INGENIERÍA CLIMÁTICA Controladores de nubes
Muy Interesante México|Agosto 2019
INGENIERÍA CLIMÁTICA Controladores de nubes

De ciencia ficción a posibilidad tangible: desde 2015 se han publicado cientos de artículos científicos acerca de los métodos para modificar el clima y disminuir la temperatura terrestre.

El planeta Tierra está rabioso y no hemos podido, o querido, hacer mucho por apaciguar sus hervores. Después de décadas de conversaciones, peleas y acuerdos internacionales fallidos para lograr cambios radicales en la forma en que vivimos, un creciente número de científicos opina que ya es hora de ponernos serios acerca de la geoingeniería. En otras palabras, que tarde o temprano habrá que considerar unir en esta lucha climática a los procesos de alterar artificialmente los ciclos naturales del planeta. Cosas en gran escala tales como capturar dióxido de carbono del aire, manipular la atmósfera para enfriar la Tierra o colocar espejos reflectores en el espacio.

Para limitar el aumento de la temperatura de la Tierra a 1.5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales, el objetivo más ambicioso del acuerdo sobre el clima de París es que en la próxima década las emisiones de gases que atrapan el calor, como el dióxido de carbono, deben disminuir en un 45% respecto de los niveles de 2010. Pero hasta ahora, eso no está sucediendo. De hecho, las emisiones mundiales de carbono de los combustibles fósiles aumentaron un 1.6% en 2017 y un 2.7% el año pasado (2018), según el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por las siglas en inglés). Por eso, la solución de la geoingeniería adquiere cada vez más adeptos.

La geoingeniería no es una idea nueva. A finales de la década de 1940, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética habían comenzado a explorar estrategias para modificar el clima mundial y con ello ganar ventaja en el campo de batalla. Muchos esquemas se enfocaron en “sembrar” nubes con sustancias que incitarían la lluvia.

A pesar de no ofrecer una ventaja clara a los militares, los “fabricantes de clima” fueron empleados de manera rutinaria (rara vez con mucho efecto) para exprimir más lluvia de las nubes para los cultivos sedientos. A partir de 1962, los investigadores del gobierno estadounidense crearon el Proyecto Stormfury, intentando que los huracanes tropicales fueran menos intensos a través de la siembra de nubes, pero sin un éxito claro. Los expertos militares también soñaron con usar explosiones nucleares y otras intervenciones para crear un clima más ventajoso. Estas solicitudes fueron tan alarmantes que en 1976 las Naciones Unidas adoptaron la Convención sobre la Prohibición del Uso Militar o Cualquier Otro Uso Hostil de Técnicas de Modificación Ambiental para impedir tales proyectos. En la década de 1970, después de una serie de fracasos, la idea de la modificación del clima para la guerra y la agricultura se había desvanecido en gran medida.

ESPEJO. El concepto de la geoingeniería solar es hacer que la superficie de la Tierra, o la atmósfera, sean más brillantes para que reflejen el calor hacia el espacio. Arrojar partículas de sulfatos es una de las propuestas.

Hasta ahora, no están sucediendo las reducciones de emisiones requeridas. Las emisiones mundiales de carbono de los combustibles fósiles aumentaron un 1.6% en 2017 y 2.7% el año pasado, según el Instituto de Recursos Mundiales.

Pero luego, las ideas volvieron a la carga. En 1982 el científico soviético Mijaíl Budyko propuso llenar la estratosfera con partículas de sulfato para reflejar la luz del Sol hacia el espacio. En 1995 los británicos hicieron los primeros experimentos para ensayar la idea de fertilizar los océanos con hierro para estimular el crecimiento de algas que absorbieran el CO2. Dos años después, Edward Teller, inventor de la primera bomba de hidrógeno, sugirió poner espejos en el espacio. En algún momento los chinos pensaron poner sombrillas sobre los glaciares de los Himalayas y echar a flotar al mar miles de millones de pequeños objetos blancos como bolas de golf para reflejar la luz solar; y los suizos en arropar las pistas de esquiar con colchas antiderretimiento. Últimamente hay esfuerzos tímidos de succionar el dióxido de carbono del aire y tratar de hacer algo útil con él.

El año pasado las cosas comenzaron a moverse a un ritmo más veloz, cuando el gobierno estadounidense decidió considerar el tema de la geoingeniería con mayor atención y lanzó un estudio acerca de tecnologías capaces de reflejar la luz solar, incluyendo su viabilidad, impactos, riesgos y requerimientos de regulaciones. Según Marcia McNutt, presidenta de la Academia Nacional de Ciencia, “se nos acaba el tiempo y algunas de estas intervenciones podrían considerarse en el futuro”.

Mucha de la ciencia detrás de la geoingeniería tiene que ver con hacer que la superficie del planeta sea más reflectante de lo que es naturalmente. Lograr que los continentes, el mar y en especial la atmósfera brillen más, que sean más claros, para que así buena parte de la luz del Sol rebote de regreso al espacio. Es similar a ponerse ropa de color claro en las regiones donde hace mucho calor. El derretimiento del hielo marino en las regiones polares, por ejemplo, deja un parche de agua oscura que es equivalente a ponerle al mar una camisa negra.

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