ESPERANDO A GDAŃSK
National Geographic Traveler en Español|Octubre 2020
ESPERANDO A GDAŃSK
POLONIA BUSCA INSPIRACIÓN EN LA CIUDAD DONDENACIO EL MOVIMIENTO SOLIDARIDAD, HACE 40 ANOS.
VICTORIA POPE

DURANTE MUCHÍSIMO TIEMPO ASOCIÉ LA IDEA DE LA CIUDAD DE GDAŃSK CON MI DETENCIÓN POLICIACA. ERA EL 16 DE DICIEMBRE DE 1982 Y UN AÑO ANTES LAS AUTORIDADES COMUNISTAS HABÍAN IMPUESTO LA LEY MARCIAL.

En tiempos comunistas, el astillero de GdaÅ„sk empleaba hasta 20 000 trabajadores y fue el lugar de nacimiento de Solidaridad, el primer sindicato independiente del país. Astilleros más pequeños hoy fabrican yates de lujo, así como torres para turbinas eólicas.

Mostraban una atenuación a las restricciones mediante la liberación de Lech WaÅ‚Ä™sa, el líder sindical de Solidaridad, tras 11 meses de reclusión. Un vocero gubernamental, de manera engreída, lo describió como “el antiguo líder de un antiguo sindicato”. Estaba previsto que WaÅ‚Ä™sa diera un discurso ese día, y cerca de 40 de nosotros –corresponsales extranjeros, fotógrafos y nuestros asistentes polacos– estábamos amontonados cerca de la entrada de su conjunto de departamentos, a la espera de entrar para una entrevista.

Una marcha de mujeres, llamada Manifa, circuló por la Ciudad Vieja esta primavera mientras subrayaba preocupaciones feministas y ambientales con el eslogan “Las mujeres y la Tierra deben soportar mucho”. GdaÅ„sk, con su historia multicultural, ha apoyado desde hace mucho movimientos sociales progresistas.

Sin embargo, la policía nos impidió el acceso. Dado que Solidaridad estaba prohibido en ese momento, el discurso de WaÅ‚Ä™sa y nuestro intento por verlo se consideraban ilegales. La confrontación al principio fue alarmante: muchos polacos habían sido encarcelados durante la ley marcial, pero la tensión cedió su lugar al alivio cómico. Verán, yo tenía cuatro meses de embarazo y, en particular, lo polacos en nuestro grupo estaban indignados de que la policía me sometiera a estrés, no digamos que me detuviera, y así se lo hicieron saber. Pronto pareció que la mitad del conjunto de departamentos había oído que estaba embarazada. Las mujeres se detuvieron a vociferarle a la policía, que aceptó el regaño con bochorno silencioso. En esos tiempos, los polacos apoyaban a las autoridades, y debe haber sido catártico sermonear a estos representantes del poder acerca del correcto comportamiento polaco. De todos modos, nos zambutieron en camionetas sin ventanas y nos llevaron a la estación. Ahí nos advirtieron que nos mantuviéramos alejados de WaÅ‚Ä™sa y nos liberaron.

Hoy estoy de regreso en GdaÅ„sk. Han pasado 40 años desde las huelgas de agosto en el astillero, las cuales dieron como resultado el movimiento de Solidaridad y pusieron a Polonia en el camino a la democracia. Esas huelgas atrajeron al país a periodistas como yo para cubrir la revolución pacífica. Con sede en Varsovia durante tres años, reporté sobre el nacimiento del sindicato, que tendría 10 millones de miembros. Con una beca, en 1989 realicé una crónica sobre los acuerdos entre la oposición y el partido comunista que llevó a unas elecciones parcialmente libres y al triunfo aplastante de Solidaridad. Desde el entonces el país ha adoptado una nueva constitución, con la que protege la independencia del poder judicial y otras instituciones, aunque en la actualidad se considera ampliamente que el gobierno socava esos cimientos democráticos.

En este puerto del Báltico, con una historia de intercambio de mercancías, gente e ideas que se remonta a la Edad Media, quizá no la revolución, pero la rebelión sigue viva. La ciudad ha desafiado al partido Ley y Justicia en el poder, y se ha ganado una reputación de tolerante. Cuando Polonia se negó a aceptar refugiados como parte del plan de reacomodo de la Unión Europea, GdaÅ„sk dijo que los recibiría. Y cuando JarosÅ‚aw KaczyÅ„ski, líder del partido gobernante, llamó a la ideología LGBT una amenaza para la identidad polaca y una “enorme tormenta de maldad”, los funcionarios de la urbe prometieron proteger a las minorías sexuales.

SI GDAŃSK ES LA CIUDAD DE OPOSICIÓN, el Centro Europeo de Solidaridad es su corazón. Es un monumento vivo al sindicato y al legado de las huelgas, las cuales empezaron en la histórica Puerta Número 2 del astillero de GdaÅ„sk, también conocido como astillero Lenin. WaÅ‚Ä™sa tiene una oficina en el segundo piso. Cuando nos encontramos, lleva una camisa gris con la palabra KONSTYTUCJA. Tiene muchas versiones de esta camisa e incluso utilizó una en el funeral de Estado del expresidente George H. B. Bush. Su mensaje: el partido gobernante ha pisoteado los derechos constitucionales básicos. Los medidos controlados por el Estado también tienen palabras predilectas para WaÅ‚Ä™sa, que lo pintan como traidor y obsoleto.

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Octubre 2020