Las mujeres sauditas dirigirán el reino

Runner's World México|Octubre 2018 - 127

Las mujeres sauditas dirigirán el reino

Arabia Saudita prohibi los deportes femeninos durante dcadas. Ejercitarse en pblico ha sido durante mucho tiempo un tab cultural. Pero a lo ancho del reino, grupos de corredores en tnicas han tomado los caminos y las calles, demostrando que se aproxima un cambio.

Por Michelle Hamilton. Fotografías de Iman Al-Dabbagh

NEGREEN TIENE 43 años, elevados pómulos egipcios y rizos que rebotan mientras avanza entre la multitud de la noche. Seis metros adelante, 15 mujeres la esperan en el camino peatonal. Todas usan abayas, tenis deportivos y varias formas de atuendos para cubrir la cabeza, ya sea el Niqab o un Hijab suelto, y otras no utilizan ninguno. Las mujeres –madres, profesionales y estudiantes– nos sonríen y abrazan cuando llegamos. Éstas son las Mujeres JRC, una división del grupo local de corredores Jeddah Running Collective, el cual dirige Nesreen. Recientemente han lanzado un programa Couch to 5K para dar la bienvenida a los recién llegados, y aunque algunas del bloque de esta noche son miembros desde hace un par de años, muchas apenas se integraron.

“De acuerdo, reúnanse”, les dice Raghad Almarzouki, de 31 años, quien entrena al equipo JRC Women junto con Arwa Alamoudi, también de 31. “Correremos por el camino peatonal hasta la zona de césped y de regreso”, les dice, detallando la ruta de 5K. Agita la mano, “Yalla”. Y vamos.

Las mujeres comienzan a correr por el camino, hay una mezquita de un lado de la calle, una franquicia de Gold’s Gym para mujeres del otro. Hay parejas paseando mientras los niños corren por ahí. Un hombre se hinca sobre una alfombra de rezo. Mujeres con velos caminan con celulares en la oreja, y camionetas deportivas, automóviles de lujo y ocasionalmente un viejo Toyota pasa zumbando.

El momento parece normal con un grupo de mujeres saliendo a correr por la ciudad, excepto que este momento es revolucionario. El gobierno de Arabia Saudita, una monarquía que sigue una forma conservadora de ley Shariah, prohibió la educación física y el deporte para niñas, y a las mujeres formar equipos o participar en eventos deportivos. Cuando se fundó JRC a finales de 2013, el país no tenía grupos femeninos de corredoras.

Ahora, desde la ciudad de Jeddah en el occidente hasta la capital Riyadh, y hasta Khobar en el este, las mujeres están corriendo en las calles, reclamando un lugar y una actividad que durante mucho tiempo fue considerada inapropiada para su género. En cada ciudad la escena de las corredoras es una mezcla única de las mismas mujeres, los grupos de corredores y el clima político local. El denominador común: Las mujeres, y los hombres que las apoyan, están comprometidos en un avance en la cultura saudita respecto a los deportes femeninos.

“La sociedad saudita tradicionalmente ha visto que las mujeres se ejerciten en público como un tabú o algo impropio”, dice Mezna AlMarzooqi, profesora de salud pública en la Universidad King Saud en Riyadh, quien investiga los niveles de actividad entre las mujeres sauditas educadas y jóvenes. Tan recientemente como en el 2015, las mujeres que querían salir a correr una prueba de ocho kilómetros se preocupaban de ser observadas, agredidas o hasta detenidas por un Mutawwa, policía religiosa saudita que hace cumplir las estrictas costumbres de vestimenta y comportamiento modesto, incluyendo el mezclarse con el género opuesto. Históricamente el gobierno saudita consideraba que las interacciones entre mujeres y hombres que no estaban relacionados entre sí podrían llevar a un comportamiento inmoral. Por esta razón, Arabia Saudita se convirtió en el país más segregado por género en el mundo. Los restaurantes tienen secciones separadas para “solteros” (hombres) y “familias” (mujeres, niños y sus parientes masculinos). Algunos centros comerciales cuentan con pisos designados únicamente para mujeres. Casi todas las escuelas son de un solo género, al igual que las universidades. Hasta hace poco el gobierno no otorgaba licencias para abrir gimnasios femeninos.

Así que las mujeres corrían en caminadoras en el hogar. Tenían sesiones de yoga, Pilates, kickboxing y otras clases deportivas en sus hogares. También diseñaron soluciones creativas al asunto de las licencias ocultando un gimnasio tras una tienda de costura, o abriendo un centro deportivo en un hospital u hotel, donde no se requiere una licencia. Algunas mujeres se unieron a grupos de corredores o clases deportivas dentro de recintos con paredes –comunidades cerradas donde los trabajadores extranjeros tienen estilos de vida más occidentales.

