¡A la orden capitán!
¡A la orden capitán!
Si preparar una cena para varias personas a veces se complica, imáginate darle de comer todos los días a más de 3,000 soldados. Una operación así de compleja requiere, literalmente, disciplina militar.
María Fernanda Morales Colín

La pulcritud de los manteles y la manera tan ordenada en que cada utensilio está acomodado haría creer que no han sido tocados en mucho tiempo. En cada una de las 240 mesas, iluminadas por los rayos del Sol que entran por el tragaluz del centro del techo, una jarra de agua de jamaica hace juego con la mantelería blanca con rojo que porta en sus orillas el escudo dorado del Heroico Colegio Militar.

Pasado el mediodía, un ruido se escucha en la entrada del comedor y un grupo de jóvenes vestidos con filipina blanca y pantalón negro entran jalando cada uno un carrito de comida. Apurados, colocan en cada mesa un plato de espagueti a la boloñesa; cuando terminan regresan a la cocina por más alimentos y en las siguientes rondas llevan ensalada, chiles en vinagre y tortillas. Al terminar de acomodar todo, vuelven a salir.

Cuando el reloj plateado de la entrada principal del comedor marca las 13:00 horas, se comienzan a escuchar murmullos en las puertas laterales del recinto. En esta ocasión no es el pelotón de intendencia que acomodó cada uno de los platillos, sino los cadetes que terminaron sus clases matutinas y comienzan a formarse afuera. Tras 15 minutos, un toque de corneta da la señal que los alerta para ingresar. Las puertas a ambos lados se abren y las mujeres entran primero. Formadas y marchando, llegan hasta la mitad del comedor y se acomodan de 10 en 10 en cada mesa. Luego los cadetes masculinos hacen lo mismo. Quienes no alcanzan lugar siguen su rumbo, salen por la entrada principal y continúan por un pasillo hasta llegar al comedor anexo.

Una vez que los 3,500 cadetes están parados atrás de su silla, una voz da la instrucción para que se sienten y coman. En esta ocasión, el menú número 13 de los 16 con los que cuenta el Heroico Colegio Militar es el que forma parte de la carta.

Los jóvenes con filipina vuelven a aparecer, pero ahora sirven el platillo principal, pescado a la veracruzana, y tras él, un trozo de gelatina de uva como postre. Los cadetes, quienes despertaron desde las cinco de la mañana para hacer ejercicio y luego tomar clases, comen ordenadamente, aunque el murmullo de sus pláticas retumba en el comedor.

Los menús que ingieren los cadetes están calculados científicamente con base en las normas mexicanas de alimentación.

¿QUIENES DAN DE COMER A LOS SOLDADOS?

El pelotón de filipina blanca y pantalón negro que se encarga de servir los alimentos a los cadetes forma parte del Servicio de Intendencia, el cual se considera parte de los servicios técnicos del Ejército.

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Marzo - 2020