Matisse, uno de los pintores más influyentes del siglo XX.

El hogar de los abuelos paternos de Henri era una minúscula y destartalada cabaña con piso de tierra y goteras, y el propio Matisse lo contó en una entrevista: —Encima de la cama en la que nací había una gotera en el techo por donde se filtraba el agua de la lluvia.

Pero ese inconveniente no duró mucho, porque a los ocho días de su nacimiento, sus padres se mudaron a Bohain en-Vermandois, en el distrito de Saint-Quentin, donde Emile Hippolyte aceptó encargarse de una gran tienda. El niño creció en una comunidad que se dedicaba a producir azúcar de remolacha y textiles.

En 1872 nació su hermano Emile-Auguste, quien murió en 1874, el mismo año en que su madre dio a luz a otro niño, al que llamaron Auguste-Emile. Posteriormente, su padre establecería un almacén de semillas que resultó ser muy próspero.

Matisse estudió la primaria en el Colegio de SaintQuentin. Luego cursó sus estudios de bachillerato en el Liceo Henri-Martin de Saint-Quentin y se graduó en 1887. Entonces su padre le pidió que se matriculara en la Facultad de Leyes, en París.

“No hay nada más difícil para un pintor verdaderamente creativo que pintar una rosa, porque antes debe olvidar todas las rosas que nunca fueron pintadas”.

El creador, en su estudio de París.

Saint-Quentin tenía poco que ofrecer a la imaginación más allá de su feria anual, un circo que pasaba de vez en cuando o los juegos de los caballeros a caballo. Matisse contó años después:

—Cuando era niño mi ambición era llegar a ser un payaso o un jinete.

Así, partió a París sin entusiasmo y vivió solitario en un hotel barato; durante dos años cumplió con los estudios, aunque le aburrían. Pero pasó su examen final y en 1889 regresó a SaintQuentin, donde consiguió empleo en un bufete de abogados.

Para entretener a Matisse, cuando estaba hospitalizado, su madre le llevó un regalo que cambió sudestino: una caja de pinturas.

El mal que cambió todo

Ya en edad militar se enlistó en el servicio obligatorio, pero lo dieron de baja al sufrir problemas de salud que lo mantuvieron internado un año en el hospital. Unos decían que tenía apendicitis; otros, que era colitis, hasta que comprobaron que se trataba de una hernia y fue operado. Allí tuvo la revelación más importante de su vida. El paciente próximo a su cama tenía como entretenimiento copiar óleos de paisajes suizos y estaba enfrascado en uno de ellos. Él le preguntó a Matisse:

—¿Por qué no te animas y haces lo mismo? Al final te quedará algo bonito para colgar en la pared de tu casa.

Su madre pronto le trajo una caja de pinturas. Y Matisse, quien sentía una gran indiferencia por lo que su padre le había obligado a estudiar, narró:

—Cuando tomé la caja de colores supe que esa era mi vida. Me zambullí en ella como si hubiera encontrado una especie de paraíso, en el que estaba libre, solo, en paz…

Al salir del hospital, consiguió trabajo en otro bufete de abogados, pero también tomó clases de dibujo en la Escuela Municipal de Artes Decorativas Quentin de la Tour y se compró la popular joya para principiantes: el Manual general y completo de pintura al óleo, de Frederic Goupil.

—Era curiosa mi repentina sed pictórica, cuando en el tiempo que viví en París nunca visité el Louvre —expresó.

Al año siguiente, le dijo a su familia: —Voy a abandonar la carrera de

Leyes para ir a París a estudiar Arte. —¡Jamás! Esa es una idea descabe llada —gritó su padre.

Pero se mantuvo firme y venció la oposición de Emile Hippolyte, quien accedió a pasarle una mesada.

Imagen de la exposición Henri Matisse: The Cut-Outs, en el Tate Modern, en 2014.

Matisse se registró en la Academia Julien de París. En 1892 fue admitido en el estudio del pintor simbolista Gustave Moreau, donde conoció a Georges Henri Rouault y Albert Marquet.

Su formación se amoldó al estilo tradicional: dibujaba del natural y pintaba con colores oscuros.

Una pared del cuarto donde vivía era el refrigerador de su vecino carnicero y en el invierno de 1892-1893, cuando el río Sena se congeló y mucha gente murió de frío en las calles de París, Matisse tuvo que dormir varias veces en la casa de algún amigo para no perecer.

En esa época conoció a Camille Joblaud, una esbelta y bella joven de 19 años, del pueblo Le Veurdre en Allier, quien trabajaba en una tienda confeccionando sombreros para mujeres y en su tiempo libre posaba para los pintores.

“Bañistas en el río” fue parte de la muestra Matisse: Radical Invention 1913-1917, presentada en el MoMA de Nueva York.

Camille le contó: —Mi padre era carpintero y murió cuando tenía siete años. Entonces me internaron en una escuela de monjas, me enseñaron a coser y a bordar. Eso me fue útil para conseguir trabajo en París.

Según Matisse, Camille le impresionó por su rostro pálido, su larga cabellera oscura y sus grandes ojos negros, “los ojos de una verdadera odalisca”. Él tuvo una fantasía con las odaliscas desde la adolescencia, cuando vio a una hermosísima en uno de los circos que pasaban por su pueblo.

Camille era muy bella y admirada por la banda de prometedores pintores que andaban por las calles de la ciudad de París sin un centavo, pero ella prefirió a Matisse y comenzaron a salir mientras él estudiaba en la Escuela de Artes Decorativas. En marzo de 1894 el pintor obtuvo su diploma que lo calificaba para enseñar arte.

Mon amour

Camille descubrió que estaba embarazada y Matisse formalizó su relación. Pero él no se podía casar sin el permiso de su padre, al ser menor de 25 años.

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Octubre 20 - 2020