René Verdugo Una Historia Infame
Revista Proceso|June 02, 2019
René Verdugo Una Historia Infame

René Verdugo Urquídez estuvo en varias cárceles estadunidenses durante 33 años, acusado de un delito que le inventó el FBI y avaló el Departamento de Justicia. Su error fue estar en Guadalajara en febrero de 1985, cuando fue secuestrado, torturado y ejecutado Enrique Camarena. Quien lo inculpó fue el agente Michael Malone, de la Unidad de Cabellos y Fibras del Laboratorio del Buró, con base en “evidencias científicas” que, se sabe, resultaron falaces. Su caso ilustra la forma en que la justicia estadunidense suele fabricar culpables.

Jorge Carrasco Araizaga

Acorralada por la falta de pruebas, la justicia de Estados Unidos dejó en libertad a uno de los sentenciados por el asesinato del agente de la Oficina Antidrogas de Estados Unidos (DEA) Enrique Camarena.

El 21 de diciembre pasado, René Ver dugo Urquídez recuperó su libertad después de haber estado preso durante casi 33 años en distintas cárceles de ese país. Había sido condenado a 240 años de prisión más una cadena perpetua, pero el Departamento de Justicia no tuvo otra opción que exonerarlo ante la Corte Federal del Distrito Central de California del homicidio del agente de la DEA.

Su principal acusador, el Buró Federal de Investigaciones (FBI), no pudo sostener su “evidencia científica” a partir de la cual lo acusó de haber estado en la casa de Guadalajara donde la versión oficial asegura que fue torturado y asesinado el agente de la DEA el 7 de febrero de 1985 a manos del Cártel de Guadalajara.

Las únicas “pruebas” que tuvieron el gobierno y la justicia de Estados Unidos en su contra fueron un cabello y dos declaraciones de testigos, uno de ellos colaborador de la CIA en México, implicada en el asesinato, según ha dicho el exjefe de la DEA encargado de la investigación, Héctor Berrellez.

El FBI aseguró que el cabello fue parte de las evidencias que recogió en la casa ubicada en la calle Lope de Vega 881, en Guadalajara, donde fue llevado Camarena tras sersecuestrado al salir del consulado estadunidense.

En la cacería que desató para dar con los supuestos asesinos, el gobierno estadunidense secuestró a René Verdugo en enero de 1986 en el poblado de San Felipe, en Mexicali. De ahí se lo llevó de forma clandestina a Estados Unidos, con el apoyo de cuatro policías estatales de Baja California que fueron pagados por la DEA y se quedaron a vivir en Estados Unidos bajo protección gubernamental, con otra identidad y beneficios para sus familias.

Un solo cabello fue la “evidencia científica” para que el FBI y el Departamento de Justicia persuadieran al gran jurado de responsabilizarlo como copartícipe en el homicidio de Camarena y para que la Corte Federal del Distrito Centro de California le dictara, en 1988, cuatro sentencias consecutivas de 60 años de prisión y una cadena perpetua. Verdugo tenía entonces 36 años.

Cuando ya había cumplido casi una década en prisión, el Departamento de Justicia, presionado por quejas que surgieron en todo el país por el trabajo del FBI, tuvo que hacer una investigación interna y encontró que examinadores de la Unidad de Cabellos y Fibras del Laboratorio del Buró habían mentido en muchas de las pruebas “científicas” que aportaron en cerca de 200 juicios para condenar a numerosas personas. Entre ellas, a los acusados del caso Camarena.

La falsedad del FBI se supo en 1997, pero el Departamento de Justicia se la dio a conocer a Verdugo hasta finales de 2014. Es decir, casi 29 años después de que fuera sacado clandestinamente de su país en violación del tratado de extradición entre México y Estados Unidos y del derecho internacional.

Tuvieron que pasar otros casi cuatro años de alegatos de la defensa de Verdugo para que saliera libre por el caso Camarena, aunque tuvo que declararse culpable de asociación para traficar mariguana a Estados Unidos, como parte de la estructura del Cártel de Guadalajara.

Las “evidencias científicas”

El 21 de diciembre pasado, el gobierno de Estados Unidos lo dejó en el puente internacional Caléxico-Mexicali, donde lo había cruzado clandestinamente 32 años y 11 meses y medio antes. A sus 68 años, imposibilitado de probar su salida de México, no figuraba ni siquiera en las bases de datos del Instituto Nacional de Migración, dice Verdugo en entrevista.

Su secuestro fue una operación clandestina de la DEA que sirvió de ensayo para el del doctor Humberto Álvarez Machaín, en Guadalajara en 1990, a quien la versión oficial del asesinato de Camarena acusó de haberlo mantenido vivo durante la tortura.

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