Burbujas de granito
México Desconocido|Octubre 2016
Burbujas de granito

Escalar representa un reto personal y una actividad grupal al mismo tiempo. Paraíso nacional del búlder (o escalada en bloque), Peñoles atrae a quien busca en la inmensidad escuchar sus propios latidos.

Andrés Valencia Zambrano

Odio la lluvia. He huido de ella desde que tengo memoria. Todavía recuerdo con rencor abrir la puerta de mi casa para toparme con una pared de agua, y escuchar, derrotado, el mandato de mi madre: “ni pienses en cruzar el zaguán”.

Ahora no es su voz la que me impide salir, si no el golpeteo mecánico de las gotas de agua contra la tienda de campaña. Clac, clac, clac. ¿Llovió toda la noche? Alcanzo el cierre de la puerta y al abrirlo me invade la zozobra del mal tiempo. Todo está mojado: desde los pocillos y ollas junto al espeso lodo negro que rodea la fogata, hasta el árido suelo del desierto chihuahuense en el que acampamos.

LAS MAÑANAS

El aire frío y un suéter húmedo me despiertan de lleno mientras salgo de la tienda. Soy el primero en levantarse, así que me toca empezar a hacer el desayuno. Hot cakes y café, con un plato de cereal de postre. El aroma del café y las pausas cada vez más largas del sonido de las gotas de agua animan lentamente a los demás a salir de sus refugios de lona. Primero Rodrigo, con todo y sleeping, seguido de Matías y Martha, cuyo entusiasmo solo alcanza para abrir la puerta de la tienda. Uno a uno, los ocho fanáticos de la escalada en roca, que viajamos 12 horas de la Ciudad de México a Peñoles, enfrentaba su calado destino: no se va a escalar hoy.

Ayer no estaba así, tampoco antier. ¿Desde cuándo llueve en el desierto? El ubicuo sol del norte había dorado las primeras semanas del viaje, mientras el viento seco abarcaba todo. Para escalar era ideal: el frío aumenta la fricción que tienen las manos con los agarres, formaciones en la superficie de la piedra como pequeños bordes, hoyos y hojuelas, por los cuales se traza y sigue una ruta de subida, mientras que el aplomo del sol nos permitía estar cómodos al descansar.

LOS DÍAS

Aunque empezaban con un desayuno sin prisas a mediodía, los días parecían calmados y largos. Durante un rudimentario lavado de platos y sartenes con agua y papel, se iba elaborando un plan de acción. Tratábamos de visitar los proyectos de cada quien, rutas delimitadas de agarres en piedras específicas, donde el objetivo principal no solo es ascender, sino hacerlo de la manera más difícil posible, por lo que extendíamos, hasta muy entrada la noche, las horas útiles del día con lámparas portátiles. De regreso en el campamento, la frustración de unos y la inconmensurable alegría de otros, según quienes hayan logrado escalar su proyecto sin caerse, acompañaba una fogata adornada por un millar de estrellas en el cielo.

El día de hoy tiene un tono más sombrío. No es ninguna sorpresa: a nadie le gusta que su silla amanezca empapada, más cuando esa silla es en realidad una piedra y no una silla. Por suerte, en Peñoles se practica búlder, una modalidad que consiste en escalar piedras o bloques de entre dos y quince metros sin cuerda, así que siempre se llevan con colchones portátiles (crash pads): amortiguan las caídas y hacen las veces de camas y sillones.

EL PAISAJE

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Octubre 2016