Independencias
Revista Proceso|September 08, 2019
Independencias
Decimos “quemar las naves” cuando nos referimos a un acto de independencia que deja atrás los amarres con el pasado y se encamina a las playas del libre y, por ello, incierto futuro.
Fabrizio Mejía Madrid

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En realidad, Hernán Cortés no las incendió, sino que las hundió; hoy incluso un equipo de arqueólogos marinos sigue buscándolas. Pero el acto de rebelión de Cortés contra sus superiores, Diego Velázquez en Cuba, quien sólo le ha dado la tarea de sacar oro de las tierras mexicanas y no de establecerse en ellas, tiene un fundamento que hoy llamaríamos, por lo menos, autónomo. Como desertor de la carrera de leyes y escribano, Cortés funda su propia independencia del intermediario del rey de España con base en Las siete partidas de Alfonso X, El Sabio. Cortés realiza una elección entre sus hombres para legitimar su poder, de acuerdo a lo que establecen unas leyes escritas a mediados del siglo XIII, herederas castellanas del derecho Justiniano. Esa elección es la primera y le permite tener como alcaldes a su amigo Alonso Hernández Portocarrero –el primero en tener como pareja a Malinzin– y a Francisco de Montejo, quien traiciona a Diego Velázquez. Como nuevo oficial de justicia y capitán general, Cortés manda arrestar a sus cuatro opositores que insisten en que no existe una orden real para fundar la Villa Rica de la Veracruz. De esa elección emerge la ruptura con lo hecho durante 27 años por los españoles en el Caribe: servir sólo para extraer mercancías y aniquilar a los taínos.

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September 08, 2019