LEONARDO COMO CIENTÍFICO El hombre que no dejaba de investigar
Muy Interesante México|Especial Leonardo da Vinci
LEONARDO COMO CIENTÍFICO El hombre que no dejaba de investigar
Detrás de cada acto de su vida, hasta el más cotidiano –como observar el vuelo de un pájaro–, buscaba una explicación física, matemática o de otra índole. No siempre acertó, pero sí muchas veces... y hasta con varios siglos de adelanto.
Elena Sanz

MÉDICO FRUSTRADO. Le hubiera gustado serlo, pero tuvo que conformarse con ser un gran anatomista (aquí, dibujos a tinta de músculos y huesos, hacia 1510-1511).

El hombre que no dejaba de hacerse pregun-tas: así podría describirse a Leonardo da Vinci, el renacentista que detrás de cada acto de su vida cotidiana, desde tañer las campanas en la torre de una iglesia hasta cruzarse con un pájaro en sus paseos por el campo, buscaba una explicación física, matemática, química o de cualquier otra razón científica. Aunque no todas sus conclusiones fueron certeras, hay tres cosas que indiscutiblemente hay que reconocerle a Da Vinci: su curiosidad intelectual, su enorme capacidad de observación y su habilidad para conectar datos y experiencias y extraer conclusiones que explicaban el mundo que sus ojos veían, un rasgo que identifica a las personas creativas.

Fue el genovés Leon Battista Alberti, arquitecto y escritor renacentista, quien puso a Leonardo sobre el entendido de que conocer la anatomía era fundamental para pintar o esculpir relieves de la piel. Sin embargo, y aunque en un principio Da Vinci empezó a explorar el cuerpo humano con el único fin de perfeccionar sus ilustraciones, aquello enseguida fue poco. Una vez que empezó a entender de qué estamos hechos los seres humanos, Leonardo se dio cuenta de que quería saberlo todo sobre lo que había más allá de la superficie corporal: las estructuras profundas, los nervios, los vasos sanguíneos, los órganos y sus mecanismos. Y saciar su sed de conocimiento hizo que, al cabo de unos años, le apasionara más el funcionamiento del corazón que las fibras musculares del brazo de sus atléticos modelos. Incluso en alguna ocasión llegó a lamentar en voz alta no haber dedicado su vida entera a la medicina.

Los cortes anatómicos y la representación del interior del cuerpo en diferentes planos superpuestos, con transparencias y volúmenes, supusieron una revolución para la ilustración anatómica. Uno de los ejemplos más claros lo vemos en sus estudios de la cabeza, en los que representó la carótida y la yugular, y en los cortes transversal y sagital del cráneo, todavía vigentes en estos días.

Leonardo situaba a las matemáticas en la base de la pirámide de la ciencia: sin demostración matemática, una investigación no podía llamarse científica.

SECRETOS DEL CORAZÓN. Estudió este órgano basándose en disecciones de corazones de buey (derecha, dibujos a lápiz y tinta, 1512) y desentrañó su estructura, el funcionamiento de las válvulas, el sistema venoso y el arterial, etc.

Estudiar el cerebro

Durante el invierno de 1507 a 1508, Leonardo realizó en el hospital de Santa Maria Nuova de Florencia una disección post mortem de un anciano centenario. Esto marcó el inicio de cinco años de intensa investigación anatómica. Atribuyó la muerte de aquel individuo a un estrechamiento de los vasos coronarios y, paralelamente, proporcionó la primera descripción clara de la ateroesclerosis, enfermedad de las arterias coronarias que en la actualidad es una de las causas más comunes de muerte en el mundo occidental.

Trabajar con cuerpos humanos en Florencia permitió a Leonardo estudiar el cerebro, como siempre había deseado. Antes de eso, el artista renacentista había deducido el recorrido de los nervios sensoriales y la forma del cerebro estudiando cráneos humanos. Consideraba que adquirir conocimiento era clave para algunos de los temas que deseaba investigar, como las emociones y la naturaleza de los sentidos, pero sin un cerebro real para diseccionar, los cráneos por sí solos no podían proporcionarle esa información. Con cadáveres a su alcance, Leonardo diseñó un ingenioso experimento en el que inyectó cera fundida en los ventrículos cerebrales para averiguar cuál era su verdadera configuración. Ulteriores disecciones de nuestro órgano pensante le demostraron que los nervios no tenían conexión directa con los ventrículos, lo que le hizo desechar la antigua creencia de que estos últimos albergaban las facultades mentales. A pesar de que la neurociencia de su época era precoz, Da Vinci logró entender algunos conceptos esenciales sobre cómo funciona nuestra mente. Entre otras cosas, defendió que “el común sentido (que reside en el cerebro) juzga las cosas que los otros sentidos le transmiten y entra en acción mediante las mismas. Los objetos exteriores mandan a los cinco sentidos sus imágenes, las cuales son transferidas a la sensibilidad y percepción, y de ésta al común sentido; y, después de ser allí examinadas, pasan a la memoria, que las conserva más o menos, según la potencia de cada una”.

Del cerebro dio el salto al estudio de la mecánica del cuerpo, es decir, de los huesos y los músculos. En colaboración con Marcantonio della Torre, profesor de anatomía de la Universidad de Pavía, ilustró los principales grupos musculares y todos los huesos, salvo los del cráneo. De esa etapa destaca su pormenorizada ilustración de la columna vertebral, que representa por primera vez la curvatura de los huesos de nuestra espina dorsal.

LEONARDO ANTICIPÓ LA DENDROCRONOLOGÍA –el estudio de los anillos observados al cortar una rama de árbol– por cuatro siglos.

FILOTAXIS Y DENDROCRONOLOGÍA

Observando las plantas, Da Vinci fue pionero en establecer la filotaxis, es decir, la disposición en que se colocan las hojas en las ramas, característica de cada planta, e incluso explicó las ventajas evolutivas de esta disposición. Así, destacó que las hojas de los últimos vástagos de muchas plantas se colocan de tal manera que la sexta hoja está siempre encima de la primera: “La utilidad de esta colocación para las plantas es doble: en primer lugar, al brotar la rama y el fruto próximo a la yema que está por encima, en contacto con el ligamento de la hoja, el agua que humedezca esta rama podrá descender y alimentar esta yema”, concluyó. También observó los fenómenos capilares y explicó la ascensión de la savia.

Botánico pionero. Asimismo, vaticinó la técnica de la dendrocronología en sus anotaciones, explicando que los anillos observados al cortar la rama de un árbol o un arbusto leñoso nos dan a conocer el número de años que tiene, y que “la mayor o menor anchura de estos anillos muestra qué años fueron más húmedos y cuáles más secos”. El empleo de esta técnica para estudiar la evolución del clima en el pasado y otros procesos biológicos y físicos fue desarrollado en el siglo XX por A.E. Douglass, quien en la Universidad de Arizona fundó el Laboratorio de Investigación de los Anillos de los Árboles.

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