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72 Horas En Lisboa Escapada

El encanto decadente de la capital lusa ha experimentado una profunda transformación y se ha convertido en un referente de creatividad, tendencias y nuevas corrientes artísticas. Lejos de querer morir de éxito, Lisboa avanza con paso firme a orillas del Tajo preservando su pasado, revolucionando el presente y encaminando el futuro

Txell Moreno

Si bien el atractivo de Lisboa era hasta hace poco un secreto a voces, en los últimos años la capital portuguesa ha aflorado (y de forma extensible, muchas otras zonas del país) para convertirse en la niña bonita de Europa. Su ritmo pausado, a la vez que provisto de una rica y vibrante oferta cultural, su carácter romántico lleno de energía y su tradición con pinceladas de vanguardia y arte urbano hacen de ella una ciudad tremendamente interesante. Para ahondar en Lisboa, iniciamos nuestro recorrido a bordo de un tuk-tuk –el mismo vehículo que te puedes encontrar por las calles de Bangkok, eso sí, mucho más pulcros–, rumbo al casco histórico cuya primera parada es la Sé, la Catedral de Lisboa. De estilo predominantemente románico, es una de las pocas edificaciones supervivientes de los terremotos e incendios que asolaron la ciudad en los siglos XIV y XVII, por lo que se ha restaurado varias veces dando como resultado una mezcla de estilos arquitectónicos. Durante la subida por la Rua de Santo Antonio da Sé nos llama la atención la cantidad de tuk-tuks que circulan por esta zona de la ciudad. A pesar del choque cultural que su presencia supone con el entorno, se han convertido en la mejor opción para sobrellevar los desniveles que regala la ciudad de las siete colinas y no colapsar esta zona de Lisboa. Seguimos hasta llegar al mirador Portas do Sol para ver la estatua de San Vicente, patrón de la ciudad, en Alfama. Y de allí subimos hasta uno de los puntos más altos de la ciudad (el monte San Gens) para disfrutar de una de las panorámicas más atractivas desde el mirador da Senhora do Monte, y sentir literalmente la ciudad a nuestros pies. Es momento de iniciar el descenso, y lo hacemos deteniéndonos en la iglesia de São Vicente de Fora y, a continuación, el Panteón Nacional. De nuevo sobre suelo adoquinado, nos disponemos a saborear su rica gastronomía en la taberna Bairro do Avillez, en pleno corazón de Chiado, donde encontramos una redefinición de los sabores lisboetas más tradicionales de la mano del reconocido chef portugués José Avillez. Tras la comida, y con las pilas recargadas, nos animamos a alquilar unas bicicleta para seguir el curso del río Tajo sobre dos ruedas. Atrás dejamos las colinas para enfrentarnos a un agradable paseo, apto para todas las edades, que nos acerca hasta el Museo de Arte, Arquitectura y Tecnología (MAAT), que en poco tiempo, desde su apertura hace poco más de dos años, se ha convertido en un emblema para la ciudad. Su innovador y vanguardista diseño, obra del estudio de arquitectura de Amanda Levete, representa una gran ola a orillas del Tajo, que se puede surcar desde diferentes ángulos, ya sea desde el mirador superior o desde sus escaleras laterales, así como ahondar en sus exposiciones y proyectos dedicados al arte y la arquitectura contemporánea. Un verdadero proyecto dinamizador de la zona que, junto al Museo de la Electricidad, situado al lado, logran aportar un valor añadido a la ciudad.

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Junio 2018