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Medicina Humana Y Medicina Veterinaria - Un Rebano De Enfermos
Medicina Humana Y Medicina Veterinaria - Un Rebano De Enfermos
Adicción a las drogas, cáncer, enfermedades cardiovasculares, obesidad, depresión… Estos padecimientos existen en el reino animal y la medicina humana podría avanzar mucho si aprendiese de los hallazgos realizados en la investigación de los problemas veterinarios.
Joana Branco

El 27 de noviembre de 2009 tres ratones regresaron a la Tierra tras pasar 91 días en la Estación Espacial Internacional (EEI). Ningún animal, a excepción del ser humano, había permanecido tanto tiempo en el espacio. Tras su aterrizaje, científicos europeos y japoneses estudiaron a los roedores para averiguar cómo lo que experimentaron allí arriba podría beneficiar a los astronautas que se embarcarán en futuras misiones interplanetarias. Una de las primeras conclusiones fue que a los astronautas se les debería dar la opción de poder conservar su semen antes de emprender el viaje, ya que la producción de esperma en el espacio disminuye 90%.

La medicina humana puede aprender mucho de los animales. En la primavera de 2005, Curtis Eng, veterinario en jefe del zoológico de Los Ángeles, recibió una llamada de emergencia. Un tití emperador llamado Spitz buben estaba sufriendo lo que parecía un infarto. Eng corrió hasta la jaula donde estaba el primate, pero no contaba con la experiencia suficiente para tratarlo, así que decidió llamar a un experto en infartos, aunque fuera médico de humanos: Barbara Natterson-Horowitz, cardióloga del Centro Médico de la Universidad de California en Los Ángeles. La doctora estaba ya preparando la anestesia para Spitzbuben cuando Eng le avisó que no debía mirar directamente a los ojos al animal. “Le provocarás una miopatía de captura”, le dijo.

Tratando el enfermo corazón de Spitzbuben, NattersonHorowitz descubrió que la miopatía de captura es un síndrome desencadenado por una situación de estrés emocional intenso y que puede provocar la muerte por infarto en muchos animales; pero lo que más le sorprendió fue descubrir que esta enfermedad también existe en los humanos con el nombre de miocardiopatía de Takotsubo. Había sido descrita apenas hacía unos pocos años, mientras que los veterinarios conocían su versión animal desde hacía décadas.

No es el único ejemplo de enfermedad humana que también existe en el reino animal. El melanoma se ha diagnosticado en pingüinos y búfalos. Los renos de Siberia son adictos a la Amanita muscaria, la conocida seta alucinógena de sombrero rojo y motas blancas. Los caballos sementales se automutilan. Y muchos gorilas están muriendo víctimas de una enfermedad en la que la aorta se rompe, el mismo mal que acabó con la vida del actor estadounidense John Ritter, el angustiado padre de Junior en Mi pobre diablillo (1990).

El hilo que nos une

Todos los seres vivos del planeta tenemos un antepasado común. Nos guste o no, somos muy parecidos a nuestros amigos peludos de cuatro patas, a los anfibios y a las aves. Compartimos 70% de nuestro ADN con una esponja de mar y 98.6% con el chimpancé. Las enfermedades que aparecen en una especie son similares, o incluso idénticas, a las que se observan en otras. Si médicos y veterinarios son capaces de tratar a unos, podrían emplear las mismas herramientas –o al menos parecidas– para curar a los otros.

Veterinarios y médicos no siempre han estado separados como ahora. A principios del siglo XIX no era extraño que el médico del pueblo tratase tanto a las personas como a los animales, pero a comienzos del siglo XX la urbanización y el auge de la educación académica empujaron a los veterinarios a las zonas rurales mientras los centros médicos proliferaban en las ciudades.

Una misma mirada

Hace una década, Jean Bennett, una oftalmóloga de la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania (EUA), utilizó la terapia génica para devolver la visión a tres perros con un trastorno similar a la amaurosis congénita de Leber, una enfermedad degenerativa de la retina de origen genético que afecta a una de cada 35,000 personas. A principios de este año, Bennett y su equipo publicaron un estudio en la revista Science Translational Medicine en el cual explicaban cómo, aplicando un tratamiento similar al empleado en los canes, lograron restaurar la visión de tres personas que portaban los mismos defectos genéticos que los perros.

Este año, Michael Guy, veterinario en la Morris Animal Foundation de Nueva York y director del Canine Lifetime Health Project, ha empezado a reclutar a tres mil participantes para el que es, probablemente, uno de los estudios científicos más ambiciosos de la última década. Está enfocado en el cáncer y en una población que tiene 60% de riesgo de desarrollar dicha enfermedad: los perros de raza golden retriever.

Atribuimos la prevalencia de determinadas enfermedades a hábitos humanos modernos y nocivos como fumar, beber y tomar el sol en exceso, pero el cáncer también es común en los animales. El objetivo de Guy es realizar un seguimiento de cada perro a lo largo de toda su vida. Él y su equipo medirán la exposición de los canes al humo del tabaco y a productos de limpieza para el hogar y analizarán a qué distancia viven de líneas eléctricas y autopistas, su alimentación y el tamaño de las porciones que ingieren. También analizarán el ADN de cada can y los compararán entre sí y con el de Tasha, la bóxer de la que se obtuvo en 2005 el primer genoma canino completo.

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Octubre 2019