Tepic y Jala a la mano... con un poco de ayuda de Amado Nervo
México Desconocido|Marzo 2018
Tepic y Jala a la mano... con un poco de ayuda de Amado Nervo

Llegué a Tepic para descubrir el lugar donde nació el autor de Perlas negras y conocer el paisaje que lo había abrazado. Lo que me encontré fue una ciudad llena de secretos con un sabor particular que se intensifica tierra adentro.

Por Miriam Mabel Martínez

Mientras nos adentramos rumbo al volcán Ceboruco, recuerdo un verso de Amado Nervo: “Cada vez hallo la Naturaleza / más sobrenatural, más pura y santa”. Las palabras del poeta nayarita cobran vida frente al hogar de Titicache, “el guardián del Ceboruco”, como lo llama Raúl Lucachín, el brujo más importante de Jala.

La última erupción del Ceboruco fue en 1870, desde entonces solo exhala; sus fumarolas son dignas de verse. Desde las alturas, el valle se extiende, y además de la poesía de Nervo se adivina la de Alí Chumacero, también nayarita, de Acaponeta; las imágenes de Juan Rulfo cobran forma, pues apenas hace 100 años esta región estaba unida a Jalisco. Algo de aquella otra historia aún se siente. Las tonalidades del cielo se desprenden de la imaginería huichol y cora. Mi primera parada: Jala.

Probando un poco de todo: Jala

Cada lugar sabe distinto, así lo sentí al probar el jugo de caña en Jala, donde le agregan chile molido, una versión tan auténtica como los chiquigüites (canastas tejidas con metate) o el pan artesanal que hace la familia Chávez Parra. En Jala hay mucho que probar.

Antes de regresar a Tepic, me prometí tomar un tentempié en la Fonda Victoria, arriba del mercado, cuya vista de la basílica lateranense y de la iglesia de San Francisco de Asís construida en 1674’ merecen la pena; o en el Restaurante Los Monroy que presume una cocina “con el sazón de mamá”. ¿Cómo decirle no a unas gorditas de maíz con atole blanco? Por el momento, debo cumplir con la ofrenda al espíritu del Ceboruco que, como me dijo Lucachín: “Es ya tu protector”. La visita al Museo Comunitario tendrá que quedar pendiente. Quiero ver en la carretera cómo el cielo se traga al Cerro Sangagüey.

La jornada ha sido intensa, la tranquilidad de Jala contrasta el bullicio de la plaza principal de Tepic. Tengo antojo. La chef Alondra Maldonado me ha compartido sus favoritos: podría ir a El Farallón de Tepic o Loma42. Opto por la torta de pierna del restaurante Capistrano, dice Alondra que es deliciosa.

El algodón y Tepic, una relación de por vida

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