SECRETOS Y MISTERIOS DE LEONARDO Expedientes Da Vinci
Muy Interesante México|Especial Leonardo da Vinci
SECRETOS Y MISTERIOS DE LEONARDO Expedientes Da Vinci
¿Hay algún mensaje escondido tras la sonrisa de La Gioconda? ¿Qué misterios esconde La Última Cena? ¿Era su autor el guardián del secreto más controvertido de la Historia? ¿Oculta su escritura códigos cifrados? Las interrogantes y especulaciones se acumulan sin fin en torno al genio florentino.
Laura Manzanera

MUCHAS HIPÓTESIS. La expresión del rostro de la Mona Lisa se ha atribuido, entre otras causas, a la posibilidad de que unos músicos la entretuvieran mientras posaba, como refleja Cesare Maccari en este cuadro de 1863.

Jesús y María Magdalena, una sociedad secreta, el Santo Grial, templarios y cátaros, la Biblia y los Evangelios gnósticos... se agita bien, se le añade una buena dosis de arte renacentista y aparece un best seller de éxito mundial. El código Da Vinci, de Dan Brown, puso en el candelero al Leonardo más mis terioso, aunque la idea de que su obra esconde secretos no empieza ni acaba en dicha novela.

El gran mérito de Dan Brown fue difuminar la línea que separa realidad y ficción. Pero ¿y si realmente los cuadros del genio renacentista fueran una tapadera, los depositarios de mensajes velados que sólo los elegidos conocen? El controvertido Leonardo fue una rara avis, en su tiempo y ahora. Sus contemporáneos lo consideraban una especie de mago, un genio excéntrico, un brujo capaz de lo imposible. ¿De dónde viene esa fascinación por buscar arcanos en sus cuadros y escritos? Para averiguarlo, lo mejor es empezar por su lienzo más universal: la mujer de la eterna sonrisa.

Mil Giocondas en una

Parece mentira que tantos misterios quepan en los 77 x 53 cm de La Gioconda. En primer lugar, nadie sabe quién posó para Leonardo, ni siquiera si fue alguien real o fruto de la imaginación del artista. Según la versión oficial, la que dio el historiador del arte Giorgio Vasari tres décadas después de la muerte de Leonardo, la modelo fue Lisa Gherardini, esposa de un comerciante florentino, Francesco del Giocondo. No es ni de lejos la única candidata. Se ha hablado de Isabel de Aragón e Isabel de Este, de una amante del pintor, de su madre, de un hombre travestido (tal vez el mismo Leonardo)... ¿o acaso quiso plasmar una figura andrógina, la fusión entre varón y hembra como el estado ideal que buscaban los alquimistas? Eso defiende Dan Brown.

Se baraja incluso la posibilidad de que se tratara de una mujer fallecida. La teoría del historiador Roberto Zapperi señala a Pacifica Brandani, amante de Giuliano de Médici y con la que este incluso habría tenido un hijo ilegítimo.

Tras el fallecimiento de ella, se habría encargado el retrato para que su vástago conociera qué aspecto tuvo. Al carecer de máscara mortuoria, Leonardo debió tener gran libertad a la hora de reproducirla.

Ciertos expertos hablan de la “pista falsa” de Vasari. Aseguran que Leonardo realizó el encargo de Giocondo y luego hizo una copia idealizando los rasgos, pintando así dos retratos de la misma mujer. Eso serviría para explicar por qué dedicó tanto tiempo a una dama de categoría menor, como prueban su sobriedad, el vestido sin adornos y la ausencia de joyas. Así, el retrato que Vasari menciona, el que estaba en poder del rey Francisco I de Francia —junto al que Leonardo pasó sus últimos años—, nada tendría que ver con el del Louvre.

