MICROBIOLOGÍA DE ORGANISMOS EXTREMÓFILOS: EL MUNDO OCULTO BAJO EL OCÉANO

Muy Interesante México|Julio - 2020

MICROBIOLOGÍA DE ORGANISMOS EXTREMÓFILOS: EL MUNDO OCULTO BAJO EL OCÉANO
Una treintena de científicos a bordo del buque de investigación JOIDES Resolution busca descifrar en la cuenca de Guaymas, en el Golfo de California, hasta dónde se expanden los límites de la vida.
Sarai J. Rangel

Parado en la cubierta del buque de exploración JOIDES Resolution, Andreas Teske esperaba ansioso. Pronto, la imponente torre de perforación de 60 metros de altura montada en medio del barco dejaría de taladrar el lecho marino y subiría a la superficie su valiosa carga: muestras de sedimentos extraídos de las profundidades del subsuelo de la cuenca de Guaymas, en el mexicano Golfo de California. Lo que para la mayoría podría parecer simple lodo, para Teske, un reconocido microbiólogo de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill (Estados Unidos), es la entrada a un universo oculto al interior del suelo oceánico poblado por excepcionales criaturas microscópicas para las cuales cosas considerados indispensables para la vida, como la luz solar o el oxígeno, no son necesarias. De hecho, han prosperado durante millones de años enterradas en un ambiente donde se suponía que nada debería poder vivir.

Saber cómo logran adaptarse a su inconcebible “hogar” es la razón de que Teske haya pasado las últimas dos décadas estudiando el fondo de los océanos. La cuenca de Guaymas, en particular, ha resultado un sitio privilegiado para el estudio de estos seres. “Guaymas es un laboratorio natural ideal para investigar los límites de la biósfera; es decir, hasta dónde se extiende la vida dentro de los sedimentos del suelo marino”, dice Carles Canet Miquel, investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien ha estudiado la geoquímica y los minerales de este lugar. Para llegar hasta donde se hallan esas bacterias y arqueas amantes de las condiciones extremas (de ahí que se les llame organismos extremófilos), los científicos deben bajar los más de 1,600 metros de profundidad del golfo californiano (que alcanza hasta 2,000 metros en algunas zonas); luego, con equipo altamente sofisticado, taladrar cientos de metros más, ahora dentro del subsuelo marino. Si todo sale bien, algunos de estos extraordinarios y antiguos organismos llegarán intactos a la superficie y podrán estudiarse. “Estos núcleos o testigos de perforaciones del fondo marino son la única evidencia que tenemos de los procesos que están ocurriendo y que sucedieron en el pasado geológico a cientos de metros debajo de la superficie”, explica Fernando Núñez Useche, del Instituto de Geología de la UNAM. Son contadas las embarcaciones capaces de tal hazaña; el JOIDES Resolution (JR, para abreviar), el buque donde Teske y una treintena de especialistas provenientes de todo el orbe se embarcaron entre septiembre y noviembre de 2019 para explorar Guaymas, es una de ellas.

“Es impresionante, el JR es prácticamente un instituto de investigación flotante”, señala Ligia Pérez Cruz, paleoceanógrafa del Instituto de Geofísica de la UNAM y una de las mexicanas que el año pasado formó parte del grupo científico que acompañó a Andreas Teske en la Expedición 385 “Cuenca de Guaymas” a bordo del navío. “En el JR se encuentran diversos laboratorios y una gran cantidad de equipos de vanguardia para llevar a cabo un proyecto de esta envergadura”. Dirigido por el Programa Internacional de Descubrimientos del Océano (IODP, por sus siglas en inglés), una colaboración internacional para la investigación marina financiada por alrededor de 20 naciones, el buque JR es a la investigación oceanográfica lo que el transbordador Discovery a la astronáutica: un logro de la ingeniería moderna capaz de llevarnos a un hábitat insospechado bajo el fondo marino.

Los conocimientos que los investigadores extraigan de este sitio serán fundamentales para entender la biodiversidad inexplorada del océano profundo. Incluso podrían modificar el actual enfoque para buscar vida en otros planetas. Con microbios procesando compuestos químicos nocivos como el azufre o el metano y viviendo a temperaturas increíbles, aquí mismo, en nuestro “patio trasero” terrestre, las opciones sobre dónde puede existir la vida se multiplican.

Como escribió Andreas Teske en un editorial de la revista especializada Frontiers in Microbiology el pasado febrero: “El ecosistema microbiano extremo siempre aparece en el fondo o brilla a través de él”.

Una cocina en el fondo marino

Para quienes investigan el océano y sus profundidades, formar parte de la tripulación de científicos del JR es una experiencia invaluable. Este barco equipado con instrumentos de última generación es heredero de una serie de históricos programas de perforación oceánica que exploran los mares del orbe desde hace medio siglo.

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