Romario tiene onda

Futbol Total|Noviembre 2019

Romario tiene onda
Es el más chico de la familia Ibarra. "Y el más consentido". Jugaba descalzo a las orillas de un río, se formó en la escuelita del Tin Delgado y ya llegó a la selección. El volante del Pachuca sueña con jugar un mundial junto a su hermano Renato.
Entrevista: Guillermo Vite y Brenda Zamora. Fotos: Imago7 y Rodrigo Dic

Arracada en la oreja izquierda y el pelo ensortijado. Los jeans rotos y la playera hippie. Sus tenis son alucinantes. Un look muy cool, el de Romario Ibarra. Esa apariencia tan fresca y la sonrisa fácil y constante hablan de alguien que tuvo una infancia feliz.Llegó para el Apertura 2019 a reforzar la ofensiva del Pachuca. No le molesta que se le identifique como el hermano de Renato, volante del América; al contrario, siente orgullo. Eso sí, le gusta dejar claro que fue “el consentido” de los cuatro hermanos de la familia Ibarra Mina.

A sus 24 años recuerda con agrado el pueblo en el que creció: El Juncal, en el Valle del Chota, en medio de la sierra de los Andes. “Es un lugar muy bonito para criarse en armonía”.

Ahí vive gente humilde que se dedica a la agricultura y que, para divertirse, tiene su propio género musical: la bomba, “un ritmo parecido a la cumbia y a la salsa”, cuenta Romario. “Se baila en grupos con botellas en la cabeza, llenas de agua o vacías, el chiste es que se mantengan en equilibrio”. Ese ritmo pegajoso y alegre “hay que verlo para entenderlo y disfrutarlo”, especialmente en las fiestas de fin de año. “Tiene coreografías muy bonitas”.

El río Chota pasa por El Juncal que tiene también un punto futbolero de referencia conocido en todo Ecuador: un puente vehicular que pasa por encima de una cancha de futbol en la que han jugado figuras del balompié ecuatoriano. Ahí crecieron, entre otros: Agustín Delgado (alguna vez figura del Necaxa), Edison Méndez (exjugador de Irapuato y Santos) y, por supuesto, los hermanos Ibarra Renato y Romario.

¿Qué hacías en tus tiempos libres en El Juncal?

-Jugar futbol. Renato y yo estudiábamos en la mañana, pero en el recreo jugábamos futbol. Regresábamos a casa y a veces ni comíamos por salir a patear la pelota. Estábamos en la calle desde la una de la tarde y hasta las ocho de la noche. Después de jugar en la canchita nos íbamos al río que está al lado; a veces nos quitábamos los zapatos para echar una cascarita en las orillas porque su tierra es tan fina como la arena de playa. En ese río aprendí a nadar, pero ya bastante grande. Es muy difícil que alguien de El Juncal no sepa nadar, pero aunque no supiera, de todos modos iba con mis amigos. Nos divertíamos mucho.

¿Y dónde aprendiste a jugar?

-Mi hermano y yo tuvimos ayuda de la escuela de futbol de Agustín Delgado. Todos los niños del pueblito íbamos allí porque era la única en la que te enseñaban a jugar futbol. No necesitabas inscribirte, sólo tenías que ir a las citas y el entrenador te ponía a hacer ejercicios. Había balones y equipo apropia do. Usábamos unos zapatos marca Venus, económicos para la gente del Valle. Nuestros padres hacían mucho esfuerzo para comprarlos y nosotros respondíamos. Nuestro entrenador, Severo Rodríguez, nos decía a mi hermano y a mí que podíamos convertirnos en profesionales porque teníamos muy buenas condiciones. Yo me formé con dos compañeros que siguen siendo mis mejores amigos y juegan allá en Ecuador: Jonathan Borja, quien está brillando en El Nacional, y Jeison Chalá, que lo está haciendo en Universidad Católica. Recuerdo que cuando salíamos a jugar a Quito (a unas tres horas por carretera desde El Juncal) contra escuelas de equipos profesionales como Deportivo Quito y El Nacional, para nosotros era un sueño muy especial. En la escuela del Tin aprendí lo básico del juego: dominar el balón, la conducción; eso me preparó para ir a buscar mi sueño. Ahí jugué desde los seis hasta los 15 años cuando salí a Quito para integrarme a un equipo profesional.

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