El atractivo de los lugares fríos
National Geographic en Español|Diciembre 2019
El atractivo de los lugares fríos
Que otros gocen el trópico y el desierto. Hay gente recia que prefiere los sitios gélidos; mientras más fríos, mejor.
Por Kieran Mulvaney

EN ESTE DÍA HELADO en las costas de la bahía de Hudson, en Canadá, cinco personas recorremos la tundra a bordo de un vehículo especial en busca de osos polares. Una tormenta de nieve ha reducido la visibilidad casi por completo. Uno de nosotros observa que es como si paseáramos dentro de una pelota de ping-pong.

Nuestro buggy para la tundra se queda sin calefacción y, pese a repetidos intentos por repararlo, se niega a funcionar. Lo único que nos protege de los elementos es una delgada capa de vidrio y metal.

El sol se está poniendo. Hace frío.

Sin embargo, no corremos peligro. Estamos cerca de nuestro hospedaje con calefacción, incluso si, para cuando lleguemos, ya sintiéramos los efectos de los elementos. Nos hundimos dentro de nuestras parkas con aislante. Encontramos una botella de vino y otra de whisky. Contamos chistes sobre nuestra situación.

Hace frío, pero estamos contentos y esto es lo mío. La mayoría de los momentos memorables de mi vida consisten en soportar fríos entumecedores: recorrer el mar Ártico a bordo de un rompehielos, hacerles frente a tormentas antárticas, vivir en una cabaña en Alaska, pararme en el Polo Norte. Se trata de lugares y entornos en los que me siento en casa, los sitios que elegí para vivir o los que añoro visitar, los entornos a los que siempre regreso.

Esto no quiere decir que me guste el frío incondicionalmente. Hay noches en las que correteo en la nieve como un niño contento, extático por lo hermoso del invierno. Pero también hay días en los que coloco calentadores en las tuberías heladas de mi casa y desearía vivir, por ejemplo, en Hawái. No voy a negar que a veces mi parte favorita del invierno es cuando pronto será primavera. No soy el único, incluso entre los quinófilos (el nombre científico para los amantes del frío). “Me encanta la serenidad” de la vida en los climas fríos, dice mi amiga Alysa McCall, científica de Polar Bears International, residente de Yellowknife, Canadá (donde las temperaturas invernales alcanzan -40 ºC), y pasajera en el carrito gélido antes mencionado. Sin embargo, confiesa: “Por supuesto que he esperado el autobús en pleno invierno deseando que el aire no me lastimara”.

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Diciembre 2019