CURIOSIDAD TECNOLÓGICA Hombre con talento
Muy Interesante México|Especial Leonardo da Vinci
CURIOSIDAD TECNOLÓGICA Hombre con talento
El polifacético espíritu de Da Vinci le proporcionó un sentido artístico que mezcló con la técnica. Esa actitud libre de supersticiones medievales permitió al genio renacentista crear artefactos de tal complejidad que lo convirtieron en el precursor de la ingeniería moderna.
Fernando Cohnen

LA ILUSTRACIÓN está basada en un autorretrato del genial artista.

Al llegar a Milán en 1482, Leonar-do da Vinci buscó la manera de introducirse en la corte de Ludo-vico Sforza rápidamente, y para conseguirlo se le ocurrió redac-tar una carta de presentación dirigida al gobernante de la ciudad en la que le proponía revelarle todos sus saberes y sus capacidades creativas como artista. También se comprometía a realizar una serie de extraños artefactos, como un modelo de puente muy ligero, pero muy resistente, “que nos permitirá perseguir o, en caso contrario, obligar a huir al enemigo”. Leonardo le hacía saber al duque milanés que conocía nuevos medios para quemar y destruir las defensas del enemigo.

En su curriculum vitae, Leonardo aseguraba que conocía los secretos para extraer agua de los fosos y construir escalas de asalto, así como modelos de morteros capaces de lanzar una verdadera lluvia de piedras que generara pánico entre el enemigo y “embarcaciones que resistirán incluso el impacto, el humo y la pólvora del más intenso fuego de cañón”.

El genial artista e ingeniero continuaba la carta enumerando otros artilugios mecánicos que harían imbatible al ejército milanés: “Construiré vehículos cubiertos, seguros e invulnerables, que penetrarán en las filas enemigas con su artillería y destruirán a las tropas más poderosas”. ¡Vaya presentación!

El catálogo de ingenios bélicos incluía grandes lombardas, aparatos lanzallamas y otras armas ofensivas y defensivas que harían de Milán una ciudad invencible. Para los tiempos de paz, Leonardo se postulaba como pintor, creador y arquitecto de edificios públicos y privados. “Puedo realizar esculturas en mármol, bronce y arcillas; y en pintura puedo hacer cualquier trabajo como cualquiera, sea quien sea.” Como colofón a sus habilidades, Leonardo afirmaba que podía llevar a buen fin la fundición del gigantesco caballo de bronce que Ludovico Sforza pretendía erigir en la ciudad para mayor gloria de su familia, proyecto que parecía irrealizable debido a las limitaciones técnicas de la época.

Un pacifista creando armas

Sorprende que Leonardo, un hombre pacífico, amante de los animales y vegetariano por convicción, sintiera tanta fascinación por las armas de destrucción masiva. Pero hay que tener en cuenta el ambiente de la época y la situación que vivían los Estados europeos del siglo XV. Milán sólo podía mantener su posición de ciudad rica y poderosa con un ejército bien equipado, y Leonardo era consciente de esas necesidades. Asimismo, su papel como ingeniero, capaz de construir la tecnología militar más avanzada, era un trampolín para acceder rápidamente a la Corte milanesa.

Por desgracia para Da Vinci, las cosas no le salieron tan bien como pensaba. Los diseños militares que mostró en Milán no eran originales. Su comparación con los que ya existían en la época los convertía en réplicas de una tecnología conocida. Es probable que esta fuera la causa de que las puertas del palacio le permanecieran cerradas un largo lustro, lo que le obligó a ganarse la vida pintando, una profesión que se proponía abandonar. Poco a poco se abrió camino en el mundo artístico de la ciudad y, por fin, Ludovico le encargó un retrato de una de sus amantes, Cecilia Gallerani, una obra magnífica que hoy conocemos como La dama del armiño. A partir de aquel momento la vida del artista florentino cambió de rumbo.

