Vacaciones – Colima – En busca de Rulfo

México Desconocido|Junio 2017

Vacaciones – Colima – En busca de Rulfo

Una visita a Colima, como suele ocurrir a los viajeros, cambió la vida de Dolores. Nunca imaginó encontrar similitud entre su historia familiar y la de aquel Pedro Páramo, dueño de casi toda Comala en la novela de Juan Rulfo.

Texto: Gabriela Guerra Rey. Foto: Herbey Morales

La gente solía decir que la Comala real y la de Juan Rulfo en Pedro Páramo en nada se parecían. Pero el año del centenario de su autor preferido y ese sexto sentido que, dicen, tienen las mujeres, convencieron a Dolores de emprender el viaje hasta Colima, estado ubicado entre los pies del Océano Pacífico y el corredor que llaman jaliscolimense, de donde, por cierto, parece ser originario Rulfo. Al atardecer en Manzanillo, el cielo estala en colores hasta que solo queda el tronar de las olas bajola luminiscencia de los barcos de cabotaje y la tenue luna.

LAS OLAS, LAS AVES

Su destino era Comala, sin embargo, como quien saborea una sorpresa que no sabe si va a ser la mejor o la peor de su existencia, decidió aterrizar primero en Manzanillo. Aquellas tierras le dejaron el alma en ascuas, por la estupefacción de lo desconocido y el regocijo de lo innombrable.

Recorrió las playas desde la Bahía de Santiago hasta la de Manzanillo, en cuyos crepúsculos el sol vive hasta pasadas las ocho. Las sombras la acompañaron por las orillas, donde quedaron bañistas y pescadores. El puerto de Manzanillo, pesquero de altura y cabotaje, es el más importante de México.

Luego de saborear un atún de las costas de Colima en La Cumparsita, decidió poner sus ideas en orden con la noche tranquila del Best Western Luna del Mar. Desde el balcón caían los últimos vestigios del atardecer. El sol declinó tras los barcos de cabotaje, y la vista estalló en grises, amarillos, rojos, azules, verdes, hasta que solo quedó el bramar de las olas.

Con estos recuerdos salados, amaneció Dolores, y con las viejas historias de aparecidos de Comala que le contara su madre. En el Rancho Peña Blanca, atrave sando la selva tropical, los humedales y manglares, hasta Playa de Oro, la esperaban las aves. Unas veces escuchó sus cantos y, otras, sus colores enhebraron el follaje o el cielo. “Este año han anidado en lo alto de los árboles”, le explicaron. Significa que no habrá huracanes. El poder predictivo de la naturaleza le acentuó la certidumbre de estar ligada a aquellos parajes. Sobre su cabeza volaban el carpintero mexicano, la cigüeña americana, el martín pescador, el gavilán caracolero, el zopilote, la fragata tijereta y muchos más, cuyos nombres se le escaparon de los labios.

En la selva tropical, como en los diversos ecosistemas de Manzanillo, escuchar, ver, imaginar al ave en la rama son un milagro inesperado.

LOS FANTASMAS DEL VOLCÁN DE FUEGO

Dolores lleva el nombre de aquella mujer que desposara Pedro Páramo solo para saldar deudas, y a quien le dejara en el vientre ese hijo, Juan Preciado, que huérfano fue a Comala a buscar y a cobrarle las cuentas al padre. Unas horas después de haber mojado los pies entre las aguas frías y las garzas blancas de la playa, la joven enrumbó hacia la tierra de las comaltecas en busca de una leyenda. Encontró un paraíso extendido sobre las faldas del Volcán de Fuego y el Nevado de Colima.

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Junio 2017