LOS MISTERIOS DE LA GIOCONDA

Muy Interesante México|Febrero - 2020

LOS MISTERIOS DE LA GIOCONDA
Pese a contarse entre los cuadros más copiados, fotografiados y admirados del mundo, la Mona Lisa es uno de los más esquivos. Quinientos años después de la muerte de su autor, sigue vivo el enigma que rodea la identidad de la modelo y si fue o no un encargo, así como las razones de Da Vinci para dejar la obra inconclusa.
Christian Gálvez

Solemos caer en el error de creer que la producción de las creaciones artísticas que hoy se exponen bajo el reclamo de “obra maestra” o de “no te la puedes perder” se hicieron para nosotros. A veces creemos que hubo una percepción de su inmortalidad antes de que surgieran los museos actuales como estandartes de la cultura de masas. Podría sugerirse que hubo una intención de perpetuidad en lo que hoy consideramos museos al aire libre, donde tendrían cabida las pinturas y el arte rupestre del periodo prehistórico. Pero es mucho suponer. Lo que hoy consideramos arte sumerio, en su día no fue sino un elemento de propaganda bélica y religiosa, al igual que el arte egipcio tenía una fuerte connotación sagrada y funeraria. Y aunque en el país del Nilo sí encontramos pruebas de creencias en la eternidad, la perpetuidad y la inmortalidad, no podemos afirmar categóricamente que todo aquello que hoy consideramos arte fuera entendido como tal por sus propios autores. Conceptos como museología (la teoría y la administración del tema artístico) y museografía (la puesta en escena y el uso del espacio en que se exhibe) no existían.

En el universo que rodeaba a Leonardo da Vinci, polímata florentino y prototipo de hombre universal según la opinión comúnmente aceptada, cabe destacar una obra que nunca terminó del todo, aunque lo correcto sería decir que nunca quiso terminar, o más bien que nunca entregó. La Gioconda es uno de los grandes enigmas del imaginario leonardesco. ¿Quién fue la modelo representada en la obra? ¿Quién eligió el nombre para un cuadro que Leonardo da Vinci nunca tituló? ¿Fue en realidad un encargo? ¿Qué razones apuntan a Lisa Gherardini, una joven de la nobleza florentina también conocida como Lisa del Giocondo por su matrimonio con Francesco del Giocondo, y señalada por lo general como modelo del cuadro? ¿Cabe que el retrato más famoso del mundo encarnara a otra mujer?

La obra estrella del Museo del Louvre no sólo es, en cuanto a su trascendencia, una de las mayores referencias en la historia del arte, sino que también brilla en la cultura pop. Sea por los medios de comunicación, por el enigma que siempre parece rodear a Da Vinci o por la tradición literaria y la ficción generada a su alrededor, todo el mundo conoce La Gioconda. Es uno de los elementos imprescindibles dentro de la cultura popular, igual que lo son Michael Jordan, el Che Guevara o Superman. Es parte de nuestro imaginario colectivo.

Como ente individual, la Mona Lisa –su otro alias– está por encima del Louvre y sus interminables aglomeraciones, de Dan Brown y su bestseller, El código Da Vinci... del propio Leonardo. Todos quieren ser La Gioconda. La Fundación Art creó una Mona Lisa sin pelo para una campaña de concienciación sobre el cáncer; el artista Marco Pece la convirtió en un juguete de Lego; libros, películas, anuncios publicitarios... No importa quién es, qué significa o de dónde viene su (¿merecida?) fama. Importa nada más cuánto vale. Cuánto llega. Cuánto vende.

Parece que hoy vivimos un nuevo despertar en torno a la figura de Leonardo da Vinci y de su celebérrima pintura. Muchos expertos defienden que el mito de La Gioconda surgió en el siglo XIX. En realidad fue una guerra intelectual entre los escritores románticos franceses e italianos.

La admiración de todos ellos resultó fecunda: para principios del siglo XX, la Mona Lisa ya se había establecido como una de las pinturas más famosas del mundo. A pesar de que según el gran novelista francés Stendhal las tres obras supremas de Da Vinci eran La última cena, La batalla de Anghiari y el proyectado monumento ecuestre a los Sforza, el lanzamiento comercial del pintor en el siglo XIX se centró más en La Gioconda. Los principales responsables de este lanzamiento fueron también autores franceses, y es que Da Vinci era más conocido en Francia que en Italia.

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