¿Somos Cada Vez Mas Tontos?
Muy Interesante España|Febrero 2019
¿Somos Cada Vez Mas Tontos?

El cociente intelectual medio ha ido creciendo de generación en generación durante las últimas décadas. Pero nuevos estudios indican que la tendencia se está revirtiendo, al menos en los países más desarrollados. ¿Es la causa un simple tope genético, como sucedió con la estatura en el siglo XX? ¿O nos hallamos en los inicios de un acelerado proceso de idiotización masiva?

Laura G. De Rivera
Ya no tenemos que acarrear la ropa a los lavaderos públicos y destrozarnos las manos en el agua fría. No necesitamos cortar leña para calentarnos. Y el ordenador nos permite reescribir un texto (borrar, copiar y pegar, deshacer...) sin que eso implique repetir la página entera cada vez que lo hagamos. Sí, parece que somos una especie en evolución y que el progreso nos ha traído una mejor calidad de vida y más igualdad. ¿Y si además nos estuviera volviendo más tontos o, dicho de un modo más políticamente correcto, menos inteligentes?

Es lo que insinúan estudios como el publicado en junio del año pasado en la revista científica PNAS y que generó una polémica que aún hoy arde lejos de apagarse. En este trabajo, los economistas noruegos Bernt Bratsberg y Ole Rogeberg, del Centro de Investigación Económica Ragnar Frisch (Oslo), afirman que el cociente intelectual (CI) de sus compatriotas ha estado bajando durante décadas, a razón de siete puntos por generación. Su conclusión surge del examen de los resultados de las pruebas de inteligencia efectuadas a 730.000 jóvenes de dieciocho años que hicieron el servicio militar obligatorio en el país escandinavo entre 1962 y 1991. Si se tratara de datos aislados, quizá pasarían desapercibidos, pero resulta que estudios realizados en otros países europeos –Finlandia, Francia, Suecia, Alemania, Países Bajos, Islandia– apuntan en la misma dirección.

“NOS ESTAMOS VOLVIENDO MÁS ESTÚPIDOS. Y TENEMOS QUE PENSAR QUÉ HACER AL RESPECTO”. Esta ¿alarmista? sentencia del antropólogo británico Edward Dutton se escucha en el documental Demain, tous crétins? (Mañana, ¿todos tontos?). En un artículo publicado en 2016 en la revista Intelligence, escrito en colaboración con colegas de otros países, Dutton, profesor en la Universidad de Oulu (Finlandia), expone los datos de CI recabados en distintos países a lo largo del tiempo: en Finlandia y Dinamarca, donde los reclutas pasaban por test de inteligencia antes de incorporarse a filas, se observa una caída en las puntuaciones desde mediados de la década de los noventa, a un ritmo del 0,25 % anual.

Las cifras han sorprendido a muchos investigadores, acostumbrados al llamado efecto Flynn, es decir, a que el cociente intelectual medio de la población se incremente con cada generación. El concepto toma su nombre de James R. Flynn, el investigador que describió esta tendencia en los años ochenta, tras examinar las puntuaciones en las pruebas de inteligencia de los estadounidenses, que no habían dejado de subir desde 1932. Comprobó que lo mismo había ocurrido en al menos 34 países más. La mejora general en la calidad de vida se dio como la explicación más plausible del fenómeno. Y esto suscita una pregunta fundamental: ¿qué necesita la inteligencia para autosuperarse? Tras haber documentado el efecto Flynn en España y varios países de América Latina, a Roberto Colom, profesor de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, no le cabe duda de que “factores del entorno, como las mejoras en la nutrición, en la educación y en los cuidados sanitarios, tienen un gran impacto en que el sistema nervioso funcione mejor y, por tanto, en el incremento intergeneracional de la inteligencia. Es algo obvio: resulta más fácil dedicar energía a desarrollar capacidades intelectuales si tienes cubiertos aspectos básicos para la supervivencia”.

Eso explica, quizá, el hecho demostrado de que en los países más pobres los CI son más bajos que en los ricos. Pero, como nos recuerdan estos expertos, el cóctel de motivos lleva muchos ingredientes más. Para Flynn, el principal es la revolución tecnológica y científica que promueve el pensamiento abstracto. “Vivimos en un mundo más complejo y rico, más intelectualmente estimulante. Lo que está claro es que el cerebro reacciona a las condiciones externas. Nace con una disposición a desarrollar un intelecto. Pero el contexto matiza esta predisposición, puede favorecerla o empobrecerla”, dice Colom.

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