El deseo de revivir la mentalidad clásica de Grecia y Roma impulsó el estudio del griego, lo que consolidó el nuevo espíritu del Renacimiento en Italia. Uno de los que iniciaron esta enseñanza en Florencia fue Joannes Argyropoulos (1415-1487), erudito bizantino nacido en Constantinopla que había buscado refugio en la Toscana tras la caída de la ciudad en 1453 y al que el joven Leonardo da Vinci admiraba. Las élites que encabezaron la nueva corriente de pensamiento a comienzos del siglo XV surgieron en las ciudades del norte de Francia, de Flandes y, sobre todo, en las italianas, entre ellas Florencia y Roma, donde el ser humano comenzó a gobernarse a sí mismo y a especular sobre lo humano y lo divino.

El florecimiento cultural que disfrutó la capital toscana en el siglo XV ha aportado un impresionante legado patrimonial.

CREATIVIDAD MECÁNICA. Da Vinci dedicó parte de su vida a diseñar aparatos más o menos prácticos para volar (arriba).

La hegemonía cultural florentina

El individualismo y la pretensión de dar preeminencia a lo civil sobre lo religioso se revelaron como valores fundamentales de aquel movimiento humanista, cuyo principal protagonista fue sin duda Leonardo (1452-1519). El primer Renacimiento italiano, el Quattrocento, llamado así por desarrollarse en los años de 1400 (siglo XV), surgió en la Florencia de los Médici. Tres papas, dos reinas de Francia y multitud de príncipes salieron del clan de los Médici, un apellido que ejerció el mecenazgo con artistas, poetas, arquitectos y literatos de toda Italia. El florecimiento cultural que disfrutó la capital toscana en aquella época ha proporcionado uno de los legados patrimoniales más impresionantes del mundo.

El despegue de la poderosa familia florentina se produjo debido a la tremenda habilidad de un hombre de negocios llamado Cosme de Médici, también conocido como Cosme el Viejo, quien en 1434 proporcionó a Florencia su primer esplendor. Otro grande de la familia fue su nieto Lorenzo el Magnífico (1449-1492), un buen político y un intelectual que tuvo el acierto de recomendar a Leonardo da Vinci a las autoridades de Milán y a Andrea del Verrocchio a las de Venecia. Practicó una política de prestigio artístico, mandando a los pintores y escultores más destacados a otras ciudades europeas, lo que permitió el reconocimiento del Renacimiento en otras latitudes del Viejo Continente.

En aquel ambiente de florecimiento cultural y económico se educó Leonardo, cuya ambición era dominar la naturaleza, la técnica de la pintura, la geometría y la mecánica, entre otras especialidades. Si su polifacético espíritu y su concepción de un mundo libre, ajeno a las supercherías medievales, lo encumbraron como uno de los talentos de su época, sus variados intereses intelectuales, en los que se mezclaban el sentido artístico y la técnica, lo señalaron como el precursor de la ingeniería moderna.

Cuando tenía 15 años, Leonardo fue acogido como aprendiz en el taller de Verrocchio, donde aprendió pintura, escultura y artes técnico-mecánicas. Pronto entró en contacto con Brunelleschi, quien dirigió al joven hacia los problemas de ingeniería. Uno de los componentes de las máquinas de Brunelleschi era el tornillo de Arquímedes, un mecanismo que funciona por medio de una hélice que rota dentro de un cilindro, y cuya función aplicó Leonardo en sus primeros proyectos para elevar agua. “En los mecanismos hidráulicos y en los tornillos de Arquímedes encontramos la génesis de uno de los grandes principios de la física de Leonardo: la espiral o, como él la llama, la cóclea (la concha de caracol), en la que radica la fuerza de los tornillos, los taladros, las hélices y las turbinas y, en la naturaleza, la de los tornados y los remolinos”, escribe el historiador británico Charles Nicholl, quien ha dedicado cinco años a investigar los documentos y las obras de Leonardo para publicar su biografía.

ORNITÓPTERO. Fue un aparato para volar diseñado por Da Vinci basándose en la estructura anatómica de las aves.

MÁQUINAS PARA VOLAR

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