Nobel de leyenda: Bob Dylan, el poeta cantor
Revista Proceso|October 16, 2016
Nobel de leyenda: Bob Dylan, el poeta cantor

La decisión de la Academia Sueca por Robert Allen Zimmerman (Bob Dylan), tomó desprevenido al mundo literario, como cuando se otorgó el galardón al actor-dramaturgo Darío Fo en 1997. La muerte de éste, paradójicamente, sucedió el jueves 13, mismo día del anuncio del Nobel para el “El Poeta de Minnesota”, cuyos momentos centrales son recogidos en el siguiente repaso, mientras que en encuesta adjunta una veintena de músicos y poetas dan la bienvenida o cuestionan la decisión.

 

 
Roberto Ponce

Más allá de si la estrella de folk rock Bob Dylan merecía o no el Premio Nobel de Literatura 2016, las letras de sus canciones yes critos poéticos a lo largo de su carrera artística fueron motivo de elogios desde que se dio a conocer en los sesenta del “amor y paz”, reflejo de su misteriosa y elusiva personalidad.

Sin embargo, su música no siempre corrió con la misma suerte cuando quiso pasar de cancionero acústico a rockero eléctrico: El 25 julio de 1965 tocó en vivo con guitarra eléctrica con Paul Butterfield, intérprete de la armónica, y fue abucheado por un público que le gritó “¡vendido!” en el Festival Folk de Newport. Dylan se retiró con lagrimeos.

“No lloré, solamente me sentí desconcertado y probablemente estaba un poco borracho… Yo no entendía esas críticas… yo rompí esquemas metiendo nuevas imágenes y actitudes en el folk, utilicé frases y metáforas que evolucionaron para convertirse en algo que jamás se había escuchado.”

El 28 de agosto de ese mismo año, acompañado de The Band en el estadio de tenis de Forest Hills, California, algunos le espetaron los 90 minutos del concierto:

“¡Judas, traidor! ¿Por qué no trajiste a Ringo? ¡Toca música folk! ¡Basura! ¿Dónde dejaste a Dylan?”.

Se quejó con el baterista Levon Helm:

“¡Pinches beatniks! ¡Ojalá me hubiera chiflado todo el estadio lleno! Pero es buena publicidad y vamos a vender más boletos en la gira. ¡Que ladren todo lo que gusten!”

“El Poeta de Minnesota”

A partir de 1997, el poeta cantor Bob Dylan fue candidateado gracias a su colega de la generación Beat, Allen Ginsberg, quien tres meses antes de morir propuso su nombre a la Academia Sueca, vía del profesor de inglés y bellas artes Gordon Bell, del Instituto Militar de Virginia, el cual para comienzos de 1999 oficialmente lo postuló con apoyo de catedráticos afines.

Bell evocó que en 1923 dicho galardón lo habían dado los jueces Nobel al poeta irlandés W. B. Yeats, debido al “grandioso elemento de cantos que son comunes en la poesía norteamericana moderna”. ¿Acaso no el propio Yeats había declarado que el bengalí Rabinadrath Tagore, Nobel de Literatura 1913, “fue tan grandioso en la música como lo es en la poesía”?

Bell les recordó que dos años antes habían reconocido a un artista italiano cuyo trabajo “depende de ser escenificado para su completa realización”, el dramaturgo Darío Fo, fallecido este mismo 13 de octubre en que se anunció ganador a Dylan “por haber creado nuevas expresiones poéticas en el marco de la gran tradición musical americana”.

Al comenzar el siglo XX, el llamado Poeta de Minnesota (nacido el 24 de mayo de 1941 en la ciudad de Dulut), decidió bajar del Olimpo y se puso a redactar su tercer libro, Bob Dylan Chronicles, biografía de casi 300 páginas que salió el 12 de octubre de 2004 y cuyo primer tiraje de 250 mil ejemplares lo calificó la editora Simon & Schuster como “una obra extraordinaria, reveladora, novedosa y hermosamente escrita”. En ese volumen renegó de ser abanderado de la juventud en los sesenta, justificó su distanciamiento por acoso de los fans, al tiempo que manifestaba cómo la fama arruinó su creatividad, confirmando una verdad que su amiga, “madre y hermana protectora”, la activista Joan Baez, intuía en sus memorias And a Voice to Sing With:

“Bob, a veces pienso que perdiste contacto con la realidad durante aquella gira británica de la primavera de 1965…”

Veinte años después fue proclamado el primer artista estadunidense en conquistar el premio Príncipe de Asturias 2007 en el rubro de las Letras. Sus viejos fans lo coronaron de nueva cuenta con un halo sacrosanto que eludía al artista real, acusado por algunos de Dios machista e inalcanzable. Las razones del acta difundida por el jurado de 20 expertos hispanos otorgó el lauro a “Robert

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