Asturias, España

National Geographic Traveler en Español|Diciembre - Enero 2020

Asturias, España
Paisajes y sabores inesperados abundan en un viaje por esta sabrosa y sorprendente región de Iberia.
Por Bruce Schoenfeld

Para el séptimo tiempo, concluyo que no podría comer esto en ninguna otra parte del mundo. Estoy en las montañas de Asturias. Me han servido un plato de erizo de mar y jamón que une la costa y la cima de esta provincia norteña de España en un bocado. A dos mesas, José Antelo levanta su tenedor en señal de triunfo.

Antelo es controlador de tráfico aéreo en Barcelona. Su hermano Luis es juez de la suprema corte de Madrid. Viven en dos ciudades gastronómicas por excelencia; pueden disfrutar comidas memorables noche tras noche sin necesidad de abordar un avión. Pero tres o cuatro veces al año se reúnen para comer en Asturias.

¿Asturias? Esta región autónoma española a lo largo del golfo de Vizcaya, poblada de laderas arboladas, salpicada de pantanales y adornada con playas impolutas, no se ubica entre Madrid y Barcelona. Está a cientos de kilómetros de ambas. Cuando lo menciono, José ríe: “Estoy seguro de que sabes a qué venimos. En ningún otro lugar se encuentran tantos sabores y variedad en una región tan pequeña. Es como un país por derecho propio”.

Comemos en Casa Marcial, una antigua mansión o casona decorada con jardineras y techo de adoquín. El restaurante se erige en lo alto de un camino sinuoso en La Salgar, un poblado de montaña que huele a pino. La costa está 10 kilómetros al norte, hacia donde vuela la paloma torcaz asturiana. Sin embargo, La Salgar está tan incrustada en el interior montañoso y boscoso de la región que, me cuentan, muchos de sus residentes pasan toda su infancia sin conocer el mar.


Los atractivos de Asturias incluyen pueblos medievales como Llanes (der.) y los Picos de Europa (página anterior), uno de los principales parques nacionales de España, así como restaurantes de primera como Güeyu Mar, cerca de Ribadesella.

La familia Manzano abrió Casa Marcial a mediados del siglo pasado como un almacén general, donde se vendía aceite de oliva, sidra, alimento para ganado e incluso ropa. En 1933, a los 22 años, Nacho Manzano, hijo de los dueños, regresó de la costa para abrir un restaurante. A los amantes del buen comer, como los Antelos, les encanta Casa Marcial, que tiene dos estrellas Michelin. También a los lugareños, que visten informal para comer aquí. Pero nadie admira más la cocina asturiana moderna –mariscos frescos como almejas, pero también estofados espesos de la montaña, puros y ejecutados a la perfección– que otros chefs.

Esta noche de noviembre, seis chefs de toda España se reunieron para celebrar el 25 aniversario del restaurante. No solo para rendir homenaje, sino también para cocinarles a Nacho y otros 50 comensales, entre los que me encuentro. Comemos platillo tras platillo: jamón, conejo asado de la región y pepinos de mar, salados y chiclosos, que solo he comido en la costa española. Para cuando regreso a mi hotel en la montaña, en la costa de Gijón, ya son las cinco de la mañana.


Surfistas se deslizan sobre las olas para principiantes en la playa de San Lorenzo, orgullo de la ciudad portuaria de Gijón y una de las más populares de Asturias.

Al caminar por el dique, donde se congregan los surfistas durante los días de verano, siento el rocío y dejo atrás un bote de remos lleno de pescadores listos para zarpar antes del amanecer. Cuando contemplo el entorno y recuerdo el poblado de montaña en el que cené, entiendo la descripción de José Antelo: Asturias es un país en sí mismo.

Estoy de vuelta en Asturias después de muchos años. Llegué hace unos días por la carretera A-66 desde Madrid. El paisaje es un altiplano marrón invariable. Pero, en la punta norte de la pro vincia de León, entré al túnel del Negrón y salí a una tierra incomparable. Una curva en la carretera me llevó a un valle repleto de pinos y formaciones rocosas sobre pendientes vertiginosas. Vi casas con ventanas panorámicas. Muchas veces estos paisajes me recordaron más a Irlanda que a España. No hubo señal de demarcación cuando crucé León y llegué a Asturias. No importó. No era necesario.

Historia de dos ciudades

Me dirigía hacia la capital de Asturias, Oviedo, una ciudad compacta con apenas 22 000 habitantes, separada de la poco más extensa Gijón por los suburbios que se expanden de manera constante. Cada ciudad tiene su propia escena social; puedes ser un VIP en una y un completo desconocido en otra. Oviedo tiene los mejores museos. Gijón, la playa. Dos veces al año, los equipos de futbol Sporting de Gijón y Real de Oviedo materializan la rivalidad de las ciudades en un estadio abarrotado.

La mayoría de los turistas primero visitan Oviedo en busca de la mejor arquitectura prerrománica del mundo, 14 edificios bien conservados, entre ellos el alto y estrecho conjunto de palacios eclesiásticos del siglo ix, Santa María del Naranco. Tan pronto llego, emprendo el peregrinaje. Subo las escaleras sin barandal y entro a un espacio abovedado de piedra color café con leche. Solo hay una persona más aquí. Gruesos ventanales están tallados sobre los muros por donde entra la brisa. Me asomo entre una arboleda y veo cómo se extiende la ciudad.

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Diciembre - Enero 2020