El misterioso caso del tiempo fantasma
Muy Interesante México|Mayo - 2020
El misterioso caso del tiempo fantasma
Buenas noticias para todos los que siempre han deseado vivir en otra época: una teoría que ha cobrado nueva popularidad en internet asegura que estamos en pleno siglo XVIII. No vivimos en 2020, sino en 1723. Vayan desempolvando sus pelucas y corsés en lo que averiguamos de qué se trata.
Por Guadalupe Alemán Lascurain

Les invito a emprender un viaje mágico, místico y musical por las brumas de la conspiranoia… digo, del pasado. No contamos con un DeLorean modificado con un condensador de flujo como el de Volver al futuro, pero sí con un nombre que será nuestro punto de partida: Heribert Illig. Este historiador alemán nacido en 1947 (bueno, al menos según el calendario gregoriano) se puso a revisar obsesivamente las cronologías de la prehistoria y del Antiguo Egipto. Convencido de que sus colegas no saben contar, dirigió sus investigaciones hacia los albores de la Edad Media y encontró… casi nada. Me refiero a que halló pocos registros históricos de la época que le parecieran lo suficientemente profundos y detallados. Ante esta falta de información cualquier otra persona hubiera dado con respuestas razonables. Basta recordar que, tras la caída del Imperio Romano de Occidente, hubo un retroceso en la cultura de gran parte de Europa y un estancamiento de las artes. Por algo se habla de “los años oscuros”. Ah, pero Illig no es cualquier persona y no iba a conformarse con una explicación tan aburrida.

En busca del tiempo perdido

El excéntrico historiador de nuestro relato se apoyó en un colega llamado Ulrich Niemitz, en la dendrocronología (datación midiendo los anillos de los árboles) y en su afiebrada imaginación para llegar a una conclusión sorprendente: que todo el periodo comprendido entre los años 611 y 911 d.C. NUNCA EXISTIÓ. Sí, leyeron bien: Illig y Niemitz proponen que 297 años de la historia de la humanidad fueron una ficción, o más bien, una falsificación pergeñada por oscuros poderes. He aquí algunas de las supuestas pruebas que aducen:

• El hecho de que prácticamente no existen restos arqueológicos de la época.

• El ajuste entre los calendarios juliano y gregoriano. Hay una diferencia entre ambos de 674 segundos al año. Como el calendario gregoriano entró en vigor en 1582 d. C., existe un total de 13 días de diferencia en vez de los 10 que el papa Gregorio XIII usó para el ajuste. Según Illig, el papa Gregorio se equivocó y el calendario muestra un hueco de 300 años.

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