RECIBA SU ALIENTO
Mensajero Ala Blanca| Julio/Agosto de 2020
RECIBA SU ALIENTO
El aliento de Dios da vida. Estamos aquí porque Dios sopló en nosotros aliento de vida. Ezequiel nos habla del encuentro espiritual o visión que experimentó en el capítulo 37. El Espíritu del Señor lo llevó a un valle que estaba lleno de huesos secos y le preguntó: “Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?” El profeta respondió: “Señor Jehová, tú lo sabes”.
TIM COALTER

Entonces el Espíritu le dijo: “Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis”. Le dijo también el Espíritu a Ezequiel que profetizara, “Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán”. Cuando él profetizó conforme a lo que le fue ordenado, entró espíritu en ellos y vivieron y estuvieron de pie y un ejército grande en extremo. El soplo hizo la diferencia entre la muerte y la vida. Dios le estaba enseñando a Ezequiel que estaba a punto de enviar un viento fresco que soplaría vida a Su pueblo.

Cuando Dios le dijo a Ezequiel que profetizara, le estaba diciendo “que hablara por inspiración divina”. Por inspiración divina, quiero decirle a la Iglesia de Dios de la Profecía hoy que Dios ha enviado Su aliento divino para eliminar toda sequedad, remover la desesperanza y restaurar la conexión al soplar nueva vida en cada uno de nosotros.

Todos nos hemos encontrado en ocasiones en necesidad de recibir aliento fresco del cielo. Cuando esto sucede, aprovechemos la oportunidad para recibir Su aliento. La vida no se sostiene con un solo respiro. Tenemos que respirar el oxígeno que nos da vida continuamente. Nuestros cuerpos requieren un promedio de 20,000 respiraciones al día. La respiración no sólo sostiene la vida; los estudios revelan que la respiración profunda contribuye a disminuir los latidos del corazón, la presión arterial y el estrés. Si el oxígeno nos da todos estos beneficios, cuánto más sería el beneficio que tendríamos al respirar profundamente Su aliento —el Espíritu de Dios.

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