La forja del lenguaje
Muy Interesante España|Octubre 2020
La forja del lenguaje
Gracias al habla y otros sistemas de signos, somos la única especie animal capaz de desarrollar y comunicar ideas y conceptos complejos, escapar del aquí y ahora y referirnos al pasado o elaborar planes para el futuro. ¿Cuándo, cómo y por qué surgió este rasgo distintivo?
XURXO MARINO

Un neandertal adulto ilustra a unos niños sobre los peligros de la vida. Esta especie poseía una mente muy desarrollada, pero los científicos dudan de si tenía un lenguaje equiparable al nuestro.

Robby es un viejo chimpancé que ha pasado toda su vida en el circo dirigido en Alemania por Klaus Köhler, con el que tiene un fuerte vínculo. Estos primates (nuestros parientes más cercanos) poseen un sistema complejo de comunicación, pero no un lenguaje propiamente dicho.

En los últimos dos millones de años algo ocurrió en la biología y la cultura humanas que cambió para siempre nuestra naturaleza. No sabemos si fue un proceso puntual o el resultado de un lento cambio evolutivo, si se debió a un único factor –por ejemplo, una modificación genética– o a la combinación de varios elementos –biológicos, sociales, culturales–. Sea como fuere, el resultado es claro: los humanos modernos habitamos una realidad muy distinta a la de cualquier otro ser de este planeta. Aunque podamos compartir el mismo espacio físico que las otras especies animales, nuestra mente se desarrolla en un plano del conocimiento que, hasta donde sabemos, no existe, ni de lejos, en ningún otro cerebro. La razón de ello conforma la característica más sobresaliente de nuestra naturaleza: el lenguaje. Es la exclusiva herramienta que utilizamos para comunicarnos y, sobre todo, para articular el pensamiento.

Los animales poseen, por supuesto, sistemas de comunicación muy diversos y con distintos grados de complejidad. Pero ninguno de ellos es un lenguaje. Son otra cosa. Entre los sistemas de comunicación animal y el lenguaje hay un abismo que aún no sabemos cómo se ha generado en el proceso evolutivo. Echando mano de una reflexión del paleoantropólogo Ian Tattersall, si alguna otra especie poseyera un lenguaje que nos permitiera intercambiar con ella ideas complejas y de manera fluida, esa especie sería nosotros en el más profundo de los sentidos.

Por lo tanto, conviene aclarar antes de nada qué es y qué no es un lenguaje. Hay varias características del lenguaje humano que, tomadas en conjunto, nos pueden servir para delimitarlo con claridad y diferenciarlo de los llamados sistemas de comunicación animal. Una propiedad esencial del lenguaje es la sintaxis: podemos combinar de forma ilimitada elementos con un significado para generar significados nuevos. Las posibilidades son infinitas: “tengo una bicicleta”, “tengo una bicicleta verde”; “tengo una bicicleta que vuela”... Hasta donde sabemos, ningún sistema de comunicación animal posee sintaxis.

El lenguaje es, además, simbólico: usa elementos arbitrarios (por ejemplo, las palabras comer, yidla o eat son convenciones que no tienen, en principio, ninguna relación natural con la acción que indican) que pueden referirse a objetos o acciones reales, ideas o cualquier cosa o acción imaginada: “tengo una bicicleta de chocolate que habla”. De nuevo hasta donde sabemos, ningún otro animal posee capacidad para el simbolismo.

Existe una tercera propiedad del lenguaje llamada desplazamiento, muy importante a la hora de articular el pensamiento: podemos escapar, desplazarnos mentalmente del presente y viajar a otros tiempos o espacios. Salvo alguna notable excepción –como la danza de las abejas–, los signos y llamadas que usan los animales están anclados al momento y el lugar en el que se emiten, hacen referencia al aquí y al ahora; sin embargo, con el lenguaje, los humanos podemos pensar y referirnos al pasado, o elaborar planes para el futuro.

Es importante recalcar algo en lo que no solemos reparar: los seres humanos, además de lenguaje, conservamos también nuestro sistema de comunicación animal ancestral, formado por gestos y sonidos. Muchas expresiones faciales, junto a los gritos, risas, sollozos, etcétera, son señales instintivas, estereotipadas, automáticas y difíciles de reprimir, en todo análogas a las llamadas de muchos animales.

LA DIFERENCIA ENTRE LOS SISTEMAS DE COMUNICACIÓN ANIMAL Y EL LENGUAJE HUMANO –provisto de sintaxis, simbolismo y desplazamiento– es abismal. En este sentido, estamos, por el momento, solos en el universo. Pero ¿cómo se ha generado en el proceso evolutivo semejante habilidad? Esta pregunta, que lleva siglos provocando dolores de cabeza, constituye uno de los grandes retos de la ciencia actual. Hasta hace poco no había una manera rigurosa de enfrentarse a ella, pero ahora, gracias a los esfuerzos y avances en disciplinas como la paleoantropología, la neurociencia y la lingüística, las piezas del puzle comienzan a encajar.

XURXO MARIÑO (Lugo, 1969)

Neurofisiólogo, divulgador científico y autor del reportaje, publica este otoño La conquista del lenguaje (Shackelton Books), un libro que indaga en el surgimiento y la evolución del lenguaje y el pensamiento simbólico. En gallego lo lanza la editorial Xerais, con el título Unha mente que voa (Una mente que vuela).

Gracias al lenguaje, las personas habitamos una realidad muy distinta a la de cualquier otro ser vivo del planeta

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Octubre 2020