Ideas nuevas para gozar
México Desconocido|Febrero - Abril 2020
Ideas nuevas para gozar
San José del Cabo es mucho más que la experiencia del lujo extremo y el todo incluido. Fuera de los muros que contienen sus grandes hoteles, el arte y la naturaleza coexisten para ofrecer a sus visitantes recuerdos que se volverán tesoros invaluables.
Por Dafne Carballo

San José

DELCABO

La primera imagen que nos roba el aliento al llegar a la Baja Sur es, sin pensarlo, el brillo de la arena desértica que contrasta a la perfección con el azul de un mar inmaculado. Camino al hotel, nuestro rostro dibuja una sonrisa casi de niño al observar cactus de múltiples dimensiones resguardando —como gigantes indestructibles—, aguas de sal llenas de vida multicolor.

Tras un camino de 20 minutos, El Ganzo aparece. Hay algo casi cinematográfico en el letrero neón que lleva su nombre en combinación con su fachada minimalista, en la que sobresale una gran corona naranja pintada en la esquina superior izquierda por el artista Desmond Mason.

Basta cruzar el umbral de entrada para darse cuenta que dentro del hotel todo gira en torno al arte. Sus paredes son lienzos intervenidos por distintas manos, espacios que cuentan historias a través de la imagen, creando una burbuja donde la imaginación se ve estimulada constantemente. Esta singular galería es producto de un programa de residencias artísticas permanentemente abierto, en donde se invita a distintos creadores a salir de sus estudios y dejarse inspirar por el influjo del mar a cambio de que el registro de su obra se quede para siempre plasmado en algún espacio del hotel.

Recorrer El Ganzo es toda una experiencia en donde, dependiendo del nivel de tu curiosidad, es posible toparse con obra de artistas como Pedro Reyes, Ciler, Scarlet Baily, Lourdes Villagómez, Saner o Andrik Figueroa, entre otros. Las sesenta y tres habitaciones que lo componen son únicas, pues cada una ha sido intervenida por un artista distinto. A nosotros nos ha tocado el tapatío Javier Barrios. Atípico y sorpresivo, como lo es todo en El Ganzo, lo primero que encuentra la mirada al abrir la puerta de nuestro cuarto es una tina de baño que invita a abandonar el peso de lo cotidiano. La cama es inmensa de sábanas blancas y almohadas mullidas, y al correr las cortinas la vista al mar promete amaneceres y atardeceres perfectos.

La vida en El Ganzo es tan placentera que si bien podríamos quedarnos ahí dentro durante toda nuestra estancia, pero somos de la idea de que un lugar solo se conoce al convivir con su gente, así es que sin pensarlo mucho, a la mañana siguiente tomamos camino en dirección al pueblo.

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