1940 El año en que los nazis aterrorizaron al mundo
Muy Interesante España|Mayo 2020
1940 El año en que los nazis aterrorizaron al mundo
Hace ochenta años, Alemania ocupó Europa Occidental en una operación relámpago. Usando el factor sorpresa, la rapidez y los medios bélicos más modernos de la época, la apisonadora nazi sembró el terror y parecía invencible en su afán de dominar el mundo.
Rodrigo Brunori
Desfile del ejército alemán en Berlín junto a la Puerta de Brandeburgo, en julio de 1940, para celebrar la arrolladora campaña que en unos pocos meses lo había llevado a invadir Dinamarca, Bélgica, Holanda, Luxemburgo y Francia.

Los ideólogos de la estrategia militar del III Reich

Estos altos mandos del ejército alemán fueron claves para desplegar la Blitzkrieg (guerra relámpago) a inicios de la II Guerra Mundial.

A primera hora del amanecer del 10 de mayo de 1940. Los ciudadanos de Europa Occidental se despertaron sobresaltados con la noticia que más temían: el Tercer Reich acababa de atacar Holanda, Bélgica y Luxemburgo, tres países neutrales, sin declaración de guerra previa. El siguiente paso era la invasión de Francia por el norte. La ofensiva de la Wehrmacht (las Fuerzas Armadas unificadas de la Alemania nazi) conmocionó al mundo desde el primer momento por su potencia y audacia: para tomar el fuerte belga de Eben-Emael, que fue acabado en 1935 justo para defenderse de una agresión alemana y se etiquetó de inexpugnable, los nazis recurrieron a paracaidistas que descendieron silenciosamente en planeadores, un medio desconocido hasta entonces. También neutralizaron así la prevista voladura de los puentes sobre el canal Alberto con la que se pretendía impedir la entrada de las tropas del III Reich.

Bélgica aguantó la embestida nazi durante dieciocho días antes de capitular; Holanda se rindió en solo cuatro, después de que la Luftwa ffe (aviación) redujera a cenizas el centro de Rotterdam el día 14 y amenazara con hacer lo mismo con Utrecht. Francia, que en teoría poseía uno de los ejércitos más potentes del mundo, sobrevivió apenas mes y medio.

Ocho meses antes, el 3 de septiembre de 1939, el Reino Unido y Francia habían declarado la guerra a Alemania tras su invasión de Polonia, tal como se habían comprometido a hacer si Hitler daba ese paso. A lo largo de ese periodo, sin embargo, los enfrentamientos fueron pocos y localizados, hasta el punto de que se habló de guerra de broma o guerra falsa. Y eso pese a que en abril el Tercer Reich había ocupado Dinamarca y atacado Noruega, donde aún se peleaba. Francia y el Reino Unido no tomaron ninguna iniciativa que pudiera ayudar de verdad a los polacos. No se abrió ningún Frente Occidental ni se presionó a Alemania por el oeste, más allá de unas pocas escaramuzas. La estrategia que siguieron esos países fue prolongar la política de apaciguamiento de finales de los años treinta, consistente en intentar aplacar a Hitler con concesiones, como permitirle ocupar Checoslovaquia en dos fases.

Una columna de tanques de la IV División Panzer alemana avanza sin oposición por el norte de Francia en junio de 1940.

TRAS ESA ACTITUD TIMORATA SE ENCONTRABA EL MIEDO A UNA NUEVA GUERRA que sería mucho más brutal que la anterior, finalizada solo veinte años atrás y aún muy presente en la memoria colectiva. La experiencia había hecho surgir tanto en Francia como en el Reino Unido una fuerte corriente pacifista opuesta al rearme militar. Pero en la segunda mitad de la década de los 30, tras la crisis de Renania, un conflicto diplomático causado por la decisión de Hitler de vulnerar el Tratado de Versalles y militarizar esa región alemana, los otros países tuvieron que replantearse las cosas. También influía el pánico que provocaban los previsibles bombardeos de ciudades, que se habían ensayado ya en la guerra del 14 y sobre los que se había teorizado mucho desde entonces: ya no habría distinción entre objetivos militares y civiles, se trataba de arrasar las infraestructuras y quebrar cualquier voluntad de resistencia de la población. La realidad demostraría hasta qué punto esos temores estaban justificados.

Una patrulla espía alemana en la Línea Maginot en 1940. Este complejo y costoso sistema de fortificaciones y alambradas construido por Francia entre 1929 y 1938 a lo largo de sus fronteras no logró evitar la invasión nazi en los primeros compases de la II Guerra Mundial.

AÑOS MÁS TARDE, EL GENERAL ALFRED JODL, JEFE DEL DEPARTAMENTO DE MANDO Y OPERACIONES de la Wehrmacht, certificó el inmenso error que supuso la pasividad inicial de los Aliados. En los Juicios de Núremberg, Jodl aseguró que si Francia y el Reino Unido hubieran atacado enseguida con las 110 divisiones que tenían en el Frente Occidental, cuando Alemania estaba concentrada en Polonia y muy poco protegida por el oeste, el Tercer Reich se habría hundido. Pero ni franceses ni británicos hicieron nada, y el 10 de mayo de 1940 su política de no irritar a la bestia saltó por los aires.

Miembros de las Juventudes Hitlerianas en un campo de entrenamiento preparando el ataque aéreo a Inglaterra en otoño de 1940.

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