De vuelta en el camino peatonal de Tahlia, Raghad espera hasta que todas la alcancen, y lleva al conjunto a una calle lateral. Corremos a lo largo de los altos muros, omnipresentes en Arabia Saudita para la privacidad, y eventualmente llegamos al ancho campo verde donde las mujeres se mueven con ejercicios de acondicionamiento –estocadas, sentadillas, balanceo de piernas– con el sudor brillando en sus caras. La corrida de regreso a lo largo del camino peatonal es más silenciosa, el calor, 24 grados Celsius y 70 por ciento de humedad al anochecer, resulta agotador para todas. Una mujer desacelera hasta caminar. Su hija sigue corriendo. Conforme termina la carrera, otra mujer se adelanta hacia un camión de helados. Después de chocar las manos en el aire, ellas se reúnen para la requerida selfie del grupo de corredoras. Unira Abdalwahid, de 30 años, alta, corredora segura de sí misma que ha sido parte de JRC por más de dos años, levanta su celular al cielo, encuentra las caras sonrientes y toma la foto.

SI LES PREGUNTAS a los occidentales sobre Arabia Saudita, probablemente responderán dos puntos: riqueza petrolera, y sus opresivas leyes y prácticas contra las mujeres. Sin embargo, las mujeres JRC no se incluyen en esto. Ellas tienen una alegría de vivir, una calidad ruda. Como Mashael AlShehri, de 22 años, una de las primeras mujeres miembros de JRC, dice: “No hay una ley que diga que las mujeres no pueden correr. Simplemente no es común, va contra nuestra cultura”.

He seguido al grupo JRC durante tres años, hablando y escribiendo con Mashael y docenas de otras mujeres y hombres, incluyendo a Nesreen, Raghad y Arwa. Han tenido la paciencia para explicar los matices de la vida saudita, y los desafíos y las alegrías de correr y trotar junto a hombres.

Me dijeron que aunque hay segregación entre géneros, se siente “normal”. Y que si bien correr con mujeres todavía no es muy común, la meta es convertir lo que parece radical en algo común.

“No pensábamos que era osado en aquel momento”, reconoce Rod, fundador de JRC. (Este hombre, que pidió que su apellido no fuera mencionado, fue encarcelado por la policía religiosa saudita en 2013 y 2014 por correr en público con mujeres). En 2011 comenzó a hacerlo en los caminos peatonales y cornisas de Jeddah, un paseo a lo largo del Mar Rojo, y se percató de que no había mujeres corriendo. Con la intención de cambiar eso, él y otros dos amigos abrieron páginas de Tumblr y Facebook, y lanzaron JRC como un grupo mixto en 2013. Rápidamente se dieron cuenta que no todas las mujeres sauditas se sentían cómodas corriendo con hombres, así que crearon JRC Mujeres.

Ambos grupos crecieron continuamente, primero 25 corredores, luego 50. La gente miraba fijamente a las mujeres. Algunos hombres les gritaban diciéndoles que se fueran, que no deberían estar corriendo. Aun así, cada semana, Rod y Nesreen respondían a quienes pedían información, y más mujeres y hombres se unieron a ellos.

Un día de marzo en 2016, un grupo mixto de JRC fue detenido por dos policías de la religión. Los oficiales les preguntaron a los hombres por qué estaban haciendo “esas cosas”. Rod me dijo: “Nosotros pensamos, ‘¿que cosas?’. Estamos calentando para nuestra carrera usual”. La policía detuvo a cinco corredores y se los llevó para interrogarlos.

“Era ridículo”, me comentó Nesreen. “Detenidos, ¿por qué? ¿Por promover algo que es bueno para los seres humanos?”.

Ninguno del bloque pensó en detenerse –correr ya había cambiado sus vidas. Nesreen había sido una fumadora de una cajetilla diaria consumida en su trabajo, su maternidad y su matrimonio cuando conoció JRC. “Me encontré a mí misma cuando empecé a correr”, señala. Ella trae a su hijo, Saif Al-Turki, de 19 años, cuando corre en grupo, y eso los ha unido más. La hermana de Raghad sufrió de depresión y sentía su hogar como un lugar oscuro. “Poder correr fue libertad”, dice. “Me salvó de encerrarme en mi propia depresión”. Para Arwa, correr le ayudó a tener más autoestima y confianza: “Retarte a ti mismo, conocer tus límites. Esto lo comprendí al correr”.

JRC continuó encontrando la línea entre el respeto a la cultura y el trabajo para cambiarla. Modificaron los entrenamientos mixtos de los martes a un lote baldío. En las carreras largas de los sábados por la mañana en la cornisa, los hombres y las mujeres comenzaban de lados opuestos y se saludaban cuando se cruzaban. A veces desaparecían en las montañas Hejaz, donde las mujeres podían correr sin abayas y no patrullaba la Mutawwa.

Pero para ese entonces, Arabia Saudita estaba cambiando. Más mujeres ingresaban al sector de negocios. Los jóvenes se reunían en cafés. La primera mujer había sido juramentada en el Shura, el Consejo Asesor del Gobierno Saudita. Un mes después del incidente de JRC con la Mutawwa, el gobierno le quitó a la policía religiosa el poder de arrestar. También anunciaron reformas radicales económicas y sociales en un plan llamado Vision 2030, que incluía un compromiso para fomentar más participación de todos en el deporte. Ese verano, Arabia Saudita envió a cuatro mujeres a los Juegos Olímpicos de 2016, y creó una nueva división femenil en su federación deportiva nacional.

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