Lhasa El Hogar De Los Dioses
Viajar|Agosto 2019
Lhasa El Hogar De Los Dioses

Capital Del Himalaya. La Segunda Ciudad Más Alta De Asia (3.700 Metros Sobre El Nivel Del Mar) Es El Sueño De Todo Viajero. Capital De La Región Autónoma Del Tíbet, Tiene 1.300 Años De Historia Y Cuenta Con Algunos De Los Más Bellos Monumentos Construidos Por La Mano Del Hombre, Siendo El Más Conocido El Palacio De Potala, Residencia De Los Dalai Lama. Destino De Peregrinos Y Aventureros, La Capital Tibetana Encierra Un Universo Misterioso Y Un Mundo De Leyendas Alimentado Por Las Descripciones De Los Primeros Viajeros Occidentales Que Conseguían Alcanzarla.

Pedro Ceinos

Palacio Potala, culminado en 1648 y Patrimonio de la Humanidad.

Una de las escenas cul-minantes de la pelícu-la El filo de la navaja es cuando el prota-gonista, al fin de un camino lleno de penalidades, tiene ante su vista el maravilloso Palacio de Potala. Esa escena, repetida con formatos diferentes en toda película relacionada con Tíbet, ha fascinado a Occidente desde hace generaciones. Responde a una realidad anclada en nuestros anhelos más primitivos, que tras la ascensión y la superación de las dificultades al final se llega a la purificación de la ciudad sagrada. Esa escena arquetípica se repite cada año por cientos de miles de peregrinos que desafían valles y montañas para llegar a Lhasa, así como por unos cuantos miles de viajeros chinos y occidentales. Y en realidad Lhasa evoca en los corazones de los europeos todas las emociones asociadas al viaje, y como la Italia de los viajeros románticos, los inventores del turismo, sorprende por tal número y variedad de maravillas geográficas, culturales y humanas que a nadie decepciona. El viaje a Lhasa se está convirtiendo, por tanto, en el viaje por excelencia. Esa experiencia vital de la que uno regresa transformado. Ciertamente el viajero se encuentra en Lhasa más cerca del cielo, en sentido físico, pues es una de las capitales a mayor altitud, y espiritual, con experiencias que le llegan por todos los sentidos. La majestuosa figura del gran Potala se muestra ante los ojos del viajero en cuanto se acerca a la capital. Muchos observan desde la carretera, extasiados, un monumento que ven como una promesa de las experiencias que vivirán. Una promesa que siempre acaba por cumplirse. Es por eso que a mí me gusta visitar el Palacio de Potala lo antes posible, el día de llegada si puedo, pagar la deuda con mis fantasías nada más llegar, para poder sumergirme luego en la vida cotidiana de la gente, en sus callejuelas y templitos, cafeterías y mercados, en ese mundo fieramente humano que es la ciudad de Lhasa. El Palacio de Potala data de finales del siglo XVII. Fue construido por el Quinto Dalai Lama para gobernar desde allí la teocracia que con él se inauguraba sobre las ruinas de un antiguo castillo habitado ya más de mil años antes por el fundador del imperio tibetano: Sontsan Gampo. Situado sobre una colina, consta de dos partes: el Potala Blanco, sede de la administración temporal, y el Rojo, centrado en las actividades religiosas. Su visita se inicia con la subida por unas amplias escaleras talladas en la montaña hasta la entrada del Potala Blanco, donde destacan una serie de salas pequeñas y recogidas, bellamente decoradas, que proporcionan una familiaridad con la vida cotidiana de esos gobernantes divinos. El Potala Rojo, en cambio, con la gran sala de oraciones y las riquísimas estupas en las que se conservan, embalsamados, los cuerpos de pasados dalai lamas, despide un aire de grandeza y sofisticación impresionante. La estupa del Quinto, la mayor, fue construida con más de 3.000 kilos de oro y decorada con miles de piedras preciosas.

Mujer con sus hijos frente al monasterio de Sera.

LA MAJESTUOSA FIGURA DEL GRAN POTALA SE MUESTRA ANTE LOS OJOS DEL VIAJERO COMO UNA PROMESA DE LAS EXPERIENCIAS QUE VIVIRÁ

Pareja a los pies del Palacio de Potala.

EL ESTANQUE DEL DRAGÓN

Pero la visita al Potala no debe acabar con el propio palacio. La salida se suele realizar por la parte posterior, hacia el Parque Lukhang, con el estanque del dragón, formado donde se extrajo tierra para el palacio. Ahora cuenta en su interior con un pequeño templo (del mismo nombre) lleno de frescos preciosos. Los de la planta baja y la primera suelen estar abiertos al público; los de la segunda raramente se pueden ver, pues describen experiencias ascéticas y yóguicas cuya contemplación no se considera apropiada para todo el mundo. El Potala también tiene su cora, su camino de circumambulación ritual, que atraviesa el parque y que continúa hacia el este, donde hay tres capillas muy tranquilas en las que siempre rezan algunos peregrinos, y luego al sur, a la gran plaza desde la que se realizan las grandes fotos del Potala, a veces realzadas desde sus miradores o estanques. Detrás de la plaza está la colina de Chagpori, donde hay también interesantes lugares de culto y algunas cuevas con primitivos frescos y esculturas en su interior.

Mujer con vestido tradicional en la calle Barkor.

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