Teoría seductora, aunque quizá novelesca en exceso. Al menos eso parecía antes del descubrimiento de la gemela del Museo del Prado en 2012. Tras su restauración, bajo su fondo en apariencia inexistente, negro de mugre y pigmento, emergieron los colores originales, exactos y nítidos. Pero al margen de la semejanza, no se trata de una imitación perfecta. Para los entendidos, nada tienen que ver la calidad del drapeado de la ropa, los rizos que caen desde el velo, la inimitable sonrisa y sobre todo los ojos, que en la supuesta réplica están alineados, como si la modelo estuviera de frente y no ligeramente ladeada. De las investigaciones se deduce que un discípulo de Da Vinci pudo ir documentando La Gioconda mientras el maestro la pintaba. Sería, pues, una copia en streaming, en tiempo real.

LA OTRA GIOCONDA. Hasta que en 2012 se terminó su restauración, se pensaba que esta copia, resguardada en el Museo del Prado de Madrid, era muy posterior al original; sin embargo, cada vez parece más claro que se trató de una versión ejecutada a la vez que la de Leonardo, quizá por alguno de sus discípulos.

¿LOS RESTOS DE MONA LISA? En 2012 los arqueólogos comenzaron a estudiar tres cuerpos hallados en el convento de Santa Úrsula, en Florencia, donde se supone está enterrada Lisa Gherardini, la modelo del mítico retrato pintado por Da Vinci. Los trabajos, que aún no han concluido, buscan reconstruir su rostro y cotejarlo con la pintura.

Un caso que sigue abierto

Dos cuadros y también dos nombres: La Gioconda, en París, surgida de la imaginación de Leonardo, y la Mona Lisa, en Madrid, el fiel retrato hecho por alguien de su taller. Y para complicar más el asunto, se habla de que en un vértice de este último se halló una huella dactilar que habría que analizar. El caso del cuadro más famoso del mundo sigue abierto. Parece todavía por llegar su CSI definitivo, aunque ya se han hecho los primeros pasos.

Entre ellos, los de Silvano Vinceti, presidente del Comité Nacional para el Patrimonio Cultural de Italia, reacio a la teoría de Lisa Gherardini. Sus pesquisas darían para una prometedora secuela de El código Da Vinci. En 2010, tras someter el lienzo a un escáner de alta definición, concluyó que Leonardo pintó en los ojos diminutos números y letras que, ocultos a la vista del espectador, podrían revelar la identidad de la modelo. En la pupila derecha aparecían las letras “LV”, que podrían corresponder a las iniciales del autor, y en la izquierda símbolos que parecen las letras “CE”, o bien una “B”. Vinceti halló, tras el cuadro, los números “149” con un cuarto dígito medio borrado, lo que sugiere que Da Vinci lo pintó cuando estaba en Milán, en la década de 1490. Por eso la modelo habría sido otra, quizás una mujer de la corte de Ludovico Sforza, el duque de Milán a cuyo servicio estuvo el florentino.

El más reciente paso de Vinceti y su equipo ha sido examinar los restos mortales de tres cuerpos del convento de Santa Úrsula de Florencia, donde se supone está enterrada Lisa Gherardini. El estudio incluye la prueba del carbono-14 para datarlos, un análisis histológico que proporcionará su edad, un examen de metales para verificar la presencia de alguna enfermedad y pruebas de ADN. El objetivo es reconstruir el rostro y compararlo con el del Louvre.

Igual de enigmático resulta el paisaje de La Gioconda. Para empezar, no hay ni una planta o un animal. Ambos lados no coinciden: si se retirara la figura, los bordes estarían desajustados. Y, lo que resulta más extraño: el personaje y el fondo tienen distintas perspectivas.

LA CARACTERÍSTICA escritura especular de Leonardo, para algunos encriptada, puede verse en esta página del Códice Ashburnham.

LOS MOTIVOS DE SU ESCRITURA CIFRADA

Leonardo escribió más de 13,000 páginas de apuntes caóticos, entremezclando los temas más dispares y combinando dibujos y notas. Casi todas sus anotaciones están redactadas de derecha a izquierda, al modo oriental, y con frecuencia empleaba signos de su invención. Podría haber sido su peculiar manera de encriptar la información para despistar a los sabuesos de la Inquisición, aunque con ello también podría haber tratado de evitar que plagiaran sus inventos y máquinas, con cuyos revolucionarios diseños se adelantó cinco siglos a su tiempo.

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