Conservación Lacandona
National Geographic Traveler en Español|Septiembre 2019
Conservación Lacandona
Una travesía por los ejidos del municipio chiapaneco de Marqués de Comillas, a lo largo del río Lacantún, en México, revela la vitalidad silvestre que aún perdura en los últimos rincones de selva sana que tiene el país.
Por Erick Pinedo​. Fotografías de Sergio Izquierdo

El sol surge para difuminar lentamente la neblina densa que flota sobre el río Lacantún, uno de los límites de la Reserva de la Biosfera Montes Azules, un santuario natural en el extremo oriente de Chiapas, México. A medida que la noche culmina, el canto de las aves y el alboroto de alguna guacamaya que irrumpe el perenne concierto de las cigarras reemplaza el rugido gutural de los monos aulladores sobre las copas de los árboles. El calor se agudiza y los haces de luz comienzan a penetrar las ramas altas del dosel forestal para alcanzar un suelo marcado por huellas de criaturas que momentos antes merodeaban las cercanías. Es el amanecer en la selva Lacandona.

Luego de tomar unos segundos para recordar dónde te encuentras, despiertas para observar la espesura de uno de los ecosistemas más complejos de México sobre tu cómoda cama matrimonial, detrás del vidrio que se levanta de piso a techo frente a tus pies. Decides ingresar a la regadera amplia de lluvia en el baño de tu habitación, mientras las hojas enormes de los árboles chocan entre sí en el exterior. Finalmente abres la puerta para salir y encontrarte inmerso en los últimos remanentes de selva prístina en el país.

Un sendero de piedra te lleva a la recepción del ecolodge Canto de la Selva, parte de un proyecto de conservación con 14 pequeñas cabañas privadas, zona de usos múltiples y terraza-bar en el ejido Galacia, un terreno donde cada temporada se brindan servicios como excursiones, navegación, hospedaje y alimentación.

La Reserva de la Biósfera Montes Azules, en la selva Lacandona, fue decretada zona protegida en 1978. Su conservación solo ha funcionado gracias a la participación de las comunidades locales en proyectos ecoturísticos a su alrededor, que ofrecen hospedaje, caminatas por la selva, navegación en el río y circuitos de tirolesa.

Luego de desayunar unos huevos a la chiapaneca –revueltos, con frijoles de olla, tostadas en trocitos, queso, cebolla, aguacate, crema y chile–, estás listo para planear tu primer exploración entre más de 1 600 hectáreas de selva que se conservan este ejido gracias a un Pago por Servicios Ambientales que promueve la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) través de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) para que los dueños de estas tierras acorraladas por la deforestación tengan suficientes recursos para su conservación.

En los últimos 50 años, México ha perdido la mayor parte de sus 10 millones de hectáreas de selva para crear campos de cultivo y ganadería, hasta dejar poco más de 10 % de su extensión original. Por ello, Natura y Ecosistemas Mexicanos –organización que trabaja en la conservación de Montes Azules desde 1986– comenzó una campaña de reforestación a lo largo del río para proteger y expandir el ecosistema circundante, lo que llevó a que la asociación buscara aliados en los ejidatarios cuyos terrenos aún mantienen parches de selva bien conservados.

Fue así como, bajo la tutela de Natura Mexicana, los ejidatarios dueños de territorios con selva se organizaron para crear cuatro Sociedades de Producción Rural, empresas mediante las cuales sus familia se han asociado para ofrecer servicios ecoturísticos y repartir las utilidades conforme a la superficie de selva conservada para asegurar la sostenibilidad ambiental de la zona.

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Septiembre 2019