BOTTICELLI Y DURERO, EL HUMANISMO EN LA PINTURA El renacer de la cultura clásica
Muy Interesante México|Especial Leonardo da Vinci
BOTTICELLI Y DURERO, EL HUMANISMO EN LA PINTURA El renacer de la cultura clásica
Frente a la unidad medieval, el Renacimiento se caracterizó por la diversidad conceptual y estilística. Ejemplos antitéticos de esta fueron el italiano Botticelli y el alemán Durero.
Teresa Posada Kubissa

LA PRIMAVERA (1481). En esta escena protagonizada por dioses y semidioses grecorromanos –de izquierda a derecha, Mercurio, las Tres Gracias, Venus, Cupido, Flora, Cloris y Céfiro–, Botticelli llevó el neoplatonismo a su cumbre estética.

EL NACIMIENTO DE VENUS (1484). Otra obra maestra de Botticelli, pintada al temple y que se encuentra en la Galería Uffizi, en Florencia. Es el primer desnudo femenino profano en la pintura occidental.

Botticelli y Durero son hijos del hu-manismo renacentista, es decir, del movimiento cultural que se pro-puso descubrir la verdad en cual-quier aspecto del quehacer huma-no, espiritual o material, a través de un acercamiento del hombre al entorno visible (incluidos los restos del pasado clásico). Esta propuesta llevará a la redefinición del papel del arte y del artista. En lo referente a la pintura, el cuadro será entendido como una ventana abierta a un fragmento del mundo visible que el pintor deberá aprender a reproducir por medio del empleo de dos herramientas matemáticas: la perspectiva geométrica, para la representación del espacio, y la teoría de las proporciones, para la representación de las figuras.

Neoplatonismo frente al canon

En consecuencia, desaparece la barrera entre ciencia y arte que a lo largo de la época anterior había mantenido apartada la teoría de la visión (perspectiva) de la práctica pictórica y viceversa. Asimismo, el pintor deja de ser un simple artesano o artífice del cuadro y pasa a ser valorado como genio creador que piensa y decide la forma y modo de atender a esas nuevas exigencias artísticas, lo que abre las puertas a la diversidad de estilos artísticos. Unos pertenecen a su tiempo, fuera del cual apreciamos y admiramos la grandeza del pintor pero difícilmente entendemos el significado de su obra: tal es el caso de Botticelli. Otros nos hablan hoy de una forma directa, como lo hacían a sus contemporáneos: tal es el caso de Durero.

En efecto, la “magia desmayada, casi dolorosa”, en palabras del poeta Swinburne, que impregna las escenas de Botticelli, es expresión del deleite en la pompa que se impuso en la Florencia de Lorenzo de Médici, el Magnífico, así como del gusto por la gracia y la dulzura como expresión de la belleza primigenia propugnado por el neoplatonismo en aquella corte. Y el arcaísmo de sus obras finales lo es de la crisis de conciencia suscitada por las prédicas de Girolamo Savonarola, el monje dominico que condenaba la depravación de las poderosas familias f lorentinas y la corrupción del papado, y llamaba a una vida cristiana invitando a los habitantes a quemar en las “hogueras de vanidad” todos los objetos de lujo y libros y pinturas lascivas.

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