Escape costero - Una costa en verdad salvaje

National Geographic Traveler en Español|Julio 2020

Escape costero - Una costa en verdad salvaje
Extendiéndose desde East London, en Cabo Oriental, hasta la frontera de KwaZulu-Natal, la Costa Salvaje hace honor a su nombre con playas desiertas del océano Índico, cascadas vírgenes y antiguas comunidades xhosas, muchas de las cuales aún comparten un estrecho vínculo con la tierra.

Estoy en el borde del planeta. Es de noche cuando llego a mi hostal en Morgan Bay y la oscuridad cubre el paisaje. Las únicas luces brillan desde el interior de la terraza y permiten que el cosmos resplandezca en un cielo sin luna. Está tan oscuro que la costa escarpada, donde tantos marineros han encallado, podría ser ficción, excepto por la sal en la brisa y el silbido rítmico de las olas que llega hasta mi habitación. La Costa Salvaje, pienso al dormir, es ciertamente salvaje.

Tras el desayuno me encuentro con mi guía Siseko y partimos en su camioneta. A la luz del día veo promontorios imponentes y playas vacías que dieron a esta parte del mundo su reputación de aventuras remotas. “¿Crees que es mágico? –me pregunta mientras conducimos–. Hay cascadas que caen hacia el mar y kilómetros de playas solitarias, con excepción de algunas vacas. Puedes conocer a un compañero xhosa y terminar en un pub del pueblo. La gente es acogedora. En la cultura xhosa decimos indwendwe ziyabukwa: un principio que tenemos sobre la hospitalidad, sobre dar a los demás lo mejor que puedes ofrecer”.

Seguimos hacia el río Kei hasta un destartalado ferry que cruza para entrar en la antigua región de Transkei, donde a pocos kilómetros de distancia, en el pueblo de adobe de Mvezo, nació Nelson Mandela.

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Julio 2020