San Pancho, mi amor
México Desconocido|April 2018
San Pancho, mi amor

¿Existe un lugar que lo tenga todo? Sí, y aunque parezca increíble, creo haberlo encontrado: este rinconcito ubicado entre la Sierra Madre y el océano Pacífico ofrece a quien tenga la dicha de visitarlo todo lo que alma, mente y cuerpo pudieran desear. Acompáñame a conocerlo.

Por Karla Otero. Foto Gabriela Olmedo

Para mis amigos y para quienes me hacen el favor de seguirme, no es ningún secreto que entre mis zonas favoritas de México el primer lugar lo ocupa la costa de Jalisco y Nayarit. Cada vez que pienso en playa vienen a mi mente los increíbles atardeceres que nos regala el Pacífico. Y justo ahí -al sur de Nayarit- se encuentra San Pancho, un antiguo pueblo de pescadores que se ha convertido en un lugar de ensueño para quienes buscan descanso mientras son testigos de lo que se puede lograr cuando se vive rodeado de bellezas naturales y se tienen ganas de hacer de un sencillo pueblo un lugar idílico, un semillero de cultura y emprendimiento para la creación de espacios que reúnen lo mejor de nuestro país y su gente.

¿Cómo comenzó todo?

En la década de los 70, el expresidente Luis Echeverría visitó San Pancho y, enamorado de sus hermosas playas y de la tranquilidad del pueblo, decidió impulsar su desarrollo ordenando ahí la construcción de un centro agroindustrial conformado por varias bodegas donde se procesarían alimentos para la ahora desaparecida paraestatal Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo). Con el paso del tiempo, y tras la extinción de dicha empresa, las instalaciones quedaron abandonadas.

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Hoy las bodegas siguen ahí, solo que en lugar de mermeladas y embutidos, de ellas brotan proyectos comunitarios increíbles: una escuela de circo, vestuarios alucinantes y obras de arte que han convertido a San Pancho en un lugar como ningún otro. La semilla de este gran sueño la plantó Nicole Swedlow, que empezó, literalmente, juntando libros en una esquina del pueblo con la intención,no solo de fomentar la lectura, sino de crear comunidad integrando a los niños locales con los hijos de los extranjeros que llegaban a establecerse al pueblo. Este semilla, que ha –orecido y dado hermosos frutos, es ahora un centro comunitario en plena forma que se llama Entre Amigos y se dedica a dotar a los habitantes de las habilidades y conocimientos para mejorar el mundo en el que habitan, empoderándolos y permitiéndoles sacar lo mejor de cada uno. Ahí cualquiera puede ir a leer, a aprender algún oficio y hasta a emprender su propio negocio, todo con un absoluto respeto al medio ambiente y a la comunidad.

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