Gloria Vanderbilt – Belleza, sofisticación e inteligencia
Vanidades México|Julio 15 - 2019
Gloria Vanderbilt – Belleza, sofisticación e inteligencia

Modelo, actriz, diseñadora, empresaria, icono de estilo y heredera de un gran imperio, vivió según sus propios términos y jamás se permitió jugar un rol impuesto: el de “pobre niña rica”.

Por Rodrigo De Alba

Belleza, e inteligencia sofisticación

"Cree que su abuelo estaría orgulloso de ver su apellido en el trasero de tantas mujeres?”, le preguntó una periodista a fi-nales de los años 70, a raíz del éxito de su colección de jeans. La diseñadora contestó, entusiasta: “¡Desde luego!”. Y es que Gloria, haciendo a un lado los prejuicios, honrando su famoso apellido e incluso adelantándose por décadas al fenómeno de los influencers, prestó su nombre a una firma que hizo historia en el mundo de la moda. Si bien heredó una gran fortuna con la que bien pudo vivir sin mover un dedo, esta extraordinaria mujer no dudó en declarar que, para ella, el único dinero que contaba era el que había generado con su propia empresa. Hecho que, incluso, la llevó a tomar la decisión de no crear un fideicomiso para sus hijos, ya que así los obligaría a esforzarse para cumplir sus sueños.

"La necesidad de ser famoso es como una terrible enfermedad; no importa qué tan conocido seas, siempre quieres más”.

El peso de un gran nombre

Para entender la fascinación que ejerció hay que conocer el origen de su mítico apellido, uno que al igual que Rockefeller o Guggenheim es sinónimo de poder. Su historia se remonta al siglo XIX con Cornelius Vanderbilt, hijo de una pareja de humildes granjeros que creció sin mayor educación, lo cual no le impidió crear un imperio de trenes y barcos que hicieron del “Comodoro”, como era conocido, el primer estadounidense en amasar una fortuna de poco más de 100 millones de dólares, misma que heredó a su hijo William, quien dobló la suma llegando a ser el hombre más rico del mundo, patrimonio suficiente para mantener a varias generaciones, incluyendo a Reginald, el padre de Gloria y bisnieto del “Comodoro”.

Con 10 años, Gloria, heredera de la fortuna Vanderbilt, era conocida como “pobre niña rica”.

Millonario, alcohólico y jugador, Reginald se casó en segundas nupcias con la joven y bellísima María Mercedes Morgan, quien se hacía llamar “Gloria”. Al poco tiempo de unirse en matrimonio, un 24 de febrero de 1924, la pareja tuvo la dicha de ver nacer a su única hija: Gloria Laura Vanderbilt.

Al estilo de la realeza europea, los Vanderbilt tenían una curiosa idea de cómo educar a su hija: recurriendo al cuidado de terceros y entre más lejos de ellos, mejor. Razón por la cual no dudaron en dejar a la pequeña, aún de meses, en manos de “Dodo”, su niñera, solo para tomar seis meses de vacaciones en el Viejo Continente. Al poco tiempo, el alcohol pasó factura a Reginald, quien murió de cirrosis; la niña ni siquiera había cumplido dos años. Décadas más tarde, la reina de los pantalones de mezclilla confesaría que esas pérdidas y separaciones la marcarían de por vida, ya que crecería buscando las figuras de un padre y una madre.

Icónica modelo

Su exótica belleza, mezcla de Audrey Hepburn y Jeanne Moreau, su cuerpo delgado y esa natural elegancia que la distinguió, no pasaron inadvertidos y fue invitada a modelar. Comenzó a los 15 años en la revista Harper’s Bazaar. Ella confesaría que esta nueva e inesperada profesión le ayudaría a superar su entonces baja autoestima. Gloria fue musa de legendarios fotógrafos, como Cecil Beaton, Horst P. Horst, Deborah Turbeville y Richard Avedon. Incluso con poco más de 90 años posaba frente a la cámara.

Una extraña foto, pues sus padres Reginald Vanderbilt y Gloria Morgan casi no convivían con ella.

Mrs. Morgan, la viuda alegre

Joven, hermosa y, en teoría, rica, al perder a su esposo Mrs. Morgan se estableció en París, donde rentó una mansión para ella y una casa más discreta para su hija y “Dodo”. Su madre, la chilena Laura Delphine Kilpatrick, las acompañó. Gloria recordaría a su abuela como una mujer divertida, ingeniosa y obsesionada con la figura de Napoleón, pero nadie anticipó el verdadero papel que jugaría en su vida.

Instalada en el glamour parisino, Mrs. Morgan se encontró en su elemento; su vida social era intensa y sus entradas a los bailes de máscaras, en carruajes tirados por gladiadores, eran memorables. Con 20 años, la socialité (quien por cierto tenía una hermana gemela, Thelma, amante de Eduardo VIII, el príncipe que abdicó por otra escandalosa mujer de sociedad: Wallis Simpson) gozaba de una libertad que, quizás, en otras condiciones no habría tenido.

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Julio 15 - 2019