La canción de Trinidad
National Geographic Traveler en Español|Marzo 2019
La canción de Trinidad

Percusiones y baile, el canto de las aves y el sonido de las olas. Esta isla del Caribe marcha al ritmo de su propio tambor metálico.

Por Eric Felten. Fotografías de Aaron Huey

ESTRUENDO, ESTREPITO

El aire a mi alrededor palpita y se estremece con el sonido de los tambores metálicos. Me encuentro en Queen’s Park Savannah, un extenso parche verde en el corazón de Puerto España, capital de la nación isleña de Trinidad y Tobago, y apenas puedo moverme. A mi derecha, más de 100 músicos se encorvan sobre sus tambores, moviendo las manos en una ráfaga coreografiada mientras gol pean sus percusiones de acero. A mi izquierda, 120 más tocan con el mismo fre nesí. Frente a mí, otra orquesta de acero produce su propio estruendo mientras compite contra sus rivales.

Me encuentro tras bambalinas en la final de Panorama, competencia que reúne a las mejores bandas de acero de Trinidad el sábado previo al Carnaval. Diez bandas grandes se forman en la pista pavimentada que conduce al escenario del Grand Stand. Todas aprovechan para ensayar con fuerza y por última vez la pieza con la que competirán antes de que comience el concurso. Mis oídos procuran absorber el asombroso choque de ritmos y melodías, en parte porque el sonido es ensordecedor aun sin amplificadores. Es como si el modernista Charles Ives hubiera sido caribeño.

Muchos asociamos los tambores metálicos con el sonido carcaterístico del Caribe, una suerte de equivalente auditivo de un coctel con sombrilla. Sin embargo, este instrumento de percusión pertenece a Trinidad: una hazaña improbable de convertir barriles de petróleo desechados en instrumentos melódicos que se concibió en los barrios hostiles de Puerto España.

Llamado pan, el tambor metálico es un instrumento cuya maestría es engañosamente difícil. A diferencia del piano o mi instrumento, el trombón, donde las notas se disponen en línea, en este tambor un do no está a un lado de un do sostenido, sino en la parte opuesta. Esto desconcierta y, al mismo tiempo, cautiva al trombonista en mi interior. Siempre en busca de nuevos sonidos e ideas musicales para mi propia orquesta de jazz, me urgía conocer esta exhibición, la más intensa y alegre de tambores metálicos en el mundo.

Estoy en medio de un grupo de aficionados que vino a ayudar a su banda favorita a “empujar los tambores”. Los instrumentos descansan sobre repisas con ruedas mientras aficionados y percusionistas ruedan la batería por el pavimento hasta subirla al escenario. Me abro paso entre la multitud y busco reconocer alguna banda. Identifico a Phase II Pan Groove, una de las mejores bandas de acero “numerosas” de años recientes liderada por el “Mozart de los tambores”, Len “Boogsie” Sharpe. Los miembros de la banda, con exuberantes chalecos y gorras rojas, amarillas y verdes, muestran la confianza de ser los favoritos.

También encuentro a los Supernovas, banda recién salida del pueblo de Surrey, en la sierra norte. Hasta el año pasado solo habían participado en competencias de bandas pequeñas; ahora son 120 miembros y, en sus primeras semifinales de Panorama, casi superan a Phase II. También ayuda que su líder sea Amrit Samaroo, hijo de uno de los grandes pioneros del acero.

Compro una cerveza local Carib en uno de los puestos y me meto entre los fans hasta que no puedo avanzar más. Por lo alto, un cartel anuncia “Desperadoes”. A mi alrededor los aficionados no solo son más abundantes sino más intensos, al igual que la música. De algún modo, pese a lo abarrotado del lugar, la gente baila con los ritmos apasionados de Desperadoes Steel Orchestra.

Esta banda, a quien con cariño apodan Despers, conecta con los orígenes barriobajeros de las bandas de acero en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cuando ningún padre trinitense respetable permitía a sus hijos tener nada que ver con el instrumento. Como cuenta Carlton “Zigilee” Constantine, uno de los pioneros de las bandas de acero durante los años cuarenta y cincuenta del siglo xx, para ser un hombre de acero “debes ser un poco villano”. Las bandas solían pelear, a veces con violencia, por las chicas, el territorio y hasta las canciones. Encabezados como este eran frecuentes en el Trinidad Guardian de 1950: “Bandas de acero se enfrentan; usan fluidos corrosivos y sables”.

Los Desperadoes provienen de Laventille, un vecindario rudo marcado por la pobreza en la sierra que mira hacia Puerto España. Su persistente mala reputación aún es un barómetro de su autenticidad, claramente valorada por sus leales seguidores aquí en la pista. Algunos dicen que las peleas son el origen de la competencia Panorama, concebida para canalizar cualquier acto de vandalismo hacia algo más productivo cuando Trinidad y Tobago se independizó del Reino Unido, en 1962.

NO ES QUE EN TRINIDAD SE NECESITE un motivo para competir; los trinitenses convierten casi todo en un concurso. Entre las decenas de competencias que anteceden el carnaval figura una para “el rey del calipso” (mejor cantante de calipso) y “rey del soca” (mejor cantante de pop moderno derivado del calipso). Los trinis, como se autodenominan, incluso consideran el canto de las aves un deporte; no es de sorprender en una isla con más de 450 especies de aves, que honra al ocho veces rey del calipso llamado Mighty Sparrow. Una tarde en un parque vi a hombres amarrando jaulas a unos puestos; los pardillos en su interior comienzan a piar y silbar en lo que se conoce como “sesiones pardas”, que pueden durar todo el día y en las que se apuesta a qué ave cantará más.

El canto de las aves es atractivo y recompensa en el Centro Natural Asa Wright, un sitio de 97 hectáreas para observar plumíferos en la cresta de una montaña al este de Puerto España. Apenas bajo mi bolso del coche cuando me sobresalta el llamado ronco de un ave que no alcanzo a ver, seguido de lo que parece el claxon de un antiguo taxi parisino. Los grillos, las ranas y el vaivén de los árboles constituyen la música de fondo.

articleRead

You can read up to 3 premium stories before you subscribe to Magzter GOLD

Log in, if you are already a subscriber

GoldLogo

Get unlimited access to thousands of curated premium stories, newspapers and 5,000+ magazines

READ THE ENTIRE ISSUE

Marzo 2019