MEDIO AMBIENTE ¿QUÉ HACEMOS CON NUESTROS ZOOLÓGICOS?

Muy Interesante México|Marzo - 2020

MEDIO AMBIENTE ¿QUÉ HACEMOS CON NUESTROS ZOOLÓGICOS?
Los más críticos señalan que no son más que prisiones donde los animales llevan una vida precaria. Sus defensores, sin embargo, argumentan que son básicos en la conservación de la biodiversidad y la supervivencia de muchas especies, aunque reconocen que muchos deberían actualizarse.
Joana Branco

PARTE I

TIEMPOS MODERNOS

Los parques zoológicos no pasan por su mejor momento. Cada vez son más los críticos que denuncian las supuestas malas condiciones en las que viven los animales y otros señalan que en los últimos años parecen darse más ataques de estos hacia sus cuidadores. En 2017, por ejemplo, un tigre devoró a una mujer en el Hamerton Zoo Park, en Cambridgeshire (Reino Unido). Un año después, un león del Conservators Center de Burlington, Carolina del Norte, protagonizó un caso similar. La tormenta mediática ha arreciado en los últimos tiempos, y así han surgido algunas iniciativas ciudadanas que proponen reconsiderar los proyectos que se llevan a cabo en estas instalaciones e incluso, en algunos casos, desmantelarlas. En España, una de ellas, ZOOXXI, plantea transformarlas “en un espacio para dar cobijo, atención, asistencia y oportunidades a animales que hoy no la tienen, a animales heridos, incautados de explotaciones, abandonados”, y ha centrado su atención en el parque zoológico de Barcelona, para el que pide una profunda reconversión. No obstante, buena parte de la comunidad científica rechaza el fondo de sus argumentos.

Alex Rübel, director del zoológico de Zúrich, al que se considera uno de los mejores de Europa, explica: “Nuestra relación con los animales no es sólo una cuestión de ciencia; se trata de verlos como nuestros compatriotas en el planeta”. Lejos de abogar por el cierre de los zoológicos, Rübel sostiene que hoy realizan funciones muy importantes.

Xavier Manteca, catedrático del Departamento de Ciencia Animal y de los Alimentos de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona, también se declara acérrimo defensor de estos centros. “A veces se dice que los zoológicos no tienen razón de ser en la actualidad, pero no es cierto. Atraen a muchísimos visitantes y juegan un papel relevante, tanto en la educación del público como en la conservación de la biodiversidad”, indica Manteca.

UN MACACO ALBINO contempla a los visitantes del Pata Zoo, en Bangkok, Tailandia, desde el interior de su jaula. Ese zoológico, parte de la tienda departamental Pata Pinklao, es blanco constante de críticas de los defensores de los derechos animales.

Espacios de sensibilización

“Hay estudios que demuestran que tras pasar por uno, el porcentaje de personas que se muestran sensibles hacia los problemas medioambientales aumenta. También crece el porcentaje de quienes están dispuestos a hacer algo al respecto. Por lo tanto, creo que cuando sugerimos que los zoológicos pueden contribuir a la educación de los ciudadanos, no estamos dando sólo nuestra opinión, sino que hay datos que muestran que en efecto es así —señala este experto, y añade—: Además hay muchos ejemplos de especies que habrían desaparecido si no fuera por ellos, y por desgracia, la necesidad de la conservación ex situ (esto es, en estas infraestructuras) va a aumentar en los próximos años. Esto último, por supuesto, no quiere decir que haya que sustituir la que se hace en la naturaleza. De hecho, eso sería lo ideal, pero en muchos casos, los zoológicos contribuyen enormemente a la supervivencia de las especies”.

La citada iniciativa ZOOXXI no comparte esta visión: aboga por impedir la reproducción de cualquiera de ellas que no sea susceptible de ser reintroducida en su hábitat natural —hoy, apenas serían 11 de las más de 300 que alberga el zoológico de Barcelona—; el parque vendría a convertirse en algo similar a un centro de rescate de la vida salvaje. Para Manteca, semejante plan peca de ingenuidad y presenta numerosos errores. “Una de las premisas del proyecto es que la cautividad es intrínsecamente mala porque causa sufrimiento en los animales, pero creo que se trata de una premisa falsa”, recalca.

“La investigación sobre bienestar animal no es algo nuevo. Se lleva haciendo desde los 60 y nos ha permitido contar con una serie de indicadores para evaluar este asunto. Las pruebas muestran que los animales pueden estar bien en los zoológicos. Ello, claro está, no significa que todos lo estén en todas partes. Por ello, insisto en la contribución de los buenos zoológicos —dice Manteca—. Entre otras cosas, estos son los que garantizan su bienestar, y eso es posible. Por lo tanto, quienes afirman que la cautividad causa inevitablemente su sufrimiento no están teniendo en cuenta la evidencia científica”.

Diferentes funciones

Para este investigador, el proyecto ZOOXXI sugiere convertir los zoológicos en puntos de acogida y recuperación de la fauna, aunque en su opinión, se trata de dos cosas muy diferentes. “Ambas tienen razón de ser y cumplen funciones importantes, pero a mí me parece un error querer transformar un zoológico en uno de esos centros”, matiza.

David Hancocks, un reconocido arquitecto, especialista en el diseño de instalaciones inmersivas y una de las figuras más relevantes en el mundo de los zoológicos —ha sido cuatro veces director de distintos parques—, nos cuenta que durante las dos visitas que ha realizado al zoológico de Barcelona no le gustó lo que vio. “Muchos de los animales viven en espacios pequeños y estériles; sus vidas están como paralizadas por el aburrimiento. Las especies de mayor porte, en concreto, sufren las mayores privaciones”, destaca.

Manteca comparte hasta cierto punto esta visión. Reconoce que, aunque en este centro hay instalaciones muy buenas, otras se han quedado anticuadas y requieren una remodelación. No obstante, discrepa del planteamiento de ese zoológico animalista que defiende la nueva normativa que se ha aprobado para ese recinto.

“Me hubiera gustado que se admitiera que tenemos un parque en el que deben mejorarse algunos aspectos, pero que contribuye mucho a la conservación y que tradicionalmente ha sido muy respetado en la comunidad internacional. Lo mejor sería invertir para mejorarlo y que fuese aún más uno de referencia, en vez de embarcarnos en algo que no parece en absoluto coincidir con lo que están haciendo otros países que, además, nos llevan mucha ventaja en cuestiones de bienestar animal —sostiene Manteca—. En muchos zoológicos británicos, como el de Chester, o en los de naciones escandinavas, no se plantean este tipo de cosas. En ellos, el objetivo es contribuir el máximo posible a la educación y conservación y mejorar incluso más las condiciones de vida de las especies que albergan, pero no convertirlos en algo que no son”.

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