Hola, de nuevo

National Geographic Traveler en Español|Julio 2020

Hola, de nuevo
En el Pacífico Sur surgen descubrimientos de retornos felices.
Por P. F. KLUGE

Está oscuro afuera cuando el avión que proviene de Guam comienza a descender a Palaos. No puedo ver las islas del Pacífico, pero puedo sentir que esperan abajo. Puedo sentir la capa de aire caliente y pesado que me recibirá en el aeropuerto, oler el aroma del follaje tropical y, con la más leve brisa, el mar cercano. Pasaré por pueblos costeros y manglares, y cruzaré un puente para llegar a Koror, la ciudad principal. Me registraré en un hotel, tomaré un par de cervezas y me iré a la cama sabiendo que, mañana por la mañana, habrá una gloriosa bienvenida a un lugar del que nunca puedo despedirme.

Justo después del desayuno, mi esposa y yo conducimos a través de Koror hasta un lugar llamado Icebox Park, al borde del Canal de Malakal, donde nos estacionamos y contemplamos lo que se encuentra al otro lado del agua: el mayor regalo de Palaos, las islas Chelbacheb, unos 400 islotes coralinos. Socavados por el mar, tienen forma de hongo, son frondosos y difíciles de pisar o escalar. Cuando pasamos lento junto a ellas y las vemos una a la vez, son hermosas. Cuando las dejamos atrás parecen ser parte de un diseño más grande. “Paraíso”, en estos días, es una palabra que invita a la ironía. Pero esto lo es y los palauanos lo saben. Es su retiro, un escape de las multitudes, los autos, el ruido, el trabajo, la ambición y, tal vez, por un momento, la política. Necesitan las islas Chelbacheb más que yo. Y necesitan compartirlas. Una y otra vez, mi esposa y yo estamos invitados a regresar a las islas Chelbacheb, y nunca decimos que no. Sería un insulto.

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Julio